12 mayo 2010

El volcán islandés y la fragilidad humana.-

Por costumbre, los humanos seguimos empeñados en llamar tierra firme y cosas así a las inciertas balsas de roca tibia sobre las que vivimos, bamboleándonos a la deriva sobre un inmenso mar de magma ardiente.

Definitivamente... aún no nos hemos hecho a la idea de que la biosfera terrestre (el lugar donde alienta casi todo lo que somos, casi todo lo que amamos) es una estrechísima capa de moho raro y gases tenues sobre otra capa igualmente estrecha de piedra, alrededor de una esfera de lava ígnea en un rincón cualquiera del cosmos.

Existimos en una delgada, casi imperceptible lámina de realidad atrapada para siempre entre el fuego abrasador y el helor infinito.

Quizá por ello, nos alarmamos cuando estos pecios a la deriva topan y rascan y rasgan y pliegan entre sí, generando toda clase de fenómenos sísmicos y volcánicos.

Bueno... por eso y porque nos puede matar, claro.

Lo que llamamos vulcanismo (por el viejo dios Vulcano de los romanos, el herrero) es sin duda la manifestación más espectacular y temible de esta sencilla realidad.

Es la vulcanología, una rama de la geología, quien estudia las muchas maneras en que este magma candente bajo nuestros pies llega hasta la superficie infiltrándose por las costuras de nuestros precarios navíos pétreos o simplemente estallando a través de la cubierta.

Continentes enteros se han formado –y han desaparecido– así a lo largo de todas las eras terrestres.

Este es un planeta vivo, está caliente y se mueve.

Algunas zonas, generalmente a lo largo de las líneas de contacto entre estas gabarras terrosas que creemos sólidas como la roca, son de suyo proclives a ceder el paso a este magma infernal hacia la superficie.

Estas líneas se conocen como cinturones de fuego, por razones obvias.

A lo largo de estos cinturones de fuego la actividad volcánica y sísmica es constante, e intensa.

El más conocido es el del Pacífico, una interminable sima ardiente alrededor del más grande de nuestros océanos, entre las embarcaciones llamadas América y Eurasia.

Islandia se halla exactamente a caballo entre dos de estas brechas abismales: en la dorsal mesoatlántica.

De hecho, toda Islandia es un gigantesco volcán, que se ha ido elevando a fuerza de acumular lava durante los últimos veinte millones de años.

La autoría específica se debe a la denominada pluma islandesa, o punto caliente islandés.

Estos son lugares específicos donde la actividad es extremadamente elevada, y tiende a permanecer estable en el tiempo aunque las capas superficiales de corteza se muevan.

Esto da lugar a veces a curiosas trazas de volcanes que van emergiendo a lo largo de una línea aparente, aunque en realidad la pluma se ha mantenido estable y es la placa tectónica la que ha ido moviéndose sobre ella.

La erupción volcánica más gigantesca de la historia de la Tierra (al menos desde que la Tierra terminó de estabilizarse tras su formación) fueron las Trampas Siberianas, que bulleron desde gran profundidad hace unos 250 millones de años, aportando a Eurasia una masa equivalente a la de toda Europa Occidental.

Constituyen el origen de la inmensa riqueza mineral rusa del presente, y se las considera responsables del Gran Morir: la extinción supermasiva del Pérmico-Triásico, que acabó con el 90% de las especies vivas.

Les siguen de cerca las Trampas Decanas, en la India, hace unos 65 millones de años; no son pocos quienes opinan que le echaron también una manita importante al meteorito que acabó con los dinosaurios no aéreos por esas mismas fechas, durante la extinción masiva del Cretácico-Terciario.
Extensión de las Trampas Siberianas. Sí, todo eso fue un solo volcán una vez.

Pero estas trampas fluyeron lentamente a lo largo de mucho tiempo, lo que no se corresponde muy bien con nuestra idea infantil de un volcán de verdad: la montañita cónica que explota un buen día, según la dibujaría un niño.

Entre las erupciones explosivas más importantes de la historia terrestre se encuentran la caldera de La Garita, actualmente en el estado norteamericano de Colorado, que sufrió varias explosiones consecutivas a lo largo de un par de millones de años con una potencia explosiva total equivalente a cien mil veces la bomba Zar (el arma termonuclear más potente fabricada por la especie humana jamás).

