16 julio 2010

Testimonio de un legionario.-


Escribe un legionario (en activo ), desde el Tercio Gran Capitán, 1º de La Legión.


Estimados amigos:

Me dirijo a vosotros, en nombre de mis camaradas, para que os hagáis eco de una noticia y, al menos con su difusión, nos echéis una mano a los legionarios que servimos en Melilla y que sufrimos impotentes el agravio político-institucional

Unos, como mandos militares de otras unidades: que se sepa la verdad. Otros, como periodistas: que se sepa la verdad. 

Nos quieren quitar la estatua del Comandante Franco que hay en nuestra casa, el Acuartelamiento Millán-Astray, en Melilla.

El oficial distinguido y héroe de la guerra de África que, con el grado de General y luego de Generalísimo tanto ofendió a los masones y a los bolcheviques en nuestra guerra civil y luego instauró aquella dictadura que, a ratos... desagradó a otros muchos a izquierdas y derechas (y sus zonas transversales)...

Y aunque, algunos, también defendamos la memoria de aquel general, del que se trata aquí es de nuestro comandante.

El Comandante Franco da nombre a la única Bandera que queda en pie en nuestro malogrado Tercio. 

A la sombra de esa estatua, elevada con rocas colocadas una a una por los legionarios, muchos reemplazos se han fotografiado orgullosos de pertenecer a nuestra familia en este glorioso Tercio.

La estatua es nuestra, como nuestras son las armas de La Legión y las palabras eternas, cariñosas, severas y aleccionadoras que nos dedicó nuestro fundador, el General Millán-Astray.

Nosotros no sabemos de política. 

Sabemos sólo que nuestras tradiciones y nuestros muertos justifican, más que la paga, los sufrimientos pasados y que habremos de pasar por España y sus intereses, aquí, en Asia y donde haga falta. 

Y el Comandante Franco, que representa esa estatua, es uno de los nuestros.

El próximo sábado 26 de Junio vendrán unos militares de alta graduación y bajos principios a hacer el trabajo sucio de los políticos nihilistas. 

Y habremos de abrirles las puertas de nuestra casa para que nos la vengan a profanar. 

Y nosotros habremos de formar marciales, el que aún sepa lo que es eso, y desfilar ante ellos para honrar su vileza y traición. 

Y... entre bostezo y bostezo, mientras miran el reloj, algunos apretaremos los dientes y el lobo nos morderá de verdad el corazón mientras, hipócritamente, cantamos el Novio de La Muerte.

¿Dónde ha quedado el Espíritu de Unión y Socorro? En el baúl de los recuerdos... al menos así es aquí, en La Legión de Melilla

Pero vosotros sois libres, al menos algunos, de la decadencia, de la nómina, de la ineptitud con poderes, y de los superiores así que a vosotros sí que se os puede pedir socorro, como hasta hace poco se pedía entre camaradas legionarios...y como, hasta hace poco, se pedía a La Legión. 

Así pues, ahora somos nosotros los que acudimos a vosotros:

¡A LA LEGIÓN, ESPAÑA!

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