13 julio 2010

El pulpo es inteligente.-

Su estirpe y la nuestra se separaron cuando aún no había plantas en la tierra; y de eso hace mucho... una barbaridad de tiempo.

Desde nuestro punto de vista como tetrápodos terrestres, mamíferos y primates, resulta difícil concebir un bicho más extraño, más ajeno.

Y sin embargo estamos ante un primo lejano asombroso, el más inteligente de los invertebrados, tanto que algunos países lo protegen como vertebrado honorífico.

Porque esos inquietantes tentáculos son capaces de manejar herramientas.

Porque esos ojos neutros, un poco pasotas y casi alienígenas, ven como los nuestros.

Porque tras ellos se esconde una mente capaz de resolver problemas complejos.

Una mente que recuerda y aprende y (según algunos) sufre y disfruta.

Es el pulpo, ese que se apellida á feira, pero que ya estaba aquí mucho antes de que llegáramos nosotros y seguramente seguirá aquí cuando ya nos hayamos ido. O nos estemos yendo.

Los pulpos son moluscos, como el mejillón.

Un individuo vive entre seis meses y cinco años, según especies, y puede oscilar desde unos pocos centímetros de longitud hasta los más de seis metros del Pulpo Gigante del Pacífico Norte.
Algunas primas sepias, que comparten buena parte de sus características, pueden llegar a los 13 o incluso 14 metros.

Para reproducirse, los machos introducen bajo el manto de la hembra un brazo a modo de pene llamado hectocotylus (que además es desprendible y regenerable), lo que seguramente inspiró a muchos mangaka japoneses.

Este brazo especializado deposita paquetes de esperma dentro de la hembra, con lo que ésta fecundará varios cientos de miles de huevos.

Las hembras están genéticamente programadas para morir poco después de reproducirse, y los machos tampoco duran mucho tras el apareamiento.

Las crías, en forma de larva, se pasan un tiempo a la deriva entre nubes de plancton antes de descender al fondo oceánico para desarrollarse y comenzar el ciclo de la vida otra vez.

Al igual que nosotros... los pulpos tienen ADN, son pluricelulares, presentan simetría bilateral, poseen tejidos verdaderos y su embrión se forma a partir de una triple capa germinal.

Ahí termina toda la similitud (que tampoco está mal...).

Nosotros somos cordados, vertebrados, craneados y con un único encéfalo; mientras que en ellos el sistema nervioso central está repartido por todo el cuerpo, con un cerebro distribuido entre un órgano poco mayor que el de un pez de peso equivalente y los nervios principales de sus ocho brazos (donde se encuentran las dos terceras partes de sus neuronas).

Nosotros somos gnatóstomos sarcopterigios tetrápodos, o sea que tenemos mandíbula independiente y aletas carnosas que con el tiempo terminaron convirtiéndose en cuatro miembros; ellos son cefalópodos, tienen una especie de pico en vez de mandíbula y el concepto "aletas" es ajeno a su plan morfológico.

Nosotros tenemos un corazón y ellos tres.

Nuestra sangre es roja por la hemoglobina en los hematíes, mientras que la suya es azul por la hemocianina en el plasma (más eficiente para transportar oxígeno en condiciones frías y con baja presencia de oxígeno).

No usan saco amniótico ni placenta, no dan de mamar a sus crías, no nada.

Y sin embargo... en ellos se manifiestan llamativos fenómenos de convergencia evolutiva: casos donde determinados órganos evolucionan de manera independiente en organismos muy alejados entre sí.

Uno de ellos es la presencia de dos grandes ojos no compuestos y provistos de lente única, como los nuestros.

Mucho como los nuestros, aunque no del todo: los ojos humanos son bastante más imperfectos e innecesariamente complicados en su distribución.

Con un sistema más eficaz y sencillo, los pulpos ven mejor que nosotros: no sólo detectan con agudeza objetos perfectamente enfocados (algunas especies ven en color, aunque la mayoría no), sino que también pueden distinguir el ángulo de polarización de la luz y no tienen ningún punto ciego en su retina.

Esto de distinguir el ángulo de polarización de la luz (completamente invisible para los humanos) es muy útil para distinguir presas y depredadores bajo el agua... pero además, constituye un canal secreto de comunicaciones en combinación con su capacidad para cambiar de color.

Esta es otra característica extraordinaria de los pulpos: pueden cambiar de color y aspecto cutáneo general con una rapidez asombrosa, bien para ocultarse o para intimidar.

Si lo comparamos con un camaleón, por ejemplo, el pulpo lo hace mucho más rápido y con una variedad de colores y formas mucho mayor.

Para ello dispone de un montón de células cutáneas especializadas, llamadas cromatóforos.

En el caso de los cefalópodos, estos cromatóforos pueden producir patrones de luz polarizada en ángulos precisos, lo que sólo puede ser captado con un ojo capaz de distinguir esta propiedad.

