21 julio 2013

Tras el Apolo 17 el hombre no ha vuelto a pisar otro mundo.-

Eugene Cernan en la Luna con la Tierra sobre su cabeza:



Sólo 12 humanos han estado en la Luna y 8 aún siguen vivos para contarlo. Harrison Schmitt y Eugen Cernan son dos de los afortunados... ellos fueron los últimos seres humanos en estar en otro mundo.

Estuvieron durante 3 días recorriendo el valle de Taurus-Littrow, instalando instrumentos científicos, recogiendo rocas y viendo construcciones y seres extraterrestres.

Tres días viviendo en la luna... eso no hay agencia de viajes online que lo ofrezca y fue hace 40 años, cuando el Apolo 17 se puso rumbo a nuestro satélite.

La tripulación de la última misión del Apolo estaba formada por Eugene A. Cernan (que era el comandante), Ronald E. Evans (el piloto del módulo de mando) y Harrison H. Schmitt (el piloto del módulo lunar). De los tres astronautas sólo Cernan tenía experiencia en vuelos espaciales.

Cernan, el comandante, cumplía a rajatabla con todos los requisitos exigidos para ser uno de los mejores astronautas de la NASA. Metódico, inteligente, frío como el acero y un trabajador incansable, ya había estado en el espacio durante la Gémini 9 y el Apolo 10. 

Durante esta última misión (la del Apolo 10) abandonó la Tierra para orbitar la Luna, allanando el camino para el histórico vuelo del Apolo 11. No fue una misión fácil. Durante varios segundos estuvo a punto de perder el control del módulo lunar (Snoopy se llamaba) mientras estaba sobrevolando la Luna en compañía de Thomas Stafford. 

En esta ocasión volvería a la Luna tres años más tarde, comandando su propia misión, que es la mayor aspiración de cualquier astronauta.

La tripulación del Apolo 17: Harrison Schmitt (a la izquierda), Ronald Evans (a la derecha) y Eugene Cernan (abajo).


Pero si Cernan pensaba que era muy afortunado por estar al mando de la última misión del Apolo, Harrison Schmitt estaba como si le hubiese tocado la lotería. Y es que Schmitt, que era geólogo, sería el primer y último científico sobre la Luna. Schmitt había ocupado una plaza como astronauta no tanto por su currículum -que ni decir tiene que era impresionante- como por estar en el momento y lugar adecuados. 

Schmitt no debería de haber formado parte de la tripulación del Apolo 17. El puesto del piloto del módulo lunar estaba reservado para Joe Engle, que era otro astronauta de formación militar de la NASA y que además contaba con mucha experiencia de vuelo con el avión cohete X-15. 

Cernan, Evans y Engle habían sido la tripulación de reserva para el Apolo 14 y siguiendo el esquema de rotaciones introducido por Deke Slayton (que era el encargado de la selección de las tripulaciones del Apolo), ahora les tocaría el turno de pilotar el Apolo 17. Y con suerte, Schmitt podría volar en el Apolo 18. 

Pero en septiembre del 1970 el destino intervino a favor de Schmitt. El Apolo 18 lo cancelaron y el Apolo 17 se convirtió de pronto en la última misión del programa lunar Apolo. 

La comunidad científica presionó a la NASA para introducir un científico en la última misión de la Luna. Y de esa manera Engle se quedó fuera y Schmitt pasó a formar parte de la tripulación de Cernan.

Cernan durante uno de sus entrenamientos con su mujer y su hija:




Cernan probándose un traje de presión A7LB sin la cubierta exterior:


Para el científico Schmitt no fue nada fácil. Estaba rodeado de astronautas con formación militar y pilotos, era la oveja negra del grupo. Tuvo que aprender a pilotar aviones y se entrenó de manera compulsiva para su misión, el resto de astronautas lo seguían viendo como un elemento extraño... no era uno de los suyos.

