28 septiembre 2013

Ideas para timar a tu banco.-

Los rusos ya se sabe, bestias como ellos solos y haciendo cosas impensables. En este caso un ruso impuso sus propias condiciones al banco, utilizando para ellos las mismas argucias que estos suelen practicar con sus clientes. Además, el ruso les reclama 800.000 dolares por infringir el contrato que él les propuso.

El asunto es el siguiente:

Un ruso hizo lo que muchos sueñan: imponer sus propias condiciones a un banco utilizando las mismas argucias que estos practican con sus clientes. Además, ahora reclama a la entidad 727.000 dólares por infringir el contrato que él les propuso.

Resulta que el banco Tinkoff Credit Bank Systems (TKS), que es uno de los bancos en línea más importantes que hay en Rusia, en el 2.008 ofreció a Dmitri Agárkov una tarjeta de crédito. Para conseguirla, este residente de la ciudad de Vorónezh de 43 años tenía que imprimir y firmar un contrato que la entidad le mandaba. 

Pero el ruso escaneó el contrato original, introdujo modificaciones sustanciales y le remitió a la empresa su versión del documento. El personal del banco no se dio cuenta de los cambios y en pocos días mandaba a Agárkov su tarjeta de crédito bajo las condiciones que él mismo había fijado. 

El nuevo documento establecía que la cuenta no tendría cargo alguno para el contratante. Además, contenía una serie de cláusulas que multaban al banco por cada modificación unilateral del contrato: de acuerdo con el texto firmado entre el cliente y TKS, el ruso debía de ser indemnizado con una suma equivalente a 97.000 dólares por cada cambio unilateral que realizara la empresa. 

El nuevo documento estipulaba también que al cliente le correspondían otros 185.000 dólares en caso de que el banco cancelara dicho contrato.   

En el 2.010, el banco canceló la tarjeta de Agárkov debido a atrasos en los pagos y dos años después demandó a Agárkov para obtener el dinero que según el banco se le adeudaba por tasas de interés impagadas, en total 1.567 dólares. Sin embargo, el tribunal decidió que el contrato firmado en 2.008 era totalmente válido al considerar que el cliente tenía derecho a proponer sus propias condiciones. 

El banco ruso se justifica arguyendo que cuando dio el visto bueno a la propuesta del cliente la entidad estaba empezando su actividad y los criterios de formalización de contratos todavía no estaban muy bien definidos. 

Pero Agárkov no está de acuerdo y exige a TKS 800.000 dólares por haber violado varios de los puntos estipulados por el documento de contratación de la tarjeta, uno de los cuales era la prohibición de rescindir el acuerdo unilateralmente, infracción que según las condiciones impuestas por Agárkov se penalizaba con una multa de 196.000 dólares. 

El banco ha asegurado que, en lugar de esta cuantiosa compensación, el ruso recibirá una condena de cuatro años de cárcel por fraude. Pero Agárkov no cede en su empeño y opina que los únicos culpables son los empleados del banco, que firmaron unos documentos sin leeros. La próxima audiencia está prevista para el mes de septiembre.

Ya veremos quién gana el caso finalmente, si el ruso o el banco. El caso es que en principio, no es mala idea probar a hacer lo que hizo el ruso, por lo menos hacerlos que se molesten y que tengan que releer la letra pequeña de todos los contratos... estaría bien.

1 comentario:

  1. No es mala idea administrar la misma medicina que ellos predican.

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