Nosotros no podemos hacerlo sin instrumentos tecnológicos, pero ellos sí, lo que podría constituir un canal efectivo de comunicaciones camufladas con otros individuos de la misma especie.


Los pulpos también son capaces de perder brazos y regenerarlos.


Esto les dota de otro mecanismo defensivo, porque pueden practicar autotomía: amputarse uno de los brazos, que sigue moviéndose autónomamente para atraer a los depredadores mientras ellos huyen.

Y durante esta huída, claro, emplearán su tinta para ocultarse.

Algunos de ellos, como el pulpo imitador, pueden hacer algo aún más sofisticado: aprovechan su enorme control muscular y la volubilidad de su cuerpo invertebrado para adquirir la forma de depredadores mucho más peligrosos, asustando así a sus posibles cazadores.

Otros, como el pulpo de anillos azules, son además extremadamente venenosos y lo avisan mediante sus brillantes espectáculos de color, en un modo de disuasión biológica.

Algo así como compi, estoy empapado de tetradotoxina y otras cositas por el estilo, así que mejor si no nos hacemos pupa.

Vamos... que los pulpos son mucho más que un mero manjar con patatitas, pimentón, sal gruesa y un chorrito de aceite de oliva.

Estamos ante unos animales complejos y extraordinariamente sofisticados, perfectamente adaptados para la supervivencia de modos asombrosos, que no han necesitado adaptarse gran cosa en los últimos 95 millones de años.

Y también estamos ante la inteligencia más avanzada de todo lo que no respira aire en este planeta.

Una clase de inteligencia distinta, extraña, que a veces es capaz de poner los pelos de punta e invitarnos a soñar. O a tener pesadillas.

Todos estos brazos (se llaman brazos y no tentáculos; los tentáculos son otra cosa) con sus miles de músculos, ventosas, cromatóforos y sensores más el par de ojos casi-humanos y los comportamientos sofisticados exigen mucho sistema nervioso para su control y aprovechamiento.

Por ello, no es extraño que los cefalópodos se hayan convertido en el más inteligente de los invertebrados.

Tienen lo que hay que tener para conseguirlo: un gran número de neuronas y otras células nerviosas especializadas densamente interconectadas entre sí con funciones muy diversas.

Casi todos los cefalópodos, además, son depredadores; hace falta una inteligencia bastante desarrollada para salir de caza como lo hacen ellos.

Una de las primeras cosas que llaman la atención al observar un pulpo es su destreza.

Mueve esos ocho brazos suyos (y el resto de su cuerpo) con una habilidad y rapidez excepcionales.

Lo más curioso es que no tiene estereognosis y presenta una percepción de los movimientos de su propio cuerpo muy baja a pesar de sus excelentes sensores táctiles, por lo que utiliza la vista para controlar y calibrar permanentemente sus posiciones.

Es cosa sabida que escapan con facilidad de cualquier acuario que no esté herméticamente cerrado, a veces ocasionando algún desastre, pero es que también son capaces de realizar acciones complejas que no se dan en casi ninguna otra parte del reino animal.

Por ejemplo, abrir un frasco con cierre de rosca, botellas y toda clase de contenedores si encuentran apetitoso lo que hay dentro.


Ya hemos mencionado sus habilidades cazadoras, que en algunas especies de cefalópodos implican complejos comportamientos grupales (aunque en general son más bien animales solitarios).


Y su capacidad de comunicación mediante cambios de color, que en un tipo de sepia (un animal estrechamente relacionado) se evidencia capaz de transmitir dos mensajes distintos a dos individuos diferentes.

Todo esto nos habla de una clara habilidad para resolver problemas complejos, que es quizá la manifestación más indisputable de la inteligencia.

Y para ello, son capaces de manipular herramientas. Por ejemplo, aquí vemos a un pulpo venoso utilizando un coco como escudo y refugio:



Los pulpos son también capaces de aprender por condicionamiento clásico y poseen unas habilidades extraordinarias en memoria espacial y en navegación.

Lo cierto es que la inteligencia cefalópoda está todavía muy poco estudiada, por tratarse de una disciplina relativamente nueva y porque los presupuestos asignados al respecto no han sido gran cosa.




Aquí barajan la posibilidad de un descendiente de los cefalópodos actuales como nueva especie inteligente.


Ya no vuelvo a comer pulpo... antes me como a un "nini", que tiene menos neuronas y no ayuda a la evolución de la especie.

2 comentarios:

  1. Y tanto que son inteligentes, por eso el pulpo más famoso del mundo hace alarde de ello y ficha por el Betis.

    http://www.as.com/futbol/articulo/consejero-betis-ofrecera-40000-euros/dasftb/20100711dasdasftb_14/Tes

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  2. Jajaja que patético, escribe algo por tí mismo en vez de copiarlo todo de un blog de Público!

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