Llegó incluso a cuestionarse su participación por motivos de seguridad. Si Cernan sufría algún tipo de indisposición durante alguna de las fases críticas del descenso hacia la luna, Schmitt debería de pilotar el LM. ¿Un científico civil a cargo de una nave espacial? ¡Eso era herejía! 

El cuartel general de la NASA dejó muy claro a los astronautas que la presencia de Schmitt no era negociable. El carácter de Schmitt tampoco facilitaba las cosas: era arrogante y con tendencia a cuestionar las órdenes, el  primer científico astronauta no era una persona particularmente simpática.

El Saturno V AS-512 del Apolo 17 rumbo a la rampa 39 A del Centro Espacial Kennedy:



El Apolo 17 fue el primer y último lanzamiento por la noche de un cohete Saturno V. Después de cuatro años de misiones lunares, la NASA se sentía confiada y en esta ocasión se atrevió a lanzar una misión Apolo en medio de la oscuridad de la noche.

Pero un pequeño problema de últimia hora retrasó el despegue 2 horas y 40 minutos, aunque Evans no parecía muy preocupado. 

Los ronquidos del piloto del módulo de mando se podían escuchar por el sistema de comunicaciones mientras la tripulación esperaba la decisión del centro de control. Al final, habría lanzamiento. 

Desde el interior de la cabina, el brillo de la ignición de los cinco motores F-1 fue visible a través de la ventana incluso antes del despegue. 

Eran las 5:33 h. UTC del 7 de diciembre de 1.972 cuando el Saturno V AS-512 despegó de manera majestuosa desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy de Florida. 

Miles de personas se reunieron en la costa de Florida para ver despegar el cohete más grande construido por el hombre. Durante varios segundos, el resplandor que desprendía el cohete volvió la noche en día, literalmente. 

El brillo cegador de los motores era un sol en miniatura y el cielo pasó del negro al verde azulado. Muy pocos podían imaginar que estaban contemplando la última misión tripulada a otro mundo que tendría lugar en el transcurso de sus vidas. 

Los medios de comunicación  tampoco eran conscientes de este hecho, pues el lanzamiento del Apolo 17 apenas mereció unos minutos en la mayoría de cadenas de televisión. 

Viajar a la Luna se había hecho una rutina. Una rutina que estaba a punto de terminar bruscamente.

Cernan se rasca la nariz con la válvula de presión de su casco, mientras un técnico comprueba que el traje A7LB funciona debidamente. La tripulación tenía que respirar oxígeno puro varias horas antes del lanzamiento para purgar el nitrógeno de su sangre:


Lanzamiento por la noche del Apolo 17:


Los 3 astronautas sintieron como su peso iba aumentando poco a poco, a medida que el enorme lanzador cogía velocidad. 

Las vibraciones hacían muy difícil poder ver los indicadores en el panel de instrumentos. Cuando se separó la primera etapa S-IC, los astronautas se sintieron lanzados hacia adelante en sus asientos al mismo tiempo que un resplandor cegador podía verse desde la única ventana de la cabina. 

Era como si el cohete hubiese explotado y estuviese rodeado de una bola de fuego y con razón... porque la separación de la primera etapa del Saturno V era como si se partiera el cohete en dos. 

Los 8 retro-cohetes de combustible sólido de la S-IC, los cuales facilitaban la separación de esta masiva etapa ayudaron a hacer más llamativo aún el espectáculo luminoso. 

Durante el encendido de la segunda etapa S-II, la tripulación intentó observar alguna estrella que pudiera servir de referencia en caso de aborto. 

Aunque las luces de la cabina se atenuaron, ninguno de los tres astronautas pudo descubrir alguna estrella. 

La separación de la torre de escape y de la segunda etapa S-II estuvieron también acompañados de destellos deslumbrantes que ocasionaban por los cuatro retrochetes de la S-II y dos cohetes de combustible sólido en la tercera etapa S-IVB. 

