26 diciembre 2014

La historia del Chrysler Building de Nueva York.-



Un billonario excéntrico decide darse un homenaje construyendo el rascacielos más alto del momento en el centro de Manhattan, (Nueva York), edificio que bautizará con el apellido familiar.

Una vez terminado el edificio, el magnate, tras haber costeado con su propia fortuna las obras y la decoración interior, sin reparar en todo tipo de lujos y detalles, decide que hasta ahí llegan los recibos y que no va a pagar al arquitecto.

Esta es la historia del famoso Chrysler Building, considerado uno de los rascacielos más atractivos jamás levantados y representativos de Nueva York.

Rascacielos que lleva con él una historia oscura desde el mismo momento en que se concluyó su construcción y fue inaugurado el 27 de mayo de 1930.

El potentado que lo levantó fue Walter P. Chrysler, dueño de la multinacional del automóvil que lleva ese mismo nombre y el arquitecto fue William Van Alen.

La decisión tomada por Chrysler hundió para siempre la carrera de Van Alen.

El edificio costó 20 millones de dólares de la época, que traducidos al dinero de hoy día, serían unos 270 millones de dólares.

Hacia la mitad de la década de 1920, se vivía la fiebre de construir el edificio más grande de Nueva York. Chrysler Building iba a competir con otras torres contemporáneas, sobre todo con el Manhattan Trust Building y el Empire State Building.

Las alturas finales de estos proyectos se mantenían en secreto junto con los detalles estéticos.

El terreno en principio fue concedido al promotor William H. Reynolds, que en 1928 contrataba a Van Alen para diseñar el rascacielos más grande del mundo.

Pero a finales de 1928, Walter P. Chrysler compró el proyecto, después de que Reynolds no lograse encontrar la financiación necesaria para poder continuarlo.

En la imagen de la izquierda se puede ver a Walter Chrysler y a la derecha a Van Alen:




William Van Alen, había estudiado arquitectura en 1890, en un taller fundado por el francés Emmanuel Louis Masqueray, que también era arquitecto y tras ganar un premio, estuvo muy influenciado por el estilo "Art Deco", un arte ecléctico que hacía furor en tierras galas, extendiéndose por el resto de Europa y después por Norte América.

Van Alen por lo tanto, había planificado levantar una torre "Art Deco" junto a Reynolds, pero al cambiar el proyecto de manos, lo adaptó a la simbología del automóvil colaborando mano a mano con el propio Walter P. Chrysler.

La cúpula metálica, fabricada con una aleación de acero resplandeciente, estaba inspirada en los radiadores frontales de color cromado que tenían los coches de la época:




La espiga fue fabricada en secreto en lo alto del propio edificio, para no dar pistas sobre cual sería su altura final.

Tenía otros detalles metálicos como las gárgolas, tapacubos o los murales interiores que siguen la misma simbología automovilística.

El edificio está construido en forma de pirámide escalonada porque en 1930 seguía vigente una ley promulgada en Nueva York de 1916, que exigía este tipo de estructura en los edificios muy altos, para que la luz del sol pudiera llegar a las calles.

Van Alen aprovechó esos escalones para colocar dos tipos de gárgolas. Las más impresionantes son las águilas del segundo escalón del piso 61:




Este detalle hace que la torre parezca sacada de un cómic, una película de Batman o una narración gótica.

Las gárgolas del primer escalón son una reproducción gigante de la pieza decorativa que llevaban en 1930 los Chrysler, justo encima del radiador:




Las incrustaciones cilíndricas en metal que han en las paredes, son tapacubos, sacados también de los coches Chrysler.

Cuando el Chrysler Building fue inaugurado, Van Alen acababa de construir la torre "Art Deco" más impactante de la historia y por un breve periodo de tiempo, fue el rascacielos más alto del mundo, con 318,9 metros de altura, en los que se incluían 77 pisos y la enorme aguja rematando la cúpula.

Sin embargo a Van Allen le empezaron a llover las críticas de otros arquitectos, tal vez fueran sinceras o tal vez por envidia.

La obra fue calificada como "carente de significado" o "falta de sentido orgánico". La controversia entre los expertos era tal, que incluso se puso en duda que el edificio fuera "Art Deco", (discusión que aún sigue vigente).

