02 julio 2010

Hitler el grande.-

David Irving y sus declaraciones sobre Hitler:

- Hitler se convirtió en un dirigente más o menos político, descuidado e indeciso, que dejaba paralizados muchos asuntos de estado. Aunque a menudo se mostraba brutal e insensible, no tenía la habilidad de ser despiadado cuando más falta hacía. Se negó a bombardear Londres hasta que Churchill le forzó a tomar esa decisión a finales de agosto de 1940.


- Se opuso a todos los intentos de utilización de gases venenosos porque habría violado la Convención de Ginebra.

- El mayor problema que nos plantea dar un tratamiento analítico a la figura de Hitler, es la aversión que nos produce después de muchos años de propaganda bélica... y después de toda la emotiva historiografía de la posguerra.

- Ante el fenómeno del mismo Hitler, los historiadores son incapaces de comprender que era una persona normal y corriente, que daba paseos, que hablaba, que pesaba alrededor de setenta kilos, que tenía el cabello entrecano, casi todos los dientes postizos, y que sufría graves problemas digestivos. Para ellos Hitler es la encarnación del demonio... y así tiene que ser, sobre todo, por los sacrificios que tuvimos que hacer para destruirle.

- Al final, con una Alemania sumida de nuevo en la derrota, sus enemigos tuvieron que recurrir a unos métodos punitivos totalmente draconianos, como juicios masivos, confiscaciones, expropiaciones, internamientos y programas de reeducación, para poder arrancar las semillas que Hitler había sembrado.

- La gran complejidad del carácter de Hitler queda de relieve al comparar su extremada brutalidad, en algunos aspectos, con su casi ridículo sentimentalismo y su tozuda fidelidad a convencionalismos militares abandonados largo tiempo atrás, en otros aspectos.

- Sin Hitler, pocos eran los militares integrantes que hubieran pasado del grado de coronel, y le debían sus puestos, sus medallas, sus fincas, sus ingresos. A menudo, incluso le debían también sus victorias militares.

- Por lo general, esta táctica comportaba calificar de "loco" a Hitler, a pesar de que los médicos especialistas que le trataron afirman unánimemente que, clínicamente hablando, fue absolutamente cuerdo hasta el final.

- Hitler era el jefe de Estado y... por tanto, el responsable de lo que pasaba. Pero uno puede ser responsable y a la vez ignorante. Y Hitler era un hombre simple al que engañaban constantemente sus subordinados.

- ¿Hitler el grande? No. La historia contemporánea jamás aceptará semejante epíteto.

Aunque para Hitler... no son necesarios adjetivos detrás de su nombre... todos lo conocen... y es sólo cuestión de tiempo que conozcan también la verdad.

Antes de tomar una decisión en algún tema fundamental, solía escuchar atentamente a los entendidos y luego decidía él.

Recuerdo un par de escenas de la película "El gran dictador", de Chaplin, donde se ridiculiza este proceso.

Por ejemplo: cuando en la reunión con Mussolini, discuten entre firmar el acuerdo y luego retirar las tropas o al revés, hasta que Goebbles le dice al oído que dé la razón a Mussolini y después haga lo qué quería en un principio; inmediatamente, con la obediencia de un niño, Hitler se acerca a Mussolini y hace exactamente eso.

La otra que recuerdo es cuando Goebells y él planifican la entrada de Mussolini al despacho de Hitler, pero Mussolini entra por otro lado y todo sale al revés...

Todo esto pretende mostrarlo como un títere, un conductor-conducido, una figura de cuya oratoria se aprovecharon para llegar al poder, sin embargo, con esto se muestra (en todo caso) lo imperfecto del sistema democrático, pues se está afirmando que la democracia permite la manipulación de las masas.

Y ni que hablar de cómo deliberadamente se olvidan las grandes obras de Hitler.

No sólo las carreteras, sino el estadio y todos aquellos proyectos que no llegaron a realizarse y cuya realidad fue puesta en duda hasta que un equipo de científicos demostró que eran perfectamente posibles.

Hoy día se sigue la tradición de encender el fuego olímpico en Grecia y llevarlo a pie hasta el lugar donde se desarrollen, sin embargo, pocos saben que esta tradición fue retomada por Hitler y mantenida hasta nuestros días.

Siempre veía con desconfianza lo que salían en las películas bélicas norteamericanas, en la que nos trataban de hacer creer que los alemanes eran unos salvajes, bobos y alienados y que los soldados aliados entre combate y combate se iban a bailar con las lugareñas y eran guapos, simpáticos y listos.

Aquello me sonaba a chufla, pensaba que ni los alemanes serían tan salvajes ni tan tontos ni los aliados tan maravillosos.

También hay libros de esos que van sobre campos de concentración que dicen tantas animaladas, tantas burradas, que el libro de Bartolomé de las Casas de la Breve relación de la destrucción de las Indias se quedaba en un cuento para bebés.

Se ha cometido y se sigue cometiendo una injusticia brutal con este hombre y con su pueblo.

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