07 febrero 2012

La casa de Góngora ocupada por perroflautas.-

Hace tan sólo tres siglos, en las calles de Madrid se cruzaban cada mañana camino de comprar el pan, el periódico o lo que se comprase por aquel entonces, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo y el gran Miguel de Cervantes, entre otros. Cada uno de ellos, como españoles de fina casta que eran, con sus envidias, sus fobias, sus desprecios y hasta sus descalificaciones mutuas siempre a punto de nieve.

Si un barrio con semejante pedigrí hubiera estado ubicado en París o Londres, todo el lugar sería hoy un gran museo al aire libre cuajado de placas conmemorativas, bibliotecas, autobuses con turistas y monumentos; pero como dónde está es en Madrid, o sea, en la capital de España, se puede apreciar la diferencia.

Una de esas diferencias ocurrió hace pocos días, un grupo de okupas se había instalado, mediante el procedimiento tradicional de patada a la puerta y de aquí no me saca ni Kristo bendito, en una casa de la calle Huertas en la que vivió Luis de Góngora después de que su enemigo mortal Francisco de Quevedo comprase su anterior vivienda, con el fin de darse el gustazo de echarlo a la calle. 

La casa estaba hecha una piltrafa, decrépita y llena de escombros. Así que los okupas se instalaron tan ricamente con su parafernalia habitual, también llamada ajuar perroflauta de toda la vida. Con la seguridad, por otra parte, que a cualquier okupa bien informado, sabe que España es líder mundial en libertades y derechos del hombre y la mujer, si te metes por el morro en una casa ajena, es seguro que entre el hecho, la demanda del propietario, la decisión judicial y la ejecución de la sentencia de desalojo, si llegara a producirse, y dependiendo también de que el juez sea compañero de carrera o colega de universidad del abogado de una parte o de la otra, pueden transcurrir veinte años... O más...

El caso es que esos inquilinos por la kara estaban instalados en la antaño gongorina y ahora ruinosa morada, gozando de pleno derecho las innumerables facilidades que la Justicia española en general y el Ayuntamiento de Madrid en particular prestan a esta suerte iniciativas populares. 

Pero siempre hay un pelo en la sopa... y es que algún propietario impaciente y desesperado, y si rascaramos un poco seguro que fascista, machista, racista, violento, homófobo y misógino, debió decidir que aquella situación la solucionaba él a título personal, por el artículo catorce. 

Así que cuatro individuos fornidos tiraron la puerta, cogieron a los okupas en brazos y los sacaron a la calle, produciendo un genocidio perroflauta. 


Los piojosos sacados a rastras de la casa de Don Luis pidieron apoyo a través de las redes sociales y en muy poco tiempo se congregaron tres docenas de representantes del 15-M exigiendo reparación aún más indignados si cabe, pues la policía no actuó contra los desalojadores.

Y es que en España hay una gran diferencia entre que la patada en la puerta la de un okupa o la de un propietario, el segundo sería el que actúa al margen de la ley y el primero sería la verdadera víctima del asunto.

3 comentarios:

  1. pon tus fuentes cuando publiques un post

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  2. Bueno, la ley de la estaca a veces es la unica ley que funciona
    http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com/

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