06 julio 2014

Hashima, la isla abandonada de Japón.-


En la costa de Nagasaki, en Japón, hay una isla abandonada muy famosa, la isla de Hashima, también apodada "barco de guerra" en japonés, por la forma que adquirió cuando fue amurallada para protegerla de los envites del mar.

La fascinación que suele despertar contemplar una ciudad moderna abandonada como Prypiat o Varosha, se debe a la estampa apocalíptica que supone ver hecho realidad el futuro que espera al mundo cotidiano que nos rodea, ciudades bulliciosas, convertidas en naturalezas muertas, con sus sombras fantasmagóricas y sus calles desiertas, sus edificios deshabitados que van descomponiéndose poco a poco con el paso del tiempo.

Pero Hashima es especial, no fue abandonada por causas de fuerza mayor, como un desastre nuclear o una guerra, fue dejada de la mano de Dios por motivos económicos.

Cuando se cerró la única explotación minera que tenía la isla, los trabajadores perdieron su trabajo de un día para otro y no les quedó más remedio que abandonar la isla; seguidos por todo el sector subsidiario y de servicios creados a su alrededor, todo se fue desmoronando como un castillo de naipes.

Hashima va recibiendo a sus primeros habitantes en 1.887, cuando se descubre una veta de carbón en el subsuelo marino, a unos 200 metros por debajo del nivel del mar; pero hasta 1890, no se empieza a explotar de forma industrial, fue cuando la empresa Mitsubishi compró la isla en plena revolución industrial japonesa.

En la imagen, la isla a finales del siglo XIX y como quedó después de amurallarse:


La isla está encuadrada en un grupo de islas pequeñas, algunas de ellas deshabitadas, todas situadas cerca de la costa.

El hormigón fue poco a poco comiendo terreno al mar y en 1907, todo el litoral fue amurallado para protegerlo de los frecuentes tifones y el fuerte oleaje:


En 1916, la mina producía 150.000 toneladas de carbón  y en sólo 30 años, pasó de estar deshabitada a tener una población de 3.000 personas, por lo que Mitsubishi se planteó su edificación y así proporcionar alojamientos más estables.

El primer bloque de apartamentos construidos, fue una mola de hormigón de 6 pisos con balcones de madera, todo siguiendo una arquitectura gris y funcional que caracterizaría al resto de edificios posteriores. Se llegaron a alcanzar hasta 10 plantas unidas entre sí por un laberinto de estrechos pasillos, escaleras y corredores. En la foto, el edificio contiguo al hospital:


En 1907, se construye el residencial Nikkyu, justo en el centro de la isla, eran un complejo de apartamentos en forma de "E" y se convirtió en el edificio más alto de Japón. En 1918 se construyó el siguiente bloque y así se levantaron 30 edificios de apartamentos en unos escasos 1,2 kilómetros cuadrados que tenía la isla.

Mientras durante la segunda guerra mundial, la construcción se paralizó en todo Japón, en Hashima se seguí construyendo, ya que el esfuerzo bélico demandaba una alta cantidad de carbón.

En 1941, cuando el Japón imperial atacaba Pearl Harbour y entraba en conflicto con los Estados Unidos, la mina estaba entregando una media de 400.000 tonedadas de carbón anuales y se empezaron a producir los episodios más oscuros de la isla.

600 presos coreanos y una cantidad indefinida de presos chinos fueron trasladados a Hashima para ponerlos como esclavos en la explotación minera, de los cuales 1.300 murieron en accidentes, por malnutrición o enfermedades para cuando en 1945, la bomba lanzada sobre Nagasaki hizo temblar los edificios de la isla, poniendo punto y final a la guerra.


Uno de los esclavos coreanos supervivientes, Suh Jung-woo, describió el trabajo tan peligroso de la mina, donde había continuos accidentes que se cobraban 4-5 vidas todos los meses.

A la mina se accedía mediante un ascensor que llegaba hasta una gran cámara y desde este vestíbulo se excavaban estrechos túneles para extraer el carbón por debajo del lecho marino.

Era constante el peligro por derrumbamiento, teniendo todo el peso del mar encima y siempre amenazando con inundar túnes en cualquier momento, además de que aparecían muchas bolsas de gas cuya inhalación resultaba fatal.

En la imagen, las famosas "stairway to hell" o "escaleras del infierno"... se llamaban así porque por ellas iban los trabajadores desde la ciudad al otro lado de la isla donde estaba la mina:


Los esclavos recibían como sustento sobras de alubias mezcladas con algo de arroz y una masa informe de sardinas. Cincuenta esclavos se suicidaron arrojándose al mar desde las murallas, intentando alcanzar la isla de Takashima que estaba "cerca" pero ninguno llegaba.