En la imagen inferior el Crysler Building visto desde el aire, parece una nave espacial retro a punto de despegar:




En sólo un año, en 1931, el Empire State Building, lo superaba como rascacielos más alto del mundo, restándole parte del interés.

Aún así el Chrysler sigue siendo en la actualidad la mole de ladrillos más alta que existe.

Además, en 1930 estaba mucho mejor emplazado que el Empire State. Situado en la calle 42 con Lexington, en medio de Manhattan, Walter Chrysler había logrado firmar contratos con inquilinos incluso antes de terminar las obras.

El Chrysler Building no había sido concebido como un activo inmobiliario de su empresa, sino como una propiedad privada para dejar a sus hijos que no estaban interesados en los coches.

En la imagen, la calle 42 en la década de 1930:




El edificio tenía un pasadizo subterráneo por debajo de la avenida Lexington que permitía a sus inquilinos acceder directamente a la estación de metro.

La compañía Chrysler se reservó una sala de exposiciones para mostrar sus vehículos en escaparates a ras del suelo, el llamado "Salón Chrysler", incluyendo espacios para sus oficinas, aunque su sede principal seguí estando en Detroit. El resto estaba en alquiler.

En la imagen, el salón donde una plataforma giratoria mostraba los vehículos a través del escaparate a la calle:




Uno de sus primeros inquilinos fue Juan Trippe, dueño de la Pan Am, donde ubicó su despacho hasta que construyó su propio edificio en 1963. La petrolera Texaco alquiló 14 plantas.

Mientras tanto, el Empire State, en la 34, permaneció prácticamente vacío hasta 1950 ganándose el apodo del "Empty State Building" porque estaba muy a desmano del transporte público y de los entonces centros neurálgicos neoyorkinos.

El siguiente revés para Van Alen fue cuando Chrysler se negó a pagarle su minuta. En la carrera por iniciar la obra cuanto antes, Walter había comprado el proyecto pero no firmó ningún contrato con Van Alen. Los dos se lanzaron a trabajar en la torre sin tener en cuenta ese detalle.

En la imagen, la cúpula iluminada por la noche, golpe de efecto maestro, no superado por ninguna otra torre del "skyline" en Nueva York:




Cuando Van Alen quiso cobrar por su trabajo, pidió el 6% del presupuesto inicial para el edificio que había sido de 14 millones de dólares, o sea, 840.000 dólares. Este era el porcentaje habitual que los arquitectos cobraban en las obras de Nueva York.

Traducido al dinero actual y teniendo en cuenta la inflación, serían alrededor de unos 8,5 millones de euros, dinero que Chrysler se negó en rotundo a desembolsar.

Van Alen llevó a Chrysler a juicio, el tribunal le dio la razón y ganó el pleito, pero sentenció para siempre su propia carrera.

Tras la demanda, se labró fama de arquitecto problemático (léase mete-ruinas) y nadie quiso volver a contratarle jamás, cancelándose varios proyectos que ya tenía apalabrados.

Por otra parte, mientras que el Chrysler Building estaba en obras, se produjo el crack bursátil de 1929 al que siguió la terrible depresión de la década de 1930. En esos años, no quedaron muchos promotores que se atrevieran a acometer nuevos proyectos faraónicos en la gran manzana.




Tal vez la depresión y el crack motivasen que Walter Chryler se negara a pagarle la minuta a Van Alen, tal vez temiese que entre los proyectos apalabrados por el arquitecto, hubiera alguno que superase su propia torre.

Junto a las críticas que le llovieron a Van Alen, corrían rumores sobre quehabía estado autofinanciándose mediante el cobro de comisiones ilegales a las subcontratas que trabajaban en las obras, (nada nuevo bajo el mundo del ladrillo).

El caso es que entre las críticas y la ausencia de proyectos, el nombre de Van Alen se fue difuminando en el tiempo.

El arquitecto se tuvo que dedicar a dar clases de escultura el resto de sus días. Cuando falleció en 1954, nadie se preocupó de archivar sus notas ni sus planos o los futuros diseños que tuviera en mente, todo se perdió, por lo que no se sabe mucho más de su trabajo aparte de los visiblemente edificado.