Esto sucedió hace aproximadamente 27 millones de años.

No fue tampoco pequeña Toba, hace unos 70.000 años (cuando ya andábamos por aquí), a la que se supone causante directa de aquella vez en que no fuimos muchos más de mil.

En tiempos históricos tenemos Thera, que hirió de muerte a la civilización minoica y muchos creen en el origen de las leyendas sobre la Atlántida.

Y por supuesto el Tambora, en 1815, causante de la mayor hambruna del siglo XIX durante el año sin verano a través de un invierno volcánico muy similar a un pequeño invierno nuclear, pero sin radiación.

La famosa erupción del Vesubio que enterró las ciudades romanas de Pompeya y Herculano en el año 79 dC es sólo una más de los millares de volcanes que vienen explotando constantemente y seguirán haciéndolo durante miles de millones de años.

Comparándolo con todos estos, la reciente erupción del Eyjafjallajökull islandés que está provocando tantos problemas no es más que un suceso menor.

El Eyjafjallajökull.

Vamos, no es tan difícil de pronunciar: éyzfasleiguk, o algo así (sí, he estado un cuarto de hora hasta que lo he conseguido, qué pasa??).

Se trata de un estratovolcán justo encima de la pluma islandesa mencionada más arriba, que ha estallado un montón de veces... la última, en 1821.

Aquella vez mató a un montón de ganado local por envenenamiento con flúor.

Ya en diciembre del año pasado, los geólogos comprendían que el éyzfasleiguk estaba por la labor de armarla otra vez.

Nadie le dio mucha importancia: en Islandia, uno u otro volcán está constantemente reventando, a punto de reventar o recién reventado.

El caso es que desde 2006 a 2009 se habían detectado unos 250 terremotos entre 8 y 12 km de profundidad (menos que el de Haití), y en febrero los monitores GPS dispuestos en el área observaron desplazamiento de tierra de tres centímetros en dirección sur, con un rápido corrimiento de un centímetro en un solo día: indicadores claros de que grandes cantidades de magma estaban fluyendo por el subsuelo.

Aquello es una zona despoblada e inhóspita, y nadie vio la primera erupción.

Se cree que se produjo el 20 de marzo, entre las 10:30 y las 11:30 UTC.

Las autoridades evacuaron a unas 500 familias de granjeros situadas en las proximidades, sobre todo por el riesgo de inundaciones instantáneas (aquello son glaciares), y cerraron los aeropuertos de Reikyavik y Keflavik... los reabrirían poco después.

Con lo tocada que está la economía islandesa a consecuencia de la crisis financiera global, los emprendedores locales rápidamente pusieron en marcha una campaña de turismo volcánico, con visitas guiadas, webcams (cam1, cam2, cam3) y toda la pesca.

Se estimó que la fisura tiene unos 500 metros de longitud, con 10 o 12 cráteres en erupción, que emiten lava basáltica bastante densa a unos 1.000 ºC.

Esta viscosidad hace que la lava avance lentamente, en dirección noreste.

El 31 de marzo se abría una segunda fisura, 200 metros al norte.

Los geofísicos afirman que ambas fisuras comparten la misma cámara magmática, es decir, que se trata de un único volcán.

Y no es un volcán muy importante: tan solo uno más, cuyo interés difícilmente sobrepasa el ámbito de la geología y las ciencias planetarias.

Durante los siguientes días, la erupción fue remitiendo hasta convertirse en un lento río de lava que fluía poquito a poco.

El 14 de abril se produjo una nueva erupción explosiva del éyzfasleiguk, en el centro del glaciar... cosa frecuente en esta clase de volcanes, y de hecho esperada.

Las autoridades evacuaron esta vez a 800 habitantes locales, y de nuevo no parecía que pasase nada digno de recordar.

Sin embargo, esta segunda erupción reventó debajo del hielo glaciar, en vez de al aire libre como la primera.

Y fue más potente: unas veinte veces más.

El glaciar empezó a fundirse por el enorme calor, el agua cayó a chorros dentro del volcán y se puso a enfriar rápidamente la lava y, muy especialmente, la ceniza.

