20 noviembre 2010

Hitler y las mujeres.-

Hitler no era el típico lider de una nación.

En privado era humilde y no le importaba ir a visitar a sus amigos a sus casas en vez de recibirlos en la cancillería o en su refugio alpino.

Así pues... visitó la casa de Leni Rienfstahl en varias ocasiones. A mi me gusta mucho observar a Hitler en actitud íntima, con sus conversaciones banales.

La siguiente escena la podemos leer como una entrevista a Hitler. Resulta muy reveladora de cómo fue Hitler. ¿Quién dijo que Hitler era un hombre reservado? Reproduzco una de estas visitas en boca de Leni:

"En el vestíbulo saludé a Hitler y a su acompañante, Albert Bormann, hermano de Martin Bormann... antes de entrar en la sala de estar, Hitler pidió a su acompañante que le esperase y mi doncella le condujo al bar rústico que se encontraba en el sótano. Entre tanto, Hitler fue conmigo a la espaciosa habitación que era al mismo tiempo sala de proyección.... Hitler parecía estar de excelente humor. Admiró la casa, el jardín, y sobre todo, la instalación interior, lo que me sorprendió un poco, porque tenía un estilo completamente diferente al de sus propias habitaciones.

- ¿Desea usted tomar cafe o te? le pregunté con cierta timidez.

- Haciendo una excepción, voy a tomar té, pero flojo, porque debo tener cuidado con mi estómago.

Helene había preparado en el jardín, bajo la pérgola cubierta, una mesa de té adornada con flores y sirvió orgullosa la tarta de manzanas hecha por ella misma.

- Raramente sucede (dijo Hitler) que pueda tomarme tiempo y pueda ser durante unas horas una persona privada. Ya se que también es usted muy activa, y apenas puede tener vida privada. Creo (continuó) que usted, lo mismo que yo, trabaja demasiado. Debería cuidarse más.

- Las personas como usted (dijo Hitler) están casi siempre solas. No lo tendrá usted fácil.

- Usted, para ser mujer, es extraordinariamente activa y dinámica. Esto actúa como un reto para muchos hombres y le crea a usted enemigos. También desaprobarán muchos los éxitos de usted y no sólo hombres. Probablemente sabe que incluso a mí me resulta difícil hacerle fácil su trabajo.

- Ya sabe cuánto la admiro y respeto, y es para mi una alegría estar en su compañía, pero desgraciadamente mis obligaciones no me permiten concederme este placer más a menudo.

- ¿Y su vida privada?

- Desde que decidí ser político, renuncié a mi vida privada.

- ¿Le ha resultado difícil?

- Muy difícil (respondió Hitler) especialmente si me encuentro con mujeres bellas que me gusta tener a mi alrededor. Pero no soy el tipo que encuentra placer en las aventuras triviales. ¿Cómo podría compaginar esto con mis obligaciones para con Alemania? ¡Cuánto habría de decepcionar a cualquier mujer, aun cuando la amara!

- Tengo la intención de crear una Alemania fuerte e independiente, un baluarte contra el comunismo, y esto sólo es posible mientras dure mi vida. Después de mi, no vendrá nadie que pueda hacerlo.

- ¿De dónde saca usted esa convicción?

- Es una vocación que percibo dentro de mí todos los días, una combulsión interna que me hace obrar así y no de otra manera...

- ¿Ha sido usted siempre vegetariano?

Dijo que no, y me contó vacilante que, después de un grave shock, nunca más había podido comer carne. Me arrepentí de mi pregunta, pero Hitler continuó diciendo:

- A Geli, la quise demasiado. Creí que ya no podría seguir viviendo sin ella. Cuando la perdí, estuve días sin comer, desde entonces se me revuelve el estómago cuando veo carne, de la clase que sea.

- ¿Era Geli su primer amor?

Hitler se puso a hablar de mujeres a las que había amado antes de Geli:

- Mis asuntos amorosos (dijo) fueron casi siempre desafortunados. Las mujeres estaban casadas o querían casarse.

Yo no mencioné el nombre de Eva Braun. Pero él dijo que siempre le molestaba que algunas mujeres amenazaran con suicidarse para atarle. Sólo habría podido casarse con Geli. Le pregunté si le gustaba la linda inglesa Unity Mitford que, como sabía todo el mundo, estaba tan enamorada de él. Su respuesta me dejó sin habla:

- Esta muchacha es muy atractiva, pero yo no podría tener nunca una relación íntima con una extranjera, por hermosa que fuera. Mis sentimientos son tan nacionales, que sólo podría amar a una alemana (dijo, y añadió divertido): ya veo que usted no lo comprende. Por lo demás para un matrimonio sería yo absolutamente inepto, porque no podría ser fiel. Entiendo a los grandes hombres que tienen una querida...

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