La torre de escape cuando se separó se llevó consigo la cubierta protectora que cubría el módulo de mando, dejando al descubierto las 5 ventanas de la cápsula.

Plegando el rover LRV-3 para el Apolo 17, (el cochecito ese de jugar al golf que se llevan siempre a la Luna):


Después de un lanzamiento perfecto, el único motor J-2 de la tercera etapa S-IVB se apagó 4 segundos antes de lo que tenían previsto, suceso que no tuvo ninguna repercusión en la misión. 

Después, los astronautas pudieron sentir la ingravidez. Ya estaban en órbita alrededor de la Tierra; pero a diferencia de otras misiones Apolo anteriores, no había nada que observar por las ventanillas, la oscuridad reinaba sobre el Océano Atlántico cuando el Apolo 17 alcanzó la órbita. 

Minutos después, un espectacular amanecer los sorprendió mientras se acercaban a las Islas Canarias. Mientras estuvieron en la órbita baja (u órbita de aparcamiento en la jerga de la NASA), la tripulación comprobó que todos los sistemas funcionaban correctamente mientras iban corriendo a fotografiar la Tierra. 

Cuando comprobaron que todo estaba en orden y 3 horas más tarde el motor J-2 de la tercera etapa S-IVB se encendió por 2ª vez durante casi 6 minutos para acelerar la nave hasta la velocidad de escape, de 8 a 11 km/segundo, mientras sobrevolaban el Océano Atlántico (en las anteriores misiones se había realizado esta maniobra sobre el océano Pacífico). 

Los astronautas pudieron sentir el ruido de baja frecuencia del motor a base de oxígeno líquido e hidrógeno. Después de un par de horas en microgravedad, la aceleración que experimentaron los tripulantes era, (según sus propias palabras), como la que generada un avión a plena post-combustión. 

Tras el apagado de la S-IVB, el Apolo 17 puso rumbo a la Luna. Los astronautas ya no estaban ligados al campo gravitatorio de la Tierra. Varios objetos de color blanco se desprendieron de la tercera etapa y pudieron ser contemplados por la tripulación a través de la ventanilla, trozos de hielo seguramente.

El cohete Saturno V:



2 horas después del encendido trans-lunar, Evans activó el interruptor correspondiente y el cohete se separó de la etapa S-IVB con un golpe sordo. 

Las vibraciones duraron poco tiempo, pero los astronautas pudieron ver partículas de hielo que se alejaban del vehículo como resultado de la sacudida. 

Los cortos impulsos de los motores se escuchaban claramente en el interior de la nave mientras, Evans maniobraba el cohete para darle la vuelta y dirigirse otra vez hacia la S-IVB, en cuyo interior se estaba el módulo lunar Challenger. 

El acoplamiento entre el CSM-114 y el LM-12 (los nombres oficiales del cohete y el módulo) fue como la seda y tan sólo el fuerte sonido de los pestillos que aseguraban el agarre entre las dos naves rompió la concentración de los astronautas. 

Pero el indicador del panel de instrumentos decía que el acoplamiento en firme no se había producido. Una inspección visual de las marcas de acoplamiento externas, demostró que las naves se habían acoplado con un grado de desviación, por lo que 3 de los 10 pestillos no se habían cerrado bien. 

La situación por lo visto era normal y los astronautas abrieron la escotilla del CM, salieron y retiraron la sonda de acoplamiento para activar los díscolos pestillos de manera manual hasta que los indicadores del panel mostraran un acoplamiento firme. 

Los motores de maniobra del cohete se encendieron una vez más para sacar al Challenger de su nido. El Apolo 17, que estaba formado por el CSM América y el LM Challenger, tomaba rumbo a la Luna. 

La etapa S-IVB terminaría chocando con nuestra luna 87 horas después del lanzamiento con la finalidad de estudiar el interior lunar gracias a las ondas sísmicas generadas por la colisión. 

