21 septiembre 2012

El último japonés en rendirse.-

El 15 de Agosto de 1945, Japón declaraba su capitulación frente a las fuerzas aliadas y el 2 de Septiembre, se celebraba una ceremonia a bordo del acorazado Missouri, donde el ministro de asuntos exteriores japonés, Mamoru Shigemitsu, se llamaba, firmaba el acta de rendición frente al general Sutherland.

Japón estaba al borde de una inminente invasión, tras haber vivido los últimos episodios de la segunda guerra mundial aguantando muy a duras penas sus fronteras al borde del Pacífico al más puro estilo de los samuráis, lanzando ataques suicidas kamikazes con todo lo que tenían.

El 6 y el 9 de Agosto, se dejaban caer las dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y los eeuu se marcaban un farol, amenazaban con destruir otras tantas ciudades japonesas, arrojando más bombas. El 9 de Agosto, la Unión Soviética violaba el pacto de neutralidad que tenía firmado con Japón y les declaraba la guerra, ocupando rápidamente la Manchurria y colocando su ejército justo al otro lado de la costa japonesa.



Ante todo este cúmulo de reveses, el emperador Hirohito tomaba cartas en el asunto y ordenaba a su estado mayor, el llamado "gran seis", a aceptar los términos de rendición redactados por los aliados en la Declaración de Postdam. El 28 de Agosto, las tropas aliadas comenzaban la ocupación sin resistencia de Japón... fue esto el fin de la guerra??

Lo cierto es que las circunstancias que envolvieron el final del Japón imperial fueron muy complejas, incluyeron cientos de flecos como para hablar de un final tan simple. Uno de estos flecos, fueron los militares japoneses que no se rindieron inmediatamente tras la capitulación oficial.

Algunos generales, no se daban por rendidos hasta celebrar una ceremonia oficial donde entregaban solemnemente su espada a algún mando aliado. Este tipo de ceremonias se sucedieron a lo largo de todo el mes de Septiembre, a medida que iban capitulando las fuerzas del sureste asiático en zonas como Singapur o Taiwán.



A su vez, en 1945, unos 140.000 soldados japoneses habían quedado atrapados en medio de la complicada situación que se vivía en la China ocupada por el ejército rojo. Sabían que la guerra había terminado pero... o no podían regresar a su tierra natal o no querían hacerlo por la vergüenza de la derrota.

Los que no eran capturados y enviados a campos de reeducación, se unieron a las filas soviéticas y lucharon como mercenarios a las órdenes de algún cacique local o sencillamente aguantaron en status quo en tierra de nadie a le espera.

Otros militares, habían quedado aislados en las islas del Pacífico al rebasar los aliados sus líneas a su empuje final hacia Tokyo. A estos rezagados se les conoce como: Zan ryu Nippon Hei. Algunos no llegaron a enterarse nunca de que Japón se había rendido hasta muchos años después y otros, a pesar de recibir la noticia, o no se la creyeron pensando que era una estratagema del enemigo, o no recibieron una orden directa de rendición por parte de sus superiores más inmediatos, al quedar las comunicaciones cortadas por los aliados y siguieron combatiendo por miedo al deshonor.

El capitán Sake Oba, destacado en Saipan, no se rindió hasta el 1 de Diciembre de 1945, a pesar de que la isla había sido tomada por los aliados en Junio de 1944. La mayoría de fuerzas niponas que permanecían todavía en Saipan, se habían inmolado en un ataque Banzai tradicional, pero otros como Oba, decidieron seguir luchando durante más de un año, empleando tácticas de guerrilla junto a otros 100-300 hombres a las órdenes del mayor Sato.

Sato se rendía con 33 de estos soldados en Junio de 1945, mientras que Oba resistía al mando de 46 guerrilleros hasta finales de año. En la foto de abajo, Oba ondeando bandera blanca y una imagen de la gran base aérea norteamericana con cientos de bombardeos B-29 que habría estado contemplando indeciso sobre si habría acabado la guerra o no.



El 25 de Enero de 1946, 120 soldados nipones libran una batalla en las montañas a 240 kilómetros de Manila en Filipinas. De los 140.000 efectivos nipones que habían operado en estas islas, 4.000 seguían en paradero desconocido.

Un mes después, en febrero, la división 341 filipina, realiza una incursión junto a la 86 norteamericana para limpiar la isla de Lubang. El día 22 se registran combates especialmente duros al toparse con una patrulla de 30 soldados japoneses que causan 8 bajas a las fuerzas americanas y 2 a las filipinas.

En Marco, otra de estas patrullas mata a 6 soldados aliado en Guam y en Abril, de nuevo en Lubang, 40 soldados imperiales emergen de la junga para entregarse, ignorando que la guerra había terminado hacía más de medio año.

