05 diciembre 2010

Se van.-

Clika en la imagen y la verás en 3 dimensiones, una y tres.
Pero no los que deberían, los que sobran, no pequemos de ilusos, sino nuestros compatriotas, especialmente aquellos mejor preparados.

Y es que... desgraciadamente cada vez más empresas y trabajadores españoles buscan negocio o empleo, fuera de nuestras fronteras; hasta alcanzar la cifra de más de un millón trescientos mil expatriados, (llamémosles así), aunque el mayor incremento  ha tenido como detonante la crisis económica que afecta especialmente a países como el nuestro.

Así... los principales destinos de los trabajadores (éstos sí) españoles son fundamentalmente Austria, EEUU, Noruega, Australia, Reino Unido, Irlanda e Italia, aunque si os sirve de consuelo, la mayoría afirma (como ocurrió antaño) que su idea es regresar una vez que amaine el temporal de la crisis... también como ocurrió con los currantes españoles que se vieron obligados a exiliarse a Francia, Alemania o Suiza tras el desastre de la guerra civil.

Por otra parte el perfil del emigrante español es, radicalmente opuesto al de los zánganos y tunantes radicados en España, pues los náufragos que huyen de la nave patria a la deriva son médicos, arquitectos, ingenieros, informáticos, investigadores y biólogos jóvenes (no mayores de 35 años) y que además dominan el inglés.

Y mientras nuestros cerebros se las piran a otros lares... a Europa sólo llegan el 5% de los inmigrantes cualificados, provenientes de países no occidentales, así que imaginaos la escasa proporción  de mano de obra cualificada que nos corresponde a los españoles, y más aún teniendo en cuenta que en otros países como EEUU el porcentaje de inmigrantes con algún tipo de cualificación llega hasta el 55% mundial.

¿Y por qué será que aquí fondean los palurdos de baba del orbe misérrimo?

Pues si hemos de confiar en  las recientes  investigaciones llevadas a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de  Nuevo México resulta que la población del Tercer Mundo registra coeficientes intelectuales más bajos  que los nuestros porque su capacidad intelectual se ve mermada al centrarse más sus organismos en fortalecer sus sistemas inmunes para combatir enfermedades infecciosas como la malaria, el tétanos y la tuberculosis que en desarrollar la inteligencia.

O sea... que no es porque sean tontos del culo, como creían algunos malpensados.

Y no confiéis en aquellos que afirman que los inmigrantes se están yendo de España ante la falta de perspectivas laborales, entre otras cosas porque pocos son los que han llegado  a estas tierras en busca de un empleo del que muchos de ellos no carecían en su país.

De hecho no se van ni recibiendo a cambio  más que atractivos incentivos económicos. Lo cierto es que el aparente descenso en el número de inmigrantes se debe en realidad a dos factores: primero, que muchos no se reempadronan cada dos años, como deberían, y segundo que muchos otros (¡¡más de 300!!) reciben la nacionalidad española a diario y por tanto dejan de computar estadísticamente como extranjeros.

Hace  unos pocos meses me enteraba de que un ex-compañero de escuela, superdotado él... hizo las maletas y se marchó a estudiar el último curso de ingeniería industrial a Francia, donde los gabachos, que no se chupan el dedo, se dieron cuenta del volumen de su materia gris y lo integraron a golpe de talonario... y allí sigue, ocupando un prominente cargo en Electricité de France, la compañía eléctrica francesa.

También recuerdo el caso de la hija de unos taberneros, que también rezumaba talento por los cuatro costados. Tanto era así  que cursó la nada sencilla carrera de Telecomunicaciones obteniendo matrículas de honor y sobresalientes a destajo, por lo que antes aún de licenciarse quiso ficharla nada menos que la NASA, aunque su familia y sus amigos la hicieron desistir y así no devino en otro Grisolía u otro Todolí. ¡Qué envidia!

aquí la noticia            y aquí otra

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