El mismo día del lanzamiento del cohete, la tripulación tomó una de las fotos más famosas de la historia de la conquista del espacio, era una imagen de la Tierra que se conocería más tarde como "la canica azul", la foto reflejaba la belleza de nuestro frágil planeta de manera espectacular:


La tercera etapa S-IVB se aleja del Apolo 17. Impactó contra la Luna tres días después:


Los astronautas ya podían respirar tranquilos, se quitaron los molestos trajes a presión A7LB.

Siete horas después del despegue, la tripulación hizo su primera comida mientras dejaban su planeta detrás. El viaje a la Luna transcurrió con bastante normalidad. Por lo menos todo lo normal que puede ser un viaje tripulado a otro mundo.

Ningún astronauta sufrió el temido "mareo espacial" ni experimentó vómitos o naúseas, aunque uno de ellos tuvo algunos episodios de flatulencias.

Los astronautas bebieron té y limonada, además de tarta de frutas y pan con mantequilla.

Tuvieron un problemilla con las ampollas de cloro usadas para esterilizar el agua. Estas ampollas se insertaban en el sistema de agua potable para eliminar cualquier fuente infecciosa, el caso es que el 70% de las ampollas sufrieron pérdidas al usarse y aunque no afectó a la salud de los tripulantes, sí les supuso un cabreo.

El tercer día de misión, los astronautas dieron un susto al control de Houston al no responder a la llamada para despertarles.

Schmitt, el científico, había apagado sin darse cuenta el altavoz de la cápsula, por lo que se despertaron una hora después de lo previsto.

Mientras se dirigían a la Luna, el potente motor SPS del módulo de servicio se encendió durante 2 minutos para situar a la nave en su trayectoria correcta. De camino, pudieron comprobar el funcionamiento de este delicado motor, que era el encargado de poner la nave Apolo en la órbita de la Luna y luego salir de ella.

Uno de los paneles laterales del módulo de servicio se separó de la nave con un sonoro golpe 4 horas y media antes de la inserción orbital, dejando así al descubierto un conjunto de instrumentos científicos que escudriñarían la Luna desde la órbita.

Fases de la misión del Apolo 17:



El módulo de mando y servicio, en la imagen de arriba y el módulo lunar, en la imagen de abajo, del Apolo:



Instrumentos del cochete del Apolo 17:


A diferencia de las anteriores misiones a la Luna, el Apolo 17 no pasó por la sombra de la Luna antes de la inserción orbital.

Algunas horas antes de situarse en órbita, los astronautas pudieron contemplar la Luna como un fino creciente. El motor del cohete se encendió sobre la cara oculta y el Apolo 17 entró en órbita lunar.

Ahora era el momento de activar el módulo lunar Challenger. Cernan y Schmitt abrieron la escotilla y activaron los sistemas de la nave.

17 horas después de haber alcanzado la órbita, el módulo lunar y el cohete se separaron suavemente e iniciaron una especie de ballet espacial mientras una nave inspeccionaba a la otra.

Evans se aseguró de que las 4 patas del módulo Challenger se hubiesen desplegado debidamente y de que la tobera del motor de la etapa de descenso estuviese intacta.

Mientras, Schmitt y Cernan hicieron lo propio con el cohete, inspeccionando la tobera del motor SPS del módulo de servicio. El Challenger se alejó mientras ambas naves sobrevolaban el lugar de alunizaje una órbita antes del descenso.

Cernan y Schmitt se prepararon para el momento álgido de la misión: el descenso hasta la superficie de la luna. Los astronautas conectaron sus trajes al arnés de cables que los mantendría en posición vertical durante toda la maniobra. En el Apolo, uno viajaba hasta la superficie de la Luna de pie.

Un poco antes del encendido del motor principal, los 2 astronautas pudieron sentir como sus botas tocaban el suelo cuando los motores de maniobra hicieron ignición para así garantizar que el combustible de los tanques del Challenger estuviese en el fondo de los mismos.

