13 octubre 2012

La Luna huele a Pólvora quemada.-

Alguno de los problemas con los que se encontraron los astronautas de las misiones Apollo, que lograron alunizar fue el "polvo lunar".

Desde el primer paseo por la superficie de nuestro satélite, durante la tan cuestionada misión Apollo 11, los astronautas veían como en cuestión de pocos minutos, sus trajes espaciales quedaban recubiertos (casco incluido) de una suciedad pegajosa.

Después... es polvo que no había manera de que se quitaran de encima por mucho que se cepillaran el traje, (teniendo en cuenta que en la Luna la gravedad es 6 veces menos que en la Tierra), era arrastrado al módulo lunar, dónde causaba todo tipo de estragos.

Ya en el interior de la cápsula, cuando se quitaban los guantes y el casco, los astronautas comprobaban un particular olor a pólvora quemada, mientras las partículas del polvo lunar se les metían por la nariz.

La necesidad de equiparse con unos cepillos especiales para limpiar el polvo lunar, comenzó después de la misión del Apollo 12, donde los astronautas Conrad y Bean, regresaban de su misión completamente llenos de polvo. Cuando se acoplaron a la nave principal, la Saturn V, el comandante de dicha nave, Dick Gordon se llamaba les denegó el acceso, por lo que si querían pasar de una nave a otra, tendrían que desnudarse por completo y dejar los trajes en el módulo lunar.

Uno de los miembros del Apollo 17, Jack Smitch, sufrió un fiebre muy alta al poco tiempo de quitarse la escafandra y aspirar el polvo de la luna. Le ocurrió lo mismo tras el segundo y el tercer paseo, pero tras cada paseo, la fiebre era de menor intensidad, como si su cuerpo estuviera desarrollando algún tipo de inmunidad a la exposición. 

Su compañero de viaje, Gene Cernan, también notó que se olía como si hubieran disparado una escopeta. En la imagen, Cernan con la escafandra llena de polvo al poco tiempo de entrar en el módulo:




Hubo otros astronautas que no informaron de tales síntomas, posiblemente por no verse afectados o puede que por miedo a que no les permitiesen caminar de nuevo por la Luna. A pesar de lo cual, Charlie Duke del Apollo 16, dijo a la base de Houston que notaba el sabor y el olor a pólvora quemada. Los médicos de la NASA sospechaban que la exposición prolongada, posiblemente provocaría enfermedades pulmonares como la silicosis.

El polvo lunar está compuesto en un 50% de óxido de silicio cristalizado, que ha sido generado por los impactos de los asteroides contra la Luna. La otra mitad, está compuesta de minerales como el hierro, el magnesio, olivino, calcio o piroxeno y otros tipos de aglutinados que no existen en la Tierra y que el cuerpo humano no puede ni sabe expulsar eficientemente, por no estar acostumbrado a ellos.

Aún no se ha dado con la teoría que explique de donde procede ese olor a pólvora quemada, pero una pista de lo que ocurre, es que en la Tierra, ni las rocas lunares, ni el polvo presentan ningún tipo de olor. En la imagen Cernan tras quitarse el traje, aún cubierto de suciedad debido al polvo que se metía por todos sitios:




Uno de los miembros de la NASA, Gary Lofgren, que ha estado indagando este asunto, dice que cabe la posibilidad de que los componentes químicos del polvo lunar, reaccionen al entrar en contacto con el aire húmedo y rico en oxígeno que hay en el interior de los módulos lunares. Manteniéndose estos elementos estables en la superficie lunar, ya que no hay atmósfera. Al entrar en contacto con el oxígeno, se oxidan y se queman, aunque demasiado lentamente como para formar llamas. En la Tierra, el olor a pólvora quemada se habría disipado ya, pasando a ser materiales sin ningún tipo de aroma.

