06 agosto 2012

Esclavos del WhatsApp.-

Desde que las redes sociales empezaron a triunfar entre la plebe y a la vez la tecnología 3G en los móviles se hizo más presente en la vida de los humanos... en la caverna de Platón ya no se coge. Tan apretados estamos, que esta mañana subiendo al tren le he dado un codazo a una chica sin querer,  mientras ella estaba absorta en su iPhone.

Aaauu!! – grita la pava con una entonación pueril.

Lo siento, no te he visto, ya sabes – le digo.

Estás bien?? le digo al ver que no me dice nada.

Pero sigue sin haber respuesta. Vuelve a pegarse al móvil, tecleando a una gran velocidad. Enlatados como arenques, la tipa está pegada a mí y es inevitable echar una ojeada a lo que sea que escriba en el móvil que requiere tal concentración. Está hablando por WhatsApp: "Me acaban de dar un codazo en toda la cara". Copia el texto; abre otra conversación, lo pega: "Me acaban de dar un codazo en toda la cara".

Hace algo más de un año, Jan Koum, ex-director de operaciones de Yahoo, se convirtió en el héroe de la caverna al crear dicha aplicación. WhatsApp traspasó la última frontera: mensajes gratis, sin ningún límite, a cualquier hora del día o de la noche y encima con la posibilidad de adjuntar vídeos o imágenes, con todos los contactos de tu agenda que también se hayan descargado la App. 

Enviar mensajes escritos es desde entonces, como comprarse cds y escucharlos en el Discman. Ya en el 2010, los ingresos de las operadoras por SMS descendieron un 3% respecto al año anterior y se rumorea que a finales de este año las pérdidas pueden multiplicarse por cuatro. Y es que... quién no se decanta por un Smartphone al cambiar su móvil viejo?? Y.. quién tiene un Smartphone sin WhatsApp? (Yo, por ejemplo).

Entiendo de que por el hecho de renunciar a este caramelo en los tiempos que corren, donde si no te comunicas a todas horas no eres nadie (en la caverna, por lo menos) y donde el dinero no abunda, penséis que soy un poco "rarito". Soporto cada día varias peticiones para que me lo instale…

-Si no te pones WhatsApp ya, paso de contestarte los mensajes, egoísta de m*****!!- me decía el otro día uno de mis mejores amigos.

-Por favor, mándame mensajes si quieres, pero deja que te conteste por WhatsApp, que me sale gratis… insistía una amiga antes de ver claro que esta situación nunca se iba a producir.

Pero lo tengo claro, es cuestión de coherencia, no pienso aceptar un caramelo envenenado.

La pregunta  correcta sería:

Es gratuita de verdad esta aplicación?? La respuesta es NO. De hecho, sale carísima. 

El precio que pagas (aparte de la tarifa de Internet que tengas contratada) es tu intimidad. Después de instalarte WhatsApp, has dejado de ser el propietario de la fracción de tu vida que allí compartas. Todas las conversaciones, todos tus archivos intercambiados pasan a ser propiedad de WhatsApp Inc. 

Además la aplicación realiza una radiografía de tu móvil, identifica los contactos que tienen el programa y los copia, trazando un mapa de conexiones, una red social de hecho... que solo es visible por la empresa. 

Y por si esto fuera poco, aceptando las condiciones de uso consientes que tus datos personales sean transferidos a eeuu y se les aplique la legislación de aquel país, que es mucho menos protectora con la intimidad de las personas que las políticas de privacidad europeas.

Pero lo más terrorífico de todo; lo descubro hablando con un amigo informático que es experto en aplicaciones. Y es la forma en que WhatsApp almacena y gestiona todos tus datos. Si observamos desde dentro la estructura de ficheros de dicha aplicación llegamos a dos ficheros llamados "msgstore.db" y "wa.db". 

Estos ficheros están en un formato que se llama SQLite; si los importamos con alguna herramienta que nos permita ojear en su interior (para ello es recomendable el SQLite Manager), nos encontramos la primera sorpresa: ninguno de los datos que contiene está cifrado. En "wa.db" se almacenan los contactos y en "msgstore.db" todos los mensajes. 

Es cierto que WhatsApp te da la oportunidad de eliminar conversaciones... pero la realidad es que estos archivos se copian en su base de datos y permanecen allí ad infinitum. 

 La segunda sorpresa es todavía peor... si la recepción o el envío de mensajes se produce con el GPS de tu Smartphone activado, la aplicación almacena también en el fichero "msgstore.db" las coordenadas del lugar desde donde has mantenido la conversación. Además de la hora y la fecha, por supuesto.

El negocio está bien claro; Jan Koum (el héroe) y el resto de socios de WhatsApp Inc. pueden hacer lo que les apetezca con toda esta información, venderla al mejor postor, algo parecido a lo que hace Facebook. La fórmula es muy sencilla: a más información, más posibilidades tienen de negocio. 

Por encima de la letra pequeña está la filosofía de la empresa... para generar millones de conversaciones diarias no es suficiente con que el producto sea gratis, hay que lograr generar y aumentar la necesidad de comunicarse de los usuarios cada día, dicha necesidad se logra a partir del exhibicionismo colectivo cavernícola típico del siglo XXI -cuanta más gente te vea más "guai" eres; por ejemplo: "Me acaban de dar un codazo en toda la cara"- y a través de la intrusión de tu espacio. 

A diferencia de otras plataformas como Facebook o Tuenti, donde el usuario escoge cuando quiere conectarse y la interacción se produce en ese momento, la comunicación por WhatsApp te persigue directamente. 

Una campanilla llama a tu puerta, o a tu móvil en este caso, para comunicarte que alguno de tus muchos contactos de la caverna te está contando cualquier tontería, porque es "gratis" y porque te demuestra que piensa en ti, que sois "amigos", por si lo dudabas en algún momento. 

Por los mismos motivos, contestas siempre... y Koum y sus "superhéores adjuntos" van recopilando información... SU información, tal y como has consentido. 

Su plan culmina con la adicción del usuario a esta nueva manera de conversar. Adiós, mundo real.

Además, que importa pagar este precio si así nos sentimos queridos sin tener que rascarnos el bolsillo?? Va todo bien en la caverna.

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