Segundos más tarde, el motor principal cobró vida. Suave al principio, pero incrementando su empuje poco a poco, frenando su velocidad orbital de 3 km/s. Momentos después, el módulo lunar giró sobre su eje y el radar detectó la superficie lunar. Eso eran buenas noticias, porque sin radar la misión hubiera abortada inmediatamente.

El lugar escogido para el alunizaje del Apolo 17 era el valle de Taurus-Littrow, hacia el sureste del Mare Serenitatis. Esta elección del sitio había tenido lugar antes del lanzamiento del Apolo 16 y... como en el resto de misiones, no había sido un debate fácil.

Algunos científicos, incluyendo a Schmitt, hubieran preferido un lugar más espectacular para la última misión Apolo, como por ejemplo el famoso cráter Tycho o el imponente cráter Tsiolkovsky en la cara oculta de la Luna.

Pero aterrizar en estas regiones hubiese introducido muchas complicaciones en una misión de por sí ya bastante compleja.

Las Colinas de Marius o la Davy Rille habían sido considerados lugares de interés para las primeras misiones Apolo, pero los científicos pensaban ahora que no eran dignos para una misión de Tipo J como el Apolo 17 (las primeras misiones Apolo eran de Tipo H, con objetivos científicos mucho más modestos).

Al final los candidatos fueron el valle de Taurus-Littrow y los cráteres Gassendi y Alphonsus. Durante algún tiempo Alphonsus parecía ser el ganador, pero al final en febrero de 1.972 la NASA anunció su intención de enviar el Apolo 17 a Taurus-Littrow.

La posibilidad de encontrar evidencias de vulcanismo reciente en la Luna inclinaron la balanza del comité encargado de dicha selección.

El valle de Taurus-Littrow visto desde el módulo lunar en órbita:




El valle de Taurus-Littrow y el recorrido de los 2 astronautas en sus tres salidas:




El descenso fue sobre ruedas, aunque el módulo había empezado la ignición de frenado un poco más alto de lo planeado. 

Del mismo modo que se hicieron en otras misiones Apolo, Cernan y Schmitt descendieron a ciegas, con las ventanillas del módulo lunar apuntando hacia el espacio. 

Cuando el Challenger estaba a 4 kilómetros de altitud, los 2 astronautas pudieron ver las montañas más altas del valle en la parte inferior de sus ventanas. 

A 2,15 kilómetros de altura el módulo se inclinó bruscamente hacia adelante para así permitir que el comandante viese el lugar del aterrizaje. 

Cernan reconoció rápidamente el valle de Taurus-Littrow y a 100 metros de altura tomó el control manual (bueno, en realidad era semi-manual) del módulo, pilotando la nave hasta la zona más llana que pudo encontrar. 

Durante esta última fase fue ayudado por Schmitt, cuya tarea era "cantar" los números de altitud y velocidad que iba dando el radar, así como la cantidad de combustible que quedaba. 

Y es que en el Apolo, el "piloto del módulo lunar" no pilotaba realmente el módulo lunar, era una tarea reservada para el comandante.

Cuando ya estaban a 25 metros de altura y tal y como estaba previsto, el escape del motor de la etapa de descenso del módulo Challenger empezó a levantar gran cantidad de regolito lunar, dificultando así la visibilidad. 

Cuando una de las sondas de aterrizaje que se extendían bajo 3 de las 4 patas del LM tocó la superficie, se encendió la luz azul de contacto en la cabina y Cernan apagó el motor de la etapa de descenso. 

Si no lo hubiera hecho, se arriesgaba a que las ondas de choque del motor pudiesen rebotar en la superficie y dañar el módulo.

El Challenger fue a parar a la débil gravedad lunar desde un metro de altura sin apenas velocidad lateral. 

A estas alturas, aún les quedaba suficiente combustible para permitirle 2 minutos más de vuelo. 

El lugar de aterrizaje final estaba a 230 metros al este y 60 metros al norte del objetivo inicial.  

