02 julio 2011

La playa de Navagio, un timo del gobierno griego.-


La playa de Navagio, es uno de los lugares más idílicos y evocadores de la costa occidental griega. Parada obligatoria de cruceros y el destino turístico preferente en las aguas helenas; la cala se encuentra situada al noroeste de la isla de Zakynthos, una de las llamadas "siete islas jónicas".

Aunque Zakynthos se asocia coloquialmente con los cruceros por el Adriático, técnicamente está emplazada en el llamado mar Jónico, justo al sur de las aguas que bañan la península itálica y los Balcanes.

La isla, está cubierta completamente de olivos y bordeada con escarpados acantilados, resultantes de recientes terremotos, emerge sobre una de las fallas más importantes de Europa, al igual que las otras jónicas.


Precisamente la intensa actividad sísmica, ha sido un factor importante que ha venido contrarrestando el potencial turístico de la zona pero una campaña de marketing muy bien orquestada y el ángulo de una bonita foto, revitalizaron la isla atrayendo a un sin fin de curiosos y turistas. A principios de la década de 1980, el ministerio de turismo griego difundía fotos como esta:


La pequeña playa de Navagio está al norte de Zakynthos, en la costa occidental de la isla, a los pies de un acantilado cuya pared está completamente expuesta al mar Mediterráneo. Un lugar propicio para los naufragios cuando el mar embravece a causa de alguna tormenta.


El barco varado es el pecio del Panagiotis, un pequeño carguero costero que acabó embarrancando en la arena de Navagio tras una rocambolesca historia.

El Panagiotis fue construido por los astilleros Scotts Bowling en Glasgow, Escocia para la compañía naviera Gardner. Tenía 50 metros de eslora, 8 de manga y era capaz de desplazar 452 toneladas con motores fabricados por "British Auxiliares Ltd".

Se vendió el navio a M. Gigilinis en 1964, que lo registraban en el puerto de Tesalónica, Grecia, rebautizándolo como "Meropi". Después pasaría por otros dos dueños, siendo renombrado otras tantas veces. En 1966 era comprado por N.S. Kalfas, también de Tesalónica y era rebautizado como "Charis". Finalmente vuelto a renombrar como "Panagiotis", al ser adquirido en 1975 por P. Lisikatos, con base en el puerto de Pireo. 


En este momento... cuando comienza su oscura historia. Según relataron las autoridades griegas, el navío era utilizado por la mafia italiana para realizar contrabando de tabaco traído desde Turquía. El 10 de Enero de 1980 la marina griega, que sospechaba de la tripulación y había estado vigilando la actividad del barco, lo perseguía para abordarlo cuando pasaba por la isla de Zakynthos. Al intentar evadirse en medio de una tormenta, el fuerte oleaje lo arrastraba hasta la cala, conde encallaba para siempre.

La tripulación conseguía escapar del pecio pero quedaba atrapada debajo del acantilado varios días, hasta que la tormenta amainaba y las autoridades conseguían enviar un bote de rescate.

Desde entonces, el lugar es conocido como playa de "Navagio" o playa del "naufragio" en griego, pasando de ser una solitaria y olvidada cala, a convertirse en uno de los principales destinos turísticos de la costa griega, justo cuando la isla atravesaba uno de sus momentos más bajos.

En 1953, Zakynthos había sufrido una serie de severos terremotos. El tercero alcanzaba 7´3 en la escala Richter, destrozando la isla por completo. Solo quedaron en pie tres edificios, la catedral de San Dionisio, la iglesia de San Nicolás y el banco. La marcha de sus habitantes, que venía produciéndose desde el final de la segunda guerra mundial, se acentúa alcanzando mínimos a principios de la década de 1980. De los 42.000 habitantes en el año 1900, se pasaba a una población de 30.000 en 1981.

Pero la evocadora imagen del Panagiotis encayado, difundida por el Ministerio de Turismo griego, vuelve a traer visitantes, logrando que todo crucero navegando por el mar Jónico, realice una parada obligatoria en frente de la playa de Navagio.

Seguramente, los lugareños viesen con buenos ojos el repunte de los ingresos provenientes del turismo pero no les debió hacer mucha gracia que fueran asociados con la mafia y los contrabandistas porque cuando los turistas les preguntaban por la historia del barco, algunos clamaban que se trataba de un montaje llevado a cabo por el Ministerio de Turismo.


Según su versión, habría sido esta institución la que había arrastrado el barco a posta, dejándolo varado en un punto estratégico y difundiendo después las idílicas imágenes como reclamo.

