29 noviembre 2009

Muchas veces, el que escarba, lo que no quiere halla.-

Al final del post, está la compañera de esta foto:


Antes de nada mira el vídeo... obsérvalo todo lo que quieras y siempre tendrá el mismo efecto desconcertante... sí, todos los rombos son exactamente iguales, aunque tu cerebro se empeñe en enviarte información engañosa, (hay que fijarse en el color, no en el tamaño).

Lo que comunmente llamamos "ilusiones ópticas", no son en realidad más que fallos que comete nuestro cerebro al interpretar la realidad, (igual Zapatero es buen gobernante, pero nuestro cerebro nos engaña... vete a buscar).

En realidad los rombos no tienen un color uniforme, sino que son más claros en la parte superior y se van oscureciendo gradualmente hacia abajo.

Basta colocar un dedo en el medio de cada rombo para comprobarlo.

La presencia de los rombos blancos arriba, hace que los de la parte superior parezcan más oscuros de lo que son.



Los cuadros A y B parecen completamente diferentes, verdad??

Pues en realidad son del mismo color... mira aquí:



La explicación es parecida a la anterior... para apreciar las formas y el límite de los objetos, nuestro sistema visual realiza pequeños ajustes y tiende a ignorar los cambios graduales de luz... de este modo, la proximidad de un tono a otro hace que se confíe y que perciba los colores de un modo subjetivo... muy útil para nuestra supervivencia, pero definitivamente erróneo.

En lo que nuestro cerebro no se puede equivocar es en darse cuenta de que Clint Isbut, es el más grande entre los grandes:

Un monólogo... a quién le guste que busque la parte 2 y 3 en San Google:

Es antiguo este vídeo, pero jamás pasará de moda, no se que tendrá... a mi que se me aclaren... o la carretera es de los putos biciclistas o de los putos coches:

Qué malos son los maricones!!

Toscanini, director italiano (1.867-1.957) ha pasado a la historia por su "mala leche"... el humor sarcástico con que corregía las orquestas y el gran genio musical que poseía.

Mítico e irascible director de orquesta, tenía un oído fuera de lo común. Enérgico, inflexible, dominante, intransigente, perfeccionista, autocrítico, exacto y enemigo tanto de la mediocridad como de la rutina.

Se cuenta que podía diferenciar el sonido producido por cualquiera de los integrantes de la orquesta de 100 músicos o de una fila de 12 contrabajos... Usted!! El contrabajo número 7, escuche: es la bemol, me oye?? La bemol!! No es la natural!!

Dirigía de memoria, respetaba rigurosamente las partituras... músicos y cantantes le temían.

Basta escuchar su versión de la obertura de La forza del destino, para comprender que el drama adquiere su máxima expresión, dolorosamente patética a partir de dicha obertura:

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