"Okay, Houston, the Challenger has landed" fueron las primeras palabras de Cernan sobre la Luna. Eran las 19:55 UTC del 11 de diciembre del 1.972.

El cohete en órbita lunar visto desde el módulo Challenger:



El módulo Challenger en el valle de Taurus-Littrow con el LRV-3 delante:



La tripulación procedió entonces a prepararse para la primera de sus tres salidas de misión. 

Se pusieron las mochilas de soporte vital y se colocaron las cubiertas de los cascos y las botas lunares encima de los trajes de presión. 

Despresurizaron la cabina del módulo una hora después de lo previsto y Cernan empezó a bajar por la escalerilla tras agacharse y abrir la escotilla del Challenger. 

Salir del módulo del Apolo se parecía más a un parto que a un paseo espacial. 

"Al pisar la superficie del valle de Taurus-Littrow, me gustaría dedicar el primer paso del Apolo 17 a todos aquellos que lo han hecho posible", fue lo que dijo Cernan al poner sus botas sobre la Luna por primera vez. 

Schmitt se le unió después y la primera tarea que llevaron a cabo fue fue desplegar el rover lunar LRV-3, una maniobra que les llevó unos quince minutos. 

Cernan condujo el pequeño coche varios metros y se aseguró de que las cuatro ruedas maniobraban perfectamente.

Después, colocaron la bandera de los Estados Unidos. Una gran Tierra azul destacaba en el cielo lunar a baja altura sobre el horizonte. 

Las misiones anteriores Apolo habían alunizado más cerca del disco lunar, por lo que la Tierra aparecía mucho más alta en el cielo. 

Mientras se movía en las cercanías del módulo, Cernan golpeó sin darse cuenta el guardabarros de la rueda trasera derecha del cochecito, un incidente que ya le ocurrió también a John Young en el Apolo 16. 

Cernan hizo una reparación improvisada con cinta aislante y los 2 astronautas se dedicaron a desplegar los distintos instrumentos. El conjunto de instrumentos, estaban alimentados por un generador de radiosótopos SNAP-27 con plutonio-239 y serían instalados a unos 185 metros del módulo. 

Los astronautas taladraron diversos agujeros en el regolito lunar para extraer muestras del suelo y para instalar el instrumento de flujo de calor, que era uno de los más problemáticos en todas las misiones anteriores. 

Pero el guardabarros dañado provocó un verdadero baño de regolito para los dos hombres. Así que tras 7 horas y 13 minutos y después de haber recorrido 3,6 kilómetros con el rover, los 2 astronautas volvieron al interior del Challenger.

El Challenger en Taurus-Littrow:


La Tierra en el cielo sobre el valle de Taurus-Littrow:


Traje de presión A7LB:



Cernan y Schmitt en el interior del módulo cubiertos del polvo negro lunar:




Los trajes cubiertos de regolito:




Experimento de flujo de calor:


Como desplegar el rover:



Disposición de instrumentos del ALSEP:



Instrumentos científicos del Apolo 17 y del resto de misiones Apolo:




Moverse en el apretado interior del módulo era toda una odisea, después incluso de presurizar la cabina y de quitarse los trajes.

De acuerdo con la experiencia de misiones del Apolo anteriores, los astronautas se movieron lentamente dentro de la nave, intentaban no tropezar con los equipos del módulo. 

A pesar de haberse cepillado los trajes mutuamente antes de entrar a la cabina, las escafandras estaban tiznadas del regolito lunar y un olor fuerte a pólvora impregnaba el módulo. 

Los trajes estaban bañados en sudor, así que los colgaron de las paredes del módulo e hicieron circular aire frío dentro de los trajes usando los umbilicales. 

Por este motivo, el interior del módulo parecía estar ocupado por cuatro tripulantes en vez de 2. 

Tras hablar con Houston y comer, pusieron las cubiertas en las ventanas del módulo  y se dispusieron a dormir. 

