06 noviembre 2010

Todo por el éxito.-

Que gran película esta: Glengarry Glen Ross... Éxito a cualquier precio (1992).

Se trata de una película de diálogos, muy psicológica, cuyo principal handicap es ser la rígida adaptación a la gran pantalla de una obra de teatro. 



El teatro y el cine son dos lenguajes muy distintos, yo diría que opuestos... por lo que el resultado chirría por todas partes a pesar de la soberbia interpretación de los actores.

La pobreza de escenarios (el guión tampoco da para más) y una puesta en escena esquemática y tramoyera son los peores defectos de esta producción dirigida por James Foley con un guión escrito por el propio autor del drama teatral.

Lo mejor de la película es sin duda lo bien que refleja el mundillo de una agencia inmobiliaria sin escrúpulos en los pujantes años noventa... el ambiente de tensión y desesperación de sus empleados, los mecanismos inmorales de “motivación” del personal, la competitividad inhumana y hasta enfermiza... y las técnicas más agresivas de venta telefónica y a domicilio.

La película obliga a reflexionar sobre muchas empresas actuales que conservan estos métodos sectarios, incluso en nuestro país.

Todos sufrimos de vez en cuando llamadas por teléfono o visitas a “puerta fría” en las que nos enredan, no nos dejan hablar, nos replican con descaro cuando decimos no estar interesados... nos presionan a decidir rápidamente so pena de perder la oferta o disfrazan los intentos de venta como supuestos premios que nos han tocado y por los que hay que pagar ciertos "gastos de tramitación".

En estas prácticas siempre hay una triple inmoralidad:

Inmoralidad del empresario que se aprovecha de la necesidad imperiosa de trabajo de muchos jóvenes, sometiéndolos a una especie de esclavismo en el que a cambio de cuatro duros deben ser capaces de vender hasta a su madre. En la película... por ejemplo, se aprecia como uno de los vendedores tiene que hacer lo que sea para ganar dinero por tener a una hija hospitalizada.

Inmoralidad de los propios empleados que aceptan engañar y manipular cruelmente a la gente a cambio de dinero, por mucha necesidad que tengan (en algunos casos estos sistemas de venta podrían equipararse al robo o a la estafa).

E inmoralidad de unos y otros por cuanto estas técnicas van expresamente dirigidas a los sectores más vulnerables e indefensos de la población, especialmente a las personas mayores, que a veces están solas y desatendidas o no entienden lo que les dicen, por lo que resultan víctimas fáciles de cualquier engaño.

Según un reciente estudio de las asociaciones españolas de consumidores... más de un 20% de estas ventas son anuladas en los dos días siguientes, cuando el comprador reflexiona o consulta con sus familiares.

Esto también se refleja en la película.

La postura más adecuada hacia este tipo de vendedores es la máxima agresividad: colgarles el teléfono directamente sin despedida, cerrarles la puerta en las narices o increparles agriamente por su estilo de “trabajo”, sin excluir las agresiones verbales cuando se muestren especialmente invasivos.

Si todos nos comportáramos así en vez de escucharles o incluso darles cháchara por un falso sentido de la educación y de la caridad, estos tipejos dejarían de operar y de engañar a diestro y siniestro.

Últimamente los comerciales de las empresas de gas y electricidad, han abierto una guerra fraticida por quitarse clientes... a base de utilizar comerciales jóvenes, agresivos y que venderían a su madre por un contrato de gas.

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