16 julio 2011

Escrutando el universo en las entrañas de Canfranc.-


A 900 metros bajo la monte Tobazo, en las entrañas de los Pirineos, unos científicos estudian las partículas más escurridizas y enigmáticas del Universo. Para llegar hasta aquí hay que adentrarse varios kilómetros en el oscuro y viejo túnel de Canfranc, que ha permanecido abandonado durante muchos años.

El túnel fue construido hace 20 años y posteriormente abandonado; es tan estrecho que apenas coge un coche y si te cruzas con otro grupo de científicos, hay que dar marcha atrás hasta alcanzar uno de los huecos que hay en sus 8 kilómetros de longitud.

“Hay fenómenos naturales que son extremadamente raros”, dice un científico, “y para observarlos tenemos que penetrar en el silencio y oscuridad que hay bajo tierra”. Por eso se adentraron aquí los físicos hace 25 años y por eso han construido el nuevo laboratorio en las profundidades de la montaña. Las rocas protegen a los equipos de la radiación cósmica y eliminan interferencias para detectar las señales que buscan.

“Es como si tratas de escuchar a alguien en mitad de un estadio lleno de gente”, explica el director del laboratorio. “Necesitas silencio para escuchar”. De vez en cuando, este “silencio” es perturbado por una de estas pequeñas partículas al colisionar con el núcleo de un átomo y generar un poco de energía en forma de luz o calor que los científicos pueden detectar.

Las primeras pruebas en el interior de la montaña se remontan a la década de los 80. La mañana del  20 de enero de 1984, un grupo de seis personas, encabezados por el físico Ángel Morales, se acercaron hasta este lugar y ante la mirada atónita de los lugareños, penetraron en el túnel provistos de linternas. Buscaban un lugar que actuara como escudo para sus mediciones y las tripas de la montaña parecían el lugar perfecto.

Más de dos décadas después... y gracias al éxito de aquellos primeros experimentos, un consorcio formado por el Ministerio de Ciencia, el Gobierno de Aragón y la Universidad de Zaragoza ha construido un nuevo y flamante laboratorio que será una referencia mundial en este tipo de investigaciones.

La finalidad del laboratorio es la búsqueda de materia oscura y los neutrinos. La primera es una predicción teórica de los físicos y astrónomos, que llevan décadas advirtiendo que algo no cuadra en sus observaciones del Universo.  “Observando cómo se mueven las galaxias”, “los científicos se han dado cuenta de que la cosa no cuadra y que falta un 90% de la masa que debería haber, según la física que sabemos”.

El segundo objetivo es la búsqueda de neutrinos, una partícula subatómica casi imposible de detectar debido a su escasísima masa y que “llueve” de forma constante sobre la Tierra en un viaje desde el Sol o las supernovas. “En un centímetro cuadrado hay unos 60 millones de neutrinos atravesándote cada segundo, pero nadie los ve porque son como fantasmas”. Su naturaleza puede darnos muchas pistas para entender de qué está hecha la materia a nivel cósmico y cuántico.

El laboratorio en cuestión tiene aprobados ocho experimentos y es uno de los candidatos europeos a albergar el proyecto LAGUNA, un gigantesco observatorio de neutrinos bajo tierra.

En los principios... antes de que instalaran el moderno y nuevo laboratorio, cuentan que: “Llegábamos con una furgoneta 4L y le teníamos que poner unas ruedas de tren, con la solución que habíamos ideado con unas llantas y unas pletinas soldadas, que ajustaban la 4L a la anchura de la vía”, recuerda uno de los científicos. “Entrábamos marcha adelante, salíamos marcha atrás, y ningún problema”.  


Los trabajos de aquellos años en el túnel están sembrados de anécdotas, pero tal vez la mejor sea el malentendido de los lugareños al ver aquellos científicos que entraban y salían de la montaña. “En la furgoneta que traíamos de Zaragoza ponía “Laboratorio de Física Atómica y Nuclear”, que era como nos llamábamos”, explica Ortiz, “y la gente del pueblo se mosqueaba porque nos metíamos en un túnel con aquello… y hasta hubo una “manifestación” para pedir explicaciones”. “El maestro con sus alumnos nos esperaron a la boca del túnel casi haciendo una sentada”, precisa Villar, “para que les explicáramos lo que hacíamos allí”. Por no hablar de los titulares sensacionalistas en la prensa local de la época, en los que se denunciaba la experimentación "nuclear" en el túnel.

Durante más de diez años, aquella furgoneta 4L y los pequeños laboratorios que fueron construyendo a lo largo de las paredes del túnel sirvieron para hacer decenas de investigaciones pioneras. “Pasaron más de cien investigadores de muchas nacionalidades”, recuerda Villar, “hubo muchas tesis doctorales y resultados científicos que en su momento estuvieron entre los mejores a nivel mundial”. Y gracias a aquel esfuerzo, vinieron los frutos posteriores.

“De vez en cuando”, recuerda Villar de aquellos días, “se te ponía el corazón en un puño cuando estabas en la más absoluta oscuridad y de repente escuchabas golpes en la puerta. Se te salía el corazón por la boca”. ¿Quién llamaba a la puerta? “Era gente que atravesaba el túnel de vez en cuando, y llamaba por curiosidad a ver qué hacíamos allí”, responde.

Cómo iban a imaginar que aquellos físicos, en mitad de un túnel abandonado, estaban escrutando el Universo.

En resumen: La Galaxia en un túnel y no precisamente el que está debajo del palacio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...