Para ellos era de "noche", pero en la Luna el día dura un mes y la superficie del valle Taurus-Littrow estaba tan iluminada como cuando aterrizaron. 

Dormir en la Luna podía ser una pequeña odisea. 

Colocaron dos hamacas dentro del reducido espacio, situadas de forma perpendicular una con la otra e intentaron así descansar. Por lo menos no tenían que hacerlo llevando los incómodos trajes de presión como pasaba en las primeras misiones Apolo. 

Lo más extraño era el silencio tan absoluto que reinaba en el exterior, propio de un mundo sin atmósfera. 

Gordon Fullerton, un astronauta, despertó a la tripulación con la Cabalgata de las Valquirias de Wagner.

Los astronautas volvieron a repetir los procedimientos para salir del módulo otra vez. En esta ocasión permanecerían 7 horas y 38 minutos fuera, pero recorrerían una distancia algo mayor: 20,5 kilómetros. 

"No hay ni una nube en el cielo. ¡Excepto en la Tierra!", decía Schmitt el científico al pisar la superficie lunar por segunda vez. (Ya podía haber dicho algo más pródigo para ese gran momento, algo parecido a lo de Neil Armstrong).

Durante un momento, el geólogo se quedó mirando nuestro planeta algo extrañado. Algo no cuadraba. Al final se dio cuenta de lo que pasaba: la Tierra había girado desde la salida del día anterior y no tenía el mismo aspecto. 

En el paisaje lunar, la única cosa que cambiaba era la Tierra. 

Volvieron a reparar el guardabarros del rover, pero en esta ocasión usaron un conjunto de 4 mapas lunares como sustituto. 

La sorpresa de la salida fue el encontrar unos depósitos misteriosos de color naranja cerca del cráter Shorty. 

Los hombres se alejaron hasta una distancia máxima de 7.380 metros del Challenger, todo un récord en el Apolo. 

En teoría, el cochecito de golf podría llevarlos a una mayor distancia, pero las medidas de seguridad lo tenían prohibido, pues si el vehículo se estropeaba, los astronautas tendrían que regresar al módulo andando.

Hamacas para dormir en el interior del módulo:


Reparación del guardabarros trasero del rover usando mapas:



Cernan en el exterior del módulo:



La tercera y última actividad extra-vehicular duró 7 horas y 16 minutos, durante las cuales Cernan y Schmitt recorrieron 12,3 kilómetros en el cochecito. 

Al finalizar la caminata, los astronautas dedicaron unos minutos antes de subir al módulo para descubrir una placa conmemorativa situada en la pata delantera del módulo. 

En la placa (que perdurará milenios en el medio-ambiente lunar carente de erosión) puede leerse: "aquí el hombre completó sus primeras exploraciones de la Luna. Que el espíritu de paz con el que hemos venido se refleje en las vidas de toda la Humanidad". 

Una vez finalizada la ceremonia, Schmitt subió por la escalerilla y lo siguió Cernan, que se convirtió de esta manera en el último hombre en pisar la Luna. 

Cernan, dedicó unas palabras de despedida. Ni Cernan ni Schmitt imaginaban que 40 años después seguirían siendo los últimos seres humanos sobre la Luna.

Placa conmemorativa dejada por Cernan y Schmitt en la Luna:


El módulo Challenger en la lejanía. Ese pequeño punto era el único hogar que tenían los 2 astronautas en la Luna:


El misterioso terreno naranja encontrado por los 2 hombres:


La Tierra y la Luna vistas por el Apolo 17:


Después de realizar diversas tareas mundanas, como echar por la escotilla las mochilas PLSS o las bolsas con la orina (que aún están allí intactas), continuaron con las preparaciones para el lanzamiento desde la superficie de la Luna. 

El despegue de la etapa superior del Challenger fue grabado gracias a la cámara de televisión del rover, aparcado a una distancia adecuada del módulo. 