Mitsubishi, lo mismo que otras empresas niponas, se ha negado siempre a pedir disculpas por el uso de esclavos durante la guerra.

Con Japón en la postguerra y la capital arrasada por la explosión nuclear, Hashima volvió a vivir una segunda edad de oro, curiosamente gracias a otra guerra, la de Corea entre 1950-1953, cuando se volvió a disparar la demanda de carbón.

En 1959 se convirtió en el sitio con mayor densidad de población de la Tierra, tenían 83.500 personas por kilómetro cuadrado, vivían hacinados en la porción de isla que no era terreno de la mina, o sea, en prácticamente todos los rincones de los 720 metros cuadrados restantes a lo largo y alto:


En los edificios, aparte de gente hacinada, proliferaban los cafés, restaurantes, clubs, casas de juego, una escuela con patio y gimnasio, un hotel, guardería, un hospital con ala de aislamiento, peluquería, 25 tiendas, un templo budista, pista de tenis, un cine-teatro, una oficina de correos, comisaría, baños públicos y por supuesto no podía faltar un burdel:


Cuando llegaba un trabajador a la isla para quedarse, la mayoría de las veces iba acompañado de su familia, desembarcaba en el puerto, donde una especie de "hall" casi a ras del mar, daba acceso a un largo y tenebroso túnes que desembocaba en la ciudad.

Después permanecían alojados en el hotel hasta que encontraran alguna vivienda libre en los apartamentos. Se enfretaban a una rígida organización jerárquica de clases en lo relativo a la asignación de pisos.

Si el trabajador era soltero o pertenecía a una sub-contrata, se le instalaba en los pisos viejos de una sola habitación, con baños y cocinas comunales. Si era empleado de la Mitsubishi y llegaba con toda su prole, se le daba un piso con dos habitaciones de 10 metros cuadrados cada una con cocina y baños propios:


Los maestros, médicos, oficiales de primera y personal relevante, vivían en apartamentos similares pero más lujosos y el director de la mina tenía la única casa particular de la isla, construida de forma simbólica en el punto más alto del enclave:


A finales de  los 60, el petróleo empieza a sustituir al carbón como combustible y son numerosas las minas que iban cerrando en todo Japón.

Mitsubishi fue trasladando paulatinamente a los trabajadores de Hashima a otras zonas y el 15 de enero de 1974, se celebraba una ceremonia en el gimnasio del colegio para anunciar el cierre de la mina.

En la imagen, el colegio visto desde el patio a la izquierda y visto desde la pista de tenis contigua al hospital a la derecha:


Los habitantes empezaron entonces con su precipitado éxodo, en 4 meses abandonaron todos la isla, sin trabajadores de la mina, la escuela, las tiendas, los clubs, perdieron toda su clientela.

La mayoría se fueron con lo justo, porque al tener un destino incierto, no podían llevarse con ellos los electrodomésticos y los muebles.

El 20 de abril de 1974, un día gris y lluvioso, embarcaba el último residente de la isla, mirando con tristeza los edificios abandonados debajo de su paraguas mientras se alejaba en el transbordador:


La conclusión es que una ciudad moderna como otra cualquiera, quedó abandonada de repente, dejando atrás edificios en perfecto estado de funcionamiento. La de horas de trabajo invertidas en la mina y todas las vidas allí perdidas, tras la extracción de 17,5 millones de toneladas de carbón:


Se ha querido ver en Hashima una recreación de la sociedad japonesa en miniatura y extrapolar a toda ella su destino. Se ha criticado la sobredependencia del país en las exportaciones, la extenuación de los recursos naturales hasta el límite, la urbanización salvaje que no dejaba ni una sola zona verde cultivable, la falta de previsión, ya que nadie contaba con que la mina cerraría algún día. 

Incluso el gobierno japonés empleó fotos de la ciudad en anuncios donde se conminaba al ahorro energético.

Mucha gente que visita Hashima regresa impresionada con lágrimas en los ojos, tal vez intentando buscar un sentido a lo que han visto y darse cuenta de que no lo hay.

En una pintada que alguien realizó sobre una desconchada pared reza: "la vida nunca volverá a esta isla":


Hoy día, Hashima es una ciudad fantasma que alberga una especie de museo de los años 70 a punto de desmoronarse.

Los edificios están bastante más dañados de lo que aparecen en las fotos, las calles están llenas de material caído desde las fachadas, cristales, maderas de vigas y balcones, cables y trozos de tuberías.

Muchas casas se pueden contemplar tal y como las dejaron sus habitantes, los platos en el fregadero, las estanterías con sus utensilios, los electrodomésticos...

El saqueo después de su abandono fue bajo al ser una zona de difícil acceso.

A partir del 2007 se realizan visitas guiadas a la isla.

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