Una vez recogidas las muestras del suelo lunar, el material se introdujo en termos aislados, por lo que las partículas, no deberían haber sido expuestas al oxígeno del módulo. Imagen del termo:




Aquí fue donde quedó patente que el polvo lunar es altamente abrasivo, aunque su tacto tiene una engañosa textura suave, como si se tratara de nieve-polvo, cuando hay rozamiento, actúa de forma muy similar a los granos que hay en el papel de lija.

Al no existir la atmósfera en la Luna, pues tampoco hay erosión que suavice los bordes de las rocas o el polvo tras desintegrarse cuando un asteroide choca, pega el viento solar o los rayos cósmicos. Las partículas quedan intactas a lo largo del paso del tiempo, con cantos afilados que cortan como cuchillas microscópicas. Algunas de las aristas son curvadas y actúan como ganchos que se pegan a los tejidos de forma similar a como lo hace el velcro.

"El efecto velcro" se acentúa cuando el polvo está cargado de electricidad estática, que además lo hace levitar y desplazarse en una especie de tormentas. Existe otra posibilidad y es que este fenómeno esté causado por una tenue atmósfera del satélite. En la imagen, el traje del cosmonauta lleno de pegajosa suciedad:




Al cerrar los termos, una vez recogidas las muestras, las roscas y los sellos aislantes quedaban dañados, exponiendo su contenido al oxígeno de la cápsula.

Y no solamente los termos, al poco de salir de la superficie lunar y levantar la suciedad, el polvo ya estaba rayando las lentes de las cámaras, los cristales de las escafandras y estropeando los sellos de los trajes. Un astronauta que esté completamente lleno de polvo, corre el riesgo de asfixiarse dentro del traje, porque al oscurecerse la superficie del mono blanco, se atrae más luz solar y por lo tanto más calor.

Además de que el polvo lunar tiene la habilidad de colarse muy fácilmente en bisagras, juntas y engranajes; acelerando el deterioro de todo el equipo general y provocando fallos mecánicos de manera prematura. Mientras que Gene Cernan del Apollo 17, conducía el "Lunar Roving", una especie de vehículo todo terreno diseñado para desplazarse por la superficie lunar, rompió el guardabarros de una rueda trasera. Imagen del Lunar Roving. En la luna aún no hay problemas de aparcamiento:



Una avería intrascendente en la Tierra, pero en la Luna es lo suficientemente grave como para pararse y ponerse a arreglarla con cinta aislante. Cernan necesitó un par de intentos, porque en cuanto tiraba de la cinta, la cara adhesiva se llenaba de polvo y no se pegaba bien. El apaño aguantó bien unas horas, pero terminó por volver a caerse.

Al regresar, el vehículo y el cosmonauta estaban completamente cubiertos de suciedad, como para poder escribir con el dedo sobre ellos, poniendo en peligro el resto de la misión. En Houston, un grupo de ingenieros, tuvo que encerrarse en una habitación con materiales similares a los que tenían los astronautas y encontrar la forma de improvisar un guardabarros nuevo. Al final se les ocurrió como hacerlo con cuatro mapas y cinta aislante. En la imagen, el glorioso apaño con cinta y papel en medio de la Luna:



Para las misiones Apollo, que pasaban poco tiempo sobre la superficie de la Luna, el polvo no era su mayor inconveniente, pero de cara a establecer una base lunar de forma permanente, el problema es de una envergadura desconocida, hasta como para cuestionarse la viabilidad del proyecto. Tampoco está claro si se podría usar el material par ala construcción de infraestructuras.

Desde la última misión tripulada al satélite, la Apollo 17 en el año 1972,  los efectos del polvo lunar apenas han sido investigados. La NASA había recreado este material fabricando una especie de polvo lunar sintético que a fecha de hoy está agotado. Un científico de la NASA calcula que habría que traer 100 toneladas de polvo lunar para poder llevar a cabo las investigaciones y pruebas necesarias o volver a realizar una recreación sintética con unas cantidades industriales.

Gene Cernan ha sido el último hombre en pisar la Luna. Era licenciado en ingeniería electrónica y se había convertido en astronauta de la NASA y al final... lo único que importó... fue su maestría con la cinta adhesiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...