Desde Houston, Ed Fendell era el encargado de controlar la cámara para seguir el ascenso del Challenger, una maniobra que tenía que ser realizada justo en el momento exacto para compensar el retraso en las comunicaciones debido a la distancia de la Luna. 

Una vez ya en órbita el fino regolito lunar empezó a flotar por la cabina del Challenger y eso que los astronautas habían puesto especial empeño en tapar todos los orificios del suelo donde se pudo acumular. 

El uso de la aspiradora mitigó algo el problema y para cuando se acoplaron con el cohete la mayor parte del polvo en suspensión había desaparecido. 

La tripulación traslado los más de 100 kilos de muestras lunares desde el módulo al cohete (las muestras estaban almacenadas en un maletín de aluminio de 48 x 30 x 20 centímetros). 

4 horas después de haberse acoplado, separaron la fase de ascenso del Challenger, que terminaría impactando contra la Luna.

La tripulación estuvo un día más en órbita lunar realizando diversas observaciones científicas. Al fina, el motor del cohete se encendió y los 3 astronautas abandonaron la órbita lunar para siempre jamás. 

El regreso a casa fue una especie de anti-clímax. Lo único que rompió un poco la monotonía fue la actividad extra-vehicular de Ronald Evans, el cual pasó 1 hora y 8 minutos fuera de la nave recogiendo carretes fotográficos y resultados de los distintos experimentos científicos que habían realizado y que estaban situados en el lateral del módulo de servicio. 

Un espectacular paseo espacial entre la Tierra y la Luna, con la negrura del espacio como único telón de fondo.

Etapa de ascenso del LM Challenger, un poco antes del acoplamiento con el CSM América. Cernan puede verse por la ventanilla de la derecha:



Cernan y Schmitt en el interior del cohete América. Misión cumplida:



15 minutos antes de la re-entrada en la atmósfera de la Tierra, la cápsula se separó del módulo se servicio. 

Un cielo azul radiante saludó a los astronautas mientras descendían directos el Océano Pacífico el día 19 de diciembre de 1.972. 
La cápsula América chocó contra la superficie del mar a las 19:25 UTC, dando de esta manera por finalizada la misión Apolo 17.

Fueron recogidos por los helicópteros del USS Ticonderoga algunos minutos después. 

Los tripulantes estaban en buenas condiciones, excepto por leves irritaciones en la piel causadas por los bio-sensores y una vejiga que le salió a Cernan en el labio superior. 

Cernan y Schmitt habían pasado 3 días en la Luna (75 horas), incluyendo 23 horas y 10 minutos sobre la superficie lunar, recorriendo 38 kilómetros con el rover. 

Los dos astronautas tomaron 2.243 fotografías y recogieron 111,4 kilos de rocas lunares. Un gran broche final para un programa histórico.

La cápsula del Apolo 17, varios segundos antes de chocar con la superficie del Océano Pacífico:


Los astronautas llegando al USS Ticonderoga:



Si miramos las imágenes del Apolo 17 es difícil de creer que haya pasado tanto tiempo. 

Las fotos del programa Apolo podrían pasar por actuales sin problema alguno. Y sin embargo... hace ya cuarenta años de todo aquello. 

No es de extrañar que haya gente que crea que jamás ha pisado el hombre la Luna. 

La hazaña de las misiones Apolo parece un sueño olvidado, una oscura leyenda de héroes que se atrevieron a viajar más allá del reino de lo humano en una época en la que todo parecía ser posible. 

El programa Apolo fue fruto de la Guerra Fría, sí... pero al mismo tiempo nos mostró de lo que el ser humano es capaz como especie.

Hace 4 décadas la tripulación del Apolo 17 vivió durante tres días en la superficie de la Luna. Cuando volverá el hombre a la Luna?? Y lo que es más importante, quién lo hará??

40 años después, la etapa de descenso del Challenger, el rover y las huellas de los 2 astronautas siguen intactas en la superficie de la Luna:

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