A finales de Marzo de 1947, el teniente Ei Yamaguchi atacaba por sorpresa a una guarnición de marines en la isla de Peleliu que había caído en manos aliadas en Noviembre de 1944, tras dos meses de duras batallas. Yamaguchi, permaneció tres años oculto en los antiguos bunkers hasta que reapareció con 33 hombres. El mando norteamericano enviaba refuerzos junto a un almirante japonés que lograba convencerle un mes después, en Abril, de que la guerra había terminado.

En las Filipinas seguían apareciendo más tropas japonesas. En Abril se entrega una patrulla de 7 hombres armados con un mortero y en Junio de 1947, se registra actividad a tan sólo 175 kilómetros de la capital en Manila.

El 27 de Octubre del mismo año, se rinde el último combatiente que quedaba en Guadalcanal, una de las primeras islas tomadas por fuerzas aliadas durante la guerra. Llevaba una botella de agua, una pala y una bayoneta rota australiana.

A finales de 1948, se vivía uno de los capítulos más surrealistas de la post-guerra en Asia. Entre 10.000 y 20.000 soldados  japoneses, perfectamente pertrechado y ataviados, seguían en la zona de Manchurria. Habían quedado atrapados en tierra de nadie, en medio de una guerra civil entre comunistas y nacionalistas sin posibilidad de ir a ninguna parte o de rendirse ante alguna autoridad.

A principios de año, en Enero, otros 200 soldados igual de organizados y pertrechados se rendían en Mindanao.

El 6 de Enero de 1949 Kufuku Matsudo Linsoki, dos supervivientes del ataque Iwo Jima, se rendían al mando aliado. Habían permanecido en los túneles que surcaban la isla desde el 19 de Febrero de 1945, durmiendo de día y actuando de noche, robando provisiones. Precisamente Iwo Jima se había tomado una de las fotos más emblemáticas de la guerra del Pacífico, con varios marines plantando la bandera norteamericana en un montículo.



En Marzo de 1950, se rinde el soldado de primera clase Yuichi Akatsu, que seguía combatiendo en Lubang junto oal después célebre Hiroo Onoda.

En 1951, de nuevo se repite otra situación de película superada por la realidad. El 3 de Enero de 1945, un bombardero B-29 norteamericano, que regresaba de Saipán tras realizar una misión sobre Nagoya, se avería y cae en Anatahan, una remota isla volcánica de tan sólo 31 kilómetros cuadrados, perteneciente al grupo de las Marianas. En el aterrizaje forzoso muere toda la tripulación y en Febrero, la marina envía a un grupo de nativos de Saipan a recuperar los cuerpos.

El grupo de rescate se encuentra con la sorpresa de que la isla está ocupada por unos 30 supervivientes pertenecientes a un convoy de tres barcos japoneses que había sido atacado y hundido por la marina estadounidense en Junio de 1944. Entre ellos se encontraba una mujer de Okinawa, Kazuko Higa, vivían en unas cabañas construidas con palmeras y cañas de bambú, al más puro estilo Robinson Crusoe. Gracias a los restos del avión accidentado, habían fabricado utensilios como cuchillos, cazuelas, depósitos de agua, duchas, hornos... y además estaban armados sin la misma intención de rendirse.



Durante todos los años que permanecieron en la isla, varios de los hombres se habían enfrentado entre si por los favores de la mujer, llegando a producirse 6 muertes violentas. En Julio de 1950, la mujer avistaba un navío y era rescatada tras hacer señales de socorro, informando a las autoridades de que los residentes de la isla no se creían que la guerra había terminado hacía ya 5 años. No fue hasta un año después, en Julio de 1951, cuando finalmente aceptaban ser evacuados de la isla tras serles arrojadas por aire varias cartas de sus familiares en las que les confirmaban el final del conflicto.

En 1953, el soldado Murata Susumu es capturado en Tinian. Había estado viviendo en una cabaña en medio de un pantano.

En mayo de 1954, el cabo Shoichi Shimada, compañero de Hiroo Onoda, muere tras enfrentarse con fuerzas filipinas en Lubang.

En mayo de 1960, capturan en Guam al soldado Bunzo Minagawa y varios días después se rinde el sargento Tadashi Ito que permanecía con él.

En 1965, una nativa se encuentra con un soldado merodeando por su jardín en Vella Lavella, una isla perteneciente a las Sálomo. Tras informar a las autoridades, se lanzaron panfletos desde el aire informando del fin de la guerra y el embajador de Japón se desplaza hasta el lugar, logrando la repatriación del ex-combatiente.