Este enfriamiento rápido produce un fenómeno de cristalización de la ceniza caliente, que a continuación es propulsada a la alta atmósfera por la propia erupción. Entonces fue cuando las alertas empezaron a dispararse, y el mundo entero empezó a mirar hacia este olvidado volcán.

Pues se da la circunstancia de que esta ceniza cristalizada es muy peligrosa para la aviación.

Se trata de un polvo abrasivo, finísimo y muy ligero, que se cuela por todos los rincones y destroza rápidamente por limado los mecanismos en marcha; de manera notable, las complejas etapas de admisión y compresión de los motores a reacción girando a miles de revoluciones por minuto.

Cuando la toma de aire de un reactor absorbe cantidades significativas de esta ceniza abrasiva, se filtra por todos los mecanismos y se deposita en las turbinas y compresores.

Entonces éstos se convierten en una especie de torno de fresado que se fresa a sí mismo rotando a gran velocidad, deteriorando rápidamente los sofisticados sistemas e incrementando la temperatura hasta el punto de ignición y fundido.

Además, obtura las intrincadas redes de inyectores para la cámara de combustión, y contamina la reacción.

Y adicionalmente, el grano este tiende a fundirse y recristalizarse en torno a los mecanismos, bloqueándolos y gripándolos.

En pocos minutos, el motor está destrozado por completo y, seguramente, en llamas.

Otros muchos sistemas del avión dependientes del aire exterior resultan afectados también.

En suma: el vuelo por dentro de una nube de esta ceniza abrasiva constituye un riesgo cierto, y muy notorio, de perder los motores, perder los generadores eléctricos, perder la sensorización barométrica y acabar hechos pedazos en medio del mar.

Se da la circunstancia de que Islandia está justo en medio del Océano Atlántico, a mitad camino entre Europa y Norteamérica.

Los vientos dominantes a esta latitud son los del oeste, que empujan la ceniza hacia Europa.

Pero por esta zona los vientos también rotan en célula de Hadley, en el sentido de las agujas del reloj, para convertirse en los alisios ecuatoriales: los vientos que hincharon las velas de los exploradores y comerciantes desde tiempo inmemorial.

A efectos prácticos, la ceniza abrasiva del éyzfasleiguk se extiende como una mancha de aceite hacia oriente y hacia el sur, desde ras del suelo hasta la alta estratosfera.

Hace mucho que viajeros y mercaderes ya no atraviesan los mares empujados viento en popa por sus velas.

Pero sus descendientes, los grandes jetliners que surcan orgullosamente esos mismos cielos propulsados con poderosos motores a reacción, son tan dependientes del aire en esas regiones como lo fueron Cristóbal Colón, Vasco de Gama o la Flota de las Indias.

Más todavía: a estos marinos les habría dado igual si el viento soplaba un poco sucio y les manchaba las velas, pero a los navegantes del cielo no les da igual si sus reactores se transforman en un amasijo destrozado e incendiado de metal pulido.

Hablamos de la ruta comercial más densa e importante del mundo: la que une Europa y Norteamérica. Al sur de Islandia se extienden las aerorrutas intercontinentales NAT por donde circulan día y noche cientos y miles de aviones con millones de pasajeros y cientos de miles de millones de euros en valiosísimas mercancías.

Hacia oriente, Europa: la muy rica, muy avanzada, muy superpoblada Europa, dependiente de una densísima trama de tráfico aéreo para su prosperidad y normal funcionamiento.

Y los aviones no deben, no pueden volar por ese aire tenue impregnado con la ceniza abrasiva del Eyjafjallajökull.

Por supuesto, hay soluciones: buscar rutas alternativas menos contaminadas, trabajar a altitudes más limpias, optar por otros medios de transporte o simplemente esperar a que pase lo peor.

El problema es que todas estas soluciones son carísimas, antieconómicas e imprácticas.

Todo el sistema de comercio aéreo global está concebido para ser rentable sobre unas rutas determinadas con unas características determinadas; y esa concepción lo determina todo, desde las decisiones de compra de este u otro tipo de avión, hasta el precio del combustible aeronáutico o el modelo de negocio de los transportistas, sus proveedores y sus clientes: todos nosotros, en último término.

La erupción del Eyjafjallajökull es, sobre todo, un desastre económico en unos tiempos en que no estamos para muchas tonterías con el dinero.

