22 febrero 2011

El corazón tiene razones que la razón no entiende.-


Puedo comprender a la gente que se humilla y no planta cara a nada ni a nadie cuando lo mucho que puede perder es lo poco que tiene.

Humano es que personas sin cultura, o criadas en condiciones próximas a la miseria, nunca se atrevan a levantar la voz, ni aún la vista, cuando se les pisa o humilla.

Algunos, incluso... han sido escarnecidos durante toda su vida y consideran común o, más aún... justo que les traten como a perros o como a tontos.

Otros ni siquiera se dan cuenta cuando son denigrados social, profesional, familiar o humanamente.

Como no voy a ser capaz de ponerme en el pellejo de esa mujer que se deja patear, física o mentalmente, por un marido del que estuvo un día enamorada y del que aún cree, falsamente, que lo está?? O al que teme más que a la propia muerte??

Y entiendo al hombre que se deja envilecer y manduquear por una arpía disfrazada de ángel indefenso. Y a la madre que tolera que su propio hijo le levante la mano.

Y comprendo al que se rinde tras perder todas las batallas de su vida...

O al que sólo disputa las propias guerras creyendo, quizás con razón, que en el egoísmo se encuentra la felicidad.

Porque el corazón, muchas veces, no sabe distinguir entre valor y sumisión. O entre valor y soberbia.

Pero nunca podré entender cómo muchos, (a veces pienso que la mayoría), son capaces de mirarse al espejo por las mañanas sin sentir nauseas al comprobar que están observando un perro y no un hombre. O mejor... con perdón para los perros... un gusano.

Me repatea las entrañas la gente tan cobarde que, sin tener nada que perder, no es capaz de levantar la mirada, mostrar las uñas y enseñar los dientes. Los gregarios que serían capaces de traicionar a cualquiera porque siempre silencian su conciencia, su orgullo y su dignidad ante el primero que consideren peligroso o con poder.

Hay gente que vive en un estado de temor continuo. Con pánico a llamar la atención, a destacar entre el resto de corderos. Miedo al pastor que no pasa de caniche. Pánico a vivir con dignidad. Ratas que abandonarían a su suerte a cualquiera. A veces creo que incluso respirar les aterra.

Y son multitud...


Y admiro a los que nunca callan porque la verdad, la dignidad y el honor les espolea el alma como ninguna otra cosa en el mundo.

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