El caso de Vella Lavella es bastante peculiar porque es un pequeño islote en el que las líneas niponas quedaron completamente rebasadas tras unos pocos combates, dejando rezagados a unos 300 efectivos imperiales desde Agosto de 1944. En 1959, los lugareños relataban historias de hombres con largas barbas vistiendo andrajos que se escondían en la selva. Los rumores se confirmaban relativamente con el hallazgo de 1965, pero nunca se ha conseguido contactar con el resto de la unidad, aún siendo realizados supuestos avistamientos en épocas tan tardías como los años 80.

En enero de 1972, es capturado el sargento Shoichi Yokoi, cerca del río Talofofo en Guam. Al ser repatriado lleva consigo su rifle para devolvérselo al emperador con una disculpa por no haber servido bien; "con mucha vergüenza, he regresado vivo".

La frase se convirtió en un dicho popular en Japón. Yokoi relató que había permanecido oculto en una especie de trinchera junto a otros dos compañeros durante los primeros años, pero que luego, se separaron por escasear la comida en la zona en la que estaba construido el refugio. No obstante habían mantenido el contacto hasta que los encontró muertos por inanición en 1964.



En octubre de 1972, otro hombre del grupo de Onoda, el soldado de primera clase Kinshichi Kozuka, muere tras enfrentarse en un tiroteo con las fuerzas del orden filipinas.

En Marzo de 1974, se rinde Hiroo Onoda, que permanecía oculto en la isla de Lubang desde el 26 de diciembre de 1944. Había sido enviado con órdenes de no rendirse o suicidarse para obstruir los ataques enemigos e inflingir todo el daño posible en sus infraestructuras. Junto a tres compañeros, Onoda era el único miembro de las fuerzas japonesas que no se había rendido todavía o caído tras la ocupación de la isla por los aliados el 28 de febrero.

En Octubre de 1945, encontraron la primera octavilla en la que se informaba del final de la guerra y a finales de año, se lanzaban desde el aire más de estas octavillas, firmadas por el general Tomoyuki Yamashita. Tras inspeccionarlas, el grupo de Onoda decidía que eran falsas.

En 1950, Akatsu se rendía tras separarse del grupo 6 meses y la célula extremaba más todavía las precauciones para no ser encontrados. En 1952, fueron lanzadas nuevas octavillas con cartas firmadas por familiares de los soldados, pero de nuevo estimaron que eran falsas. El 7 de mayo de 1954, Shimada era abatido por una partida de búsqueda y el 19 de octubre de 1972, caía Kozuka tras enfrentarse en un tiroteo con las autoridades filipinas, mientras incendiaban un granero como parte de las hostilidades de guerrilla que mantenían.



El 20 de febrero de 1974, Onoda se entrevistaba con un aventurero japonés, Norio Suzuki, que andaba tras su pista. A su regreso a Japón con unas fotos, convencía al gobierno para que localizasen a los oficiales superiores de Onoda. El 9 de marzo, uno de ellos, el Mayor Taniguchi, volaba a Lubang donde durante un encuentro con Onoda, le informaba del final de la guerra y le ordenaba oficialmente rendirse.

Onoda cumplía la orden vestido apropiadamente con su uniforme, su espada y su rifle Arisaka Tipo 99 reglamentario y en perfectas condiciones de funcionamiento, 500 cargadores de munición y varias granadas de mano. A pesar de haber matado a 30 lugareños y haberse enfrentado a la policía local en varias ocasiones, fue indultado por el presidente Ferdinand Marcos, al tener en cuenta las circusntancias especiales que envolvían el caso. Regresó a Japón y fue aclamado como un héroe.

El 18 de Diciembre de 1974, se localizaba al soldado Teruo Nakamura, tras ser avistado por un avión de las fuerzas aéreas indonesias en la isla de Morotai y enviar una partida en su busca a instancias de la embajada japonesa. Nakamura había permanecido oculto desde que las fuerzas aliadas tomaron la isla en Septiembre de 1944.



En un primer momento, había convivido con otros compañeros, pero decició separarse de ellos en 1956, construyendo una pequeña cabaña vallada. Su caso no levantó el mismo interés que el de Onoda, porque Nakamura no era propiamente japonés, sino un amis nacido en Taiwan de pre-guerra, lo cual le convertía en técnicamente un apátrida y despertaba los fantasmas del pasado colonial nipón en la era imperial.

En Abril de 1980, surge la historia de un nuevo caso, el del capitán Fumio Nakahira, que había aparecido en la isla de Mindoro, en Filipinas, donde había permanecido oculto en el monte Halcón. No obstante, esta y todas las historias posteriores a Onoda, son muy complicadas de aclarar y de confirmar; por lo que son consideradas como dudosas o falsas por muchas fuentes. Algunas han sido probadas como bulos, sencillamente para atraer a los turistas.

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