Sea como fuere, la estampa de Navagio tuvo efecto casi inmediato y desde entonces la isla de Zakynthos vive un boom turístico, que no sólo ha servido para hacer caja, sino que ha propiciado la recuperación demográfica, alcanzando los 32.556 habitantes en 1991.

A partir de tal fecha, el crecimiento ha sido positivo pero en abril del 2006, otra cadena de terremotos volvía a atemorizar a la población. El más fuerte, de 5´9 en la escala Richter sólo lograba abrir una grieta en el puerto y dañar 6 edificios, ahora más preparados para aguantar, al haber sido dotados de medidas de seguridad contra seísmos cuando fueron reconstruidos tras los sucesos de 1953. Aún así, una parte de la isla ardía y el atractivo turístico de las zonas afectadas, antes en su mayor parte cubiertas por olivos, caía por los suelos.

Algunos turistas que visitan la playa vuelven un tanto decepcionados, no por la isla en si, que está considerada una de las islas jónicas más bonitas, sino por Navagio, tal vez porque en imágenes promete demasiado.

La cuestión es que la rebuscada historia de contrabandistas viene acompañada por una foto promocional tomada desde un ángulo y en un momento muy concreto. El turista que llega a Navagio 


Una idílica playa solitaria, en una cala inaccesible, rodeada por un imponente acantilado, los restos de un antiguo barco de contrabandistas embarrancado, el sol resplandeciendo sobre la arena blanca y las cristalinas aguas azules.

La mayoría de turistas que llegan a Navagio, lo hacen por mar, cogiendo alguno de los mini--ferrys que recorren la isla desde Zakynthos ciudad, la ciudad que registra mayor actividad, o desde puertos más cercanos como Laganas, Nikolaos o Porto Vromi. También llegan barcos particulares y cruceros que recorren el Mediterráneo.


El primer "chasco" con el que se encuentran los visitantes es que, esa pintoresca foto tan atractiva, está tomada desde lo alto del acantilado y desde la playa no se puede subir, por lo que se quedan sin vistas.

Al no poder subir, los turistas se ven atrapados en un día de playa como otro cualquiera, ya que los ferris suelen quedarse hasta el atardecer y no precisamente en una cala desierta, sino en la arena rodeados de otros bañistas.

A veces pueden ser pocos pero normalmente hay cientos, cuando no atraca enfrente un crucero gigantesco, que puede llegar a desembarcar de una tacada a un par de miles de personas. (Nunca me han gustado los cruceros, tratan al personal como a borregos en el corral).


En la pequeña playa no hay infraestructuras de ningún tipo aunque los ferris colocan unas pasarelas que permiten acceder a las embarcaciones, haciendo las veces de chiringuitos flotantes. Ahora bien, sólo entran como máximo tres y algún pequeño yate dónde hay menos calado.

Ante la resignación, tal vez cabría el consuelo de examinar los restos del barco naufragado, descubrir los secretos que esconden sus bodegas, girar el timón desde le puente de mando imaginándose el capitán de los contrabandistas... pero de lo que antes fue un bonito carguero, ahora apenas queda su esqueleto.


Toda la proa y las bodegas están medio tragadas por la arena y en la popa, sólo se adivina el armazón de lo que fue el puente de mando. Debajo están los camarotes con la sala de máquinas casi vacía. Las bordas oxidadas están completamente llenas de pintadas, para terminar de restar glamour al pecio.


Y todo esto si es que el tiempo acompaña porque a nada que haya mala mar o tormenta, la zona queda completamente inaccesible, dado el peligro que entraña para las embarcaciones. Luego resulta que los días de calma son los menos habituales.


Otra opción es ir por tierra y contemplar las sugerentes vistas desde lo alto del acantilado, que es el punto dónde se tomaron las imágenes promocionales. La mayoría de las fotos de Navagio sacadas desde la cumbre son casi todas iguales, porque el departamento de turismo instaló un minúsculo mirador vallado a 180 metros de altura, que no da opción a demasiados ángulos.

Para seguir la ruta terrestre habría que coger el autobús o alquilar un coche, dirigirse al monasterio de Agios Gergio Kremmao y al llegar, tomar la carretera de la derecha. Si se parte desde Zakynthos ciudad hay que atravesar media isla, ya que la urbe está situada en la costa opuesta, justo en la otra punta y disponerse a pasar el día disfrutando de las vistas o acercarse a alguno de los pueblos cercanos porque desde el acantilado, tampoco se puede bajar a la playa y no hay mucho más que hacer.

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