No se puede saber cuándo remitirá el fenómeno: puede costarle días o años.

Parece razonable suponer que el agua del glaciar que se encuentra en posición de cristalizar la ceniza se agotará más pronto que tarde, y entonces pasaremos a tener nubes de ceniza volcánica común que siguen siendo molestas y peligrosas, pero no tanto ni a tanta distancia.

Por otra parte, en cualquier momento podría producirse una nueva erupción en zona glaciar que ponga el fenómeno en marcha otra vez, con mayor intensidad.

El Eyjafjallajökull está activo, está en erupción y no se va a parar porque al moho que camina sobre dos patas le parezca bien.

En realidad, no existe nada a escala humana que pueda parar un volcán de cierto calibre.

Tampoco es obvia la manera de proteger a los aviones para que puedan volar a través de esta ceniza, y mucho menos la manera de implementarlo en miles de aeronaves si se encontrara algún arreglo (sin duda, igualmente costoso).

Erupciones anteriores del Eyjafjallajökull han durado en torno a dos años, aunque la actividad principal se daba en fases de pocos días, por si sirve como un intento de predicción sobre lo que va a ocurrir a partir de ahora.

Por otra parte, si dura tanto es posible que provoque un cierto efecto de enfriamiento planetario por invierno volcánico, lo que no nos vendría nada mal frente al calentamiento global; el que no se consuela, es porque no quiere.

Se dice que esta es la semana en que Europa retrocedió noventa años, antes de que hubiera aviación comercial, y en cierta medida es verdad.

Por un lado estamos inconcebiblemente mejor equipados para enfrentarnos a esta situación (pagando mucho dinero), pero por otro ya nos habíamos desadaptado a un mundo en que el tráfico aéreo no estaba garantizado y normalizado.

Desde hace más de medio siglo, nuestra economía y nuestro modo de vida depende de la existencia de rutas aéreas económicas y seguras mucho más de lo que imaginamos.

Si la erupción se extiende en el tiempo, nos va a costar readaptarnos.

Nos va a costar mucho dinero, quiero decir. A todos.

El ser humano no es tan frágil.

Sobrevivimos al Tambora, y a Toba, y a Thera, y con el Eyjafjallajökull ni siquiera nos vamos a sentir en peligro en ningún momento.

Lo que es frágil es nuestra dependencia de las infraestructuras enormemente sofisticadas que mantienen nuestra prosperidad y nuestro modo de vida, de las que casi nunca somos conscientes.

No hace mucho conté en este blog cómo una guerra moderna podría causar decenas de millones de muertos y miseria incontable para miles de millones más sin necesidad de arrojar una sola bomba sobre la gente, por el sencillo procedimiento de cortarnos la luz.

Esto no se parece ni de lejos a eso, pero a menos que el viejo dios Vulcano sea misericordioso, terminará ocasionando más empobrecimiento y desempleo del que estamos padeciendo ya.

Como les ocurrió a los antiguos, la mayor parte de la gente ni siquiera será consciente de la causa y sólo lo percibirán a través de sus experiencias personales... aunque si el Eyjafjallajökull no cesa, o cuando ocurra cualquier otro en el futuro, será tan real como la depresión económica que azotó a las comarcas alrededor del Vesubio desde tiempos romanos hasta casi nuestros días.

Posts como estos, os hacen amortizar el adsl a telefónica.
..

8 comentarios:

  1. No tengo ningún inconveniente en que me reproduzcan los posts, pero sería apropiado un enlace al original, ¿no te parece? :-)

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  2. Que poca vergüenza copiar tan descaradamente el articulo de otro sin citarlo siquiera.

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  3. Es muy fuerte lo que pasa aquí!!

    Yuri ataca!!

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  4. (No dejan a una copiar tranquila...)

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  5. Vaya, a otro que le roban ancho de banda.

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  6. Vaya morro, colega. Fusilar un post entero que se curra con esfuerzo otra persona sin decir que no es tuyo.

    Anda que como todo lo tuyo sea así de original, qué pena...

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  7. La culpa es de ZP

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  8. ¿Desde Mayo no has tenido tiempo para postear que el articulo es del blog "la pizarra de Yuri" y seguir manteniendolo como tuyo?.

    Poquita vergüenza lo tuyo.

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