05 junio 2012

Las bombillas de bajo consumo dan dolor de cabeza.-

Las bombillas de bajo consumo provocan vértigos, eccemas y migrañas... si una de estas lamparas se rompe, el polvo que emite es altamente tóxico, todo esto según un informe de Medio Ambiente británico. Últimamente está de moda el promover costumbres que se presuponen beneficiosas para nuestra salud o para nuestro bolsillo, lo más sorprendente es que cuando se rasca un poco en la superficie, la cosa resulta no ser tan beneficiosa como nos la presentaron. 

Uno de los mayores atentados a la libertad de de los consumidores ha sido la legislación que promociona las bombillas de bajo consumo, y prohibiendo la venta de las antiguas de filamento incandescente.

A primera vista se podría pensar que estas nuevas bombillas son más saludables, económicas y menos contaminantes. Pero resulta que su potencial contaminante es muchísimo mayor, su proceso de reciclado mucho más complejo y, cómo guinda del pastel, son perjudiciales para la salud.

Y es que hay que tener cuidado, que no es luz todo lo que reluce. Antes de cambiar una bombilla incandescente (vamos, las de toda la vida) por otra más moderna y de bajo consumo, hay que estar informado... es cierto que la nueva le durará hasta 10 veces más y que gastará un 80% menos de electricidad... es cierto que su bolsillo y el medioambiente se lo agradecerán. Pero sin embargo su salud podría estar en precario. Sus nombres sólo ya asustan: migrañas, vértigos, eccemas… riesgos que, según expertos, entrarían en nuestros hogares con el simple (¿y ecológico?) gesto de reemplazar las bombillas tradicionales por las ahorradoras (conocidas como lámparas compactas fluorescentes, CFL en inglés), que están cada vez más de moda en el mercado.

Las nuevas bombillas son peligrosas en caso de romperse ya que contienen mercurio, así que lo más sensato sería desalojar el lugar donde se ha roto al menos durante 15 minutos. Tampoco es recomendable recoger los restos con aspiradora ya que podría inhalarse el polvo contaminado con el tóxico.

Por si esto fuera poco, la luz de estas bombillas (más intensa que la que emiten las lámparas de hilo convencionales) podría conllevar migrañas y eccemas en personas con la piel fotosensible. Sin embargo, nada de esto se advierte al consumidor en los embalajes de estas luces, que curioso.

Quién iba a pensar hasta hace poco menos de una semana (cuando el propio Ministerio de Medio Ambiente de Reino Unido daba la alarma a través de un informe polémico, tras un año promocionando el uso generalizado de las CFL) que esas bombillas convertidas ya en iconos populares de la lucha contra el cambio climático -si ahorran electricidad, las centrales producen menos y contaminan menos-, en la práctica no serían tan sanas para la gente como en realidad lo son para el ecosistema del planeta.

"Ya se ve a muchas personas que no apenas toleran, no sin problemas de piel o con dolores de cabeza, la iluminación con bombillas de bajo consumo que se está utilizando masivamente en oficinas y escuelas", denunciaba estos días en Radio 4 de la BBC, el portavoz de la Fundación Dermatológica Británica, John Hawk. "Este tipo de iluminación emite radiaciones electromagnéticas que, como es natural, pueden llegar a alterar algunas proteínas de la piel y producir así una reacción alérgica, lo que se llama fotosensibilidad", explica el doctor Julián Conejo-Mir. "No se puede descartar, por tanto, que aparezcan eccemas en la piel. Dependerá, del número de horas de exposición, de cada persona y de la distancia a la que se encuentre de la bombilla", ha añadido el presidente de la Academia Española de Dermatología.

Estamos seguros en nuestras casas?? Unos temores parecidos son los que suscitan los compuestos de las alfombras, televisores o sofás, fabricados con los llamados retardantes bromados del fuego, que se usan para reducir el riesgo de incendio, o los detergentes, o los mata cucarachas. Estamos expuestos diariamente a un sinfín de productos (según la Unión Europea hay en circulación unas 200.000 sustancias químicas legales) que nos penetran por la nariz, la piel, la boca, los ojos…

La respuesta de las compañías al controvertido e inesperado estudio británico ha sido el silencio. Desde la sucursal de Osram en España, firma alemana líder en la fabricación de lámparas de bajo consumo, reciben la noticia con escepticismo e incredulidad. "Nos ha cogido de sorpresa. Es una exageración que no tiene base científica alguna. Estamos a la espera de lo que nos digan los jefes en Alemania. Se está estudiando", es toda la explicación que da una empleada de la multinacional.

Dichas circunstancias arrojan más sombras que luces sobre los planes gubernamentales encaminados a sustituir las lámparas de toda la vida por las de ahorro. En la Unión Europea, donde hay unos 3.600 millones de bombillas antiguas (aún se siguen vendiendo 2.000 millones cada año), podrían ocasionar un apagón de los planes. De hecho, se pretende que para 2010...2015 la mayoría de los países, especialmente aquéllos que más electricidad consumen, haya terminado la reconversión lumínica puesta en marcha por la Comisión de la Energía de la Unión.

España, a través del Ministerio de Medio Ambiente, ha hecho del cambio de bombillas una de sus banderas verdes y fijado 2012 como fecha de su implantación en los hogares y centros de trabajo.

A la idea se han sumado ya varias ciudades españolas como Badajoz, Pamplona o Elgoibar

Resumiendo, que las bombillas de bajo consumo dan dolor de cabeza y pueden producir cosas raras en la piel... si es que no inventan nada bueno; ya notaba yo que me molestaban las luces que hay en los hospitales, en los hipermercados, en el Mercadona...  y es que buenas no sé si son, pero molestar, molestan como una mota en un ojo.

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