18 abril 2011

Los complejos del Santo Padre.-

Clavado a Aníbal Lecter, que me maten si este no es un reptiliano.
Tras la Segunda Guerra Mundial se puso en marcha en la Europa ocupada por los vencedores una colosal maquinaria propagandística de lavado de cerebro conocida como "desnazificación". La cual consistía en fomentar entre los vencidos, sobre todo en Alemania, un complejo de culpabilidad colectiva sin precedentes en la Historia.

Se trataba de que los alemanes se sintieran tan abrumados por terribles remordimientos ante crímenes reales o inventados, que el sólo hecho de ser alemán fuese percibido como algo vergonzoso. Los alemanes debían asumir que la razón de su existencia a partir de ese momento era pedir perdón a los judíos.

Lo de menos era que en la conflagración bélica hubiesen muerto millones de personas de todas las razas. El mensaje de la omnipresente propaganda obviaba a las víctimas del resto de etnias: se convirtió en una verdad de validez universal que las únicas víctimas de la guerra habían sido los judíos. O al menos las únicas dignas de ser tenidas en cuenta.

Y se castigó a partir de entonces con la cárcel el más mínimo intento de investigar lo que realmente ocurrió.

Merced a este proceso... generaciones enteras de alemanes sienten que deben expiar los horripilantes crímenes cometidos por sus ancestros y tienen especial cuidado en renegar cuidadosamente de cualquier cosa que recuerde remotamente al III Reich.

Este complejo de culpabilidad se grabó tan profundamente en la mente de los alemanes que ni siquiera personas de amplia cultura y esmerada formación escapan a su influencia.

Desde que subió al Trono de Pedro... Su Santidad Benedicto XVI nos ha sorprendido con reiteradas y aspaventosas muestras de incondicional cariño hasta él hace muy poco denominado por la Iglesia Católica como "pueblo deicida" (los que mataron a Cristo).

Cosas como la celebración de la Santa Misa en sitios tan poco usuales como una sinagoga, o los exabruptos contra sus compatriotas por responder con bombardeos sobre Londres a las masacres de la RAF sobre la población civil alemana, podrían inducir a error a muchos fieles.

La última actuación de Su Santidad, que algunos católicos han llegado a calificar de "judiada", ha consistido en proclamar que los judíos no fueron culpables de la muerte de Cristo. Estas declaraciones han sido muy apreciadas por las autoridades hebreas. Algún malpensado podría sospechar que era precisamente este aplauso el que buscaba, en un patético intento de hacerse perdonar su condición de alemán.

Fieles de formación teológica no han entendido la opinión papal sobre Padres de la Iglesia como San Juan Crisóstomo ("Mi verdadera guerra es contra los judíos… los judíos han sido abandonados por Dios, y por el crimen de este Deicidio no hay expiación posible." Oratio Adversus Iudaicos),

San Ambrosio (“La sinagoga es una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado” Epístola IX al Emperador Teodosio),

San Jerónimo (“Esta maldición continúa hasta el día de hoy sobre los judíos, y la sangre del Señor no cesará de pesar sobre ellos”. Vulgata),

Santo Tomás de Aquino (“A los judíos no se les debería permitir quedarse con lo obtenido por medio de la usura; lo mejor sería que se les obligara a trabajar para ganarse la vida, en vez de no hacer otra cosa que hacerse más avaros” De regime principum)

O su tocayo Benedicto XIV (“Los judíos se ocupan de asuntos comerciales, amasan enormes sumas de dinero de estas actividades, y proceden sistemáticamente a despojar a los cristianos de sus bienes y posesiones por medio de sus exacciones usurarias." Encíclica A quo primum)

Por citar sólo unos pocos ejemplos...

¿O estos personajes no eran más que unos peligrosos filonazis, que no supieron apreciar las innumerables bondades de los elegidos de Yahvé?

Para evitar estas interpretaciones groseras de las palabras pontificias, cada vez más católicos aconsejan respetuosamente a Su Santidad que disfrute el merecidísimo reposo que demanda su provecta edad. O al menos... que les edifique moralmente con el testimonio de su silencio.

Amén.-

A mi que no me lo den por bueno:


Bicho, fuss!!



Hillary Clinton, otra reptiliana:


El viejo Rockefeller no podía faltar:


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