06 febrero 2010

Cactus.-

"Si Dios eligiese una planta para representarle, yo creo que elegiría entre todas ellas el cactus. El cactus posee casi todas las bendiciones que Él intentó otorgar al hombre, casi siempre en vano. El cactus es humilde pero no sumiso.

Crece donde no es capaz de crecer ninguna otra planta. No se queja si el sol le quema en la espalda, ni si el viento lo arranca del acantilado o lo sepulta en la arena seca del desierto, ni sí está sediento.

Cuando llega la lluvia almacena agua para futuros tiempos difíciles. Florece lo mismo en el buen tiempo que en el malo.

Se guarda del peligro pero no hace daño a ninguna otra planta. Se adapta perfectamente casi a cualquier medio.

En Méjico hay un cactus que sólo florece una vez cada cien años y de noche.

Eso es santidad de un grado extraordinario, ¿no está usted de acuerdo?

El cactus tiene propiedades que le permiten curar las heridas de los hombres, y se extraen de él pociones que pueden hacer que un hombre toque el rostro de Dios o se asome a la boca del infierno.

Es la planta de la paciencia y de la soledad, del amor y de la locura, de la belleza y de la fealdad, de la dureza y de la suavidad.

¿No cree usted que de todas las plantas fue al cactus la que Dios hizo a su propia imagen?".

(Peekay, protagonista de "La potencia de uno", de Courtenay)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...