Si alguna vez fue especialmente acertada la expresión de "es todo fachada", refiriéndose a un edificio, ese es el Chrysler Building actual, aunque no el de 1930.

Si se ve desde la calle, el viandante observa la cúpula, puede que se pregunte por las misteriosas habitaciones que se esconden tras esas ventanas triangulares, imaginándose espacios imposibles e impactantes decoraciones "art deco".

Pero la realidad es que el turista actual, sólo puede visitar el vestíbulo (lobby en inglés) de 7 de la mañana a 6 de la tarde, echar un vistazo a las puertas de los ascensores desde lejos, consideradas piezas maestras del "art deco", ver la parte baja de las escaleras y poco más.

En la imagen, parte del lobby y las puertas de los ascensores... fin de la visita:




No se puede subir a los pisos superiores, ni a la cúpula, ni ver las gárgolas, excepto si se acude con cita previa a las oficinas actualmente abiertas para tratar asuntos de negocios. Se aluden motivos de seguridad tras los atentados del 11/S, pero la realidad es que en este edificio ya no queda nada por ver.

La fachada exterior incluyendo la cúpula, el lobby y los ascensores han sido restaurados, pero el interior se ha descuidado durante décadas hasta el punto de que no queda nada de la decoración original.

Las estancias más atractivas han sido demolidas. Las oficinas actuales están remodeladas con el mismo gusto chabacano que cualquier oficina de hoy día. 

En la imagen, la oficina del arquitecto Frank Campione en la planta 70. El espacio está alquilado al dentista que trabaja al lado:




Uno de estos espacios fue el alucinante observatorio "art deco" que existió en la planta 71. Estuvo abierto entre 1930 y 1945; subir a verlo costaba 50 centavos de la época, unos 5€ actuales:




Walter Chrysler colocó en una vitrina la primera caja de herramientas que tuvo, a modo de recordatorio, "ahora estamos en las nubes pero empezamos desde abajo". Las lámparas representan el planeta Saturno y el techo estaba decorado con un firmamento al estilo "art deco" (que pesados con el art deco):




En 1945 se clausuró porque los ingresos que generaba no eran rentables. Posiblemente porque el Empire State era una torre más alta y contaba con una plataforma abierta en el techo con mejores vistas (paradójicamente al propio Chrysler Building) y mitificada por películas de Hollywood, la primera versión de King Kong, el melodrama "An affair to remember" con Cary Grant y Deborah Kerr.




Tras cerrarse el observatorio fue completamente desmantelado. Entre las décadas de 1950 y 1960, alojó al equipo electrónico de un repetidor de televisión, del cual, a fecha de hoy día, aún quedan restos de cables tirados y escombros.

Si fuese restaurado ahora, sería toda una atracción con cientos de visitantes.

En 1945 se clausuró porque los ingresos que generaba no eran rentables. Posiblemente porque el Empire State era una torre más alta y contaba con una plataforma abierta en el techo con mejores vistas (paradójicamente al propio Chrysler Building) y mitificada por películas de Hollywood, la primera versión de King Kong, el melodrama "An affair to remember" con Cary Grant y Deborah Kerr.

Debajo del observatorio se encontraba el "Cloud Club" o Club de las nubes, ocupaba tres pisos entre las plantas 66-67-68. Fue creado por petición de Texaco tras alquilar 14 pisos antes de que el edificio estuviese terminado.

Texaco quería un lugar donde sus ejecutivos pudieran almorzar sin tener que abandonar la torre y a Walter Chrysler le pareció una buena idea, concibiendo una mezcla entre club privado de caballeros y restaurante:



Este selecto club, tuvo 300 socios, se accedía por el piso 66 donde había un lujoso salón de entrada, decorado con toques medievales y una sala de "grill" contigua.

Al restaurante principal, que estaba en la planta 67, se accedía por unas majestuosas escaleras renacentistas de mármol. La decoración aquí era más "art deco" si cabe, plagada de murales pintados con motivos industriales. En el mismo piso 67, tanto Walter Chrysler como Texaco, contaban con dos comedores privados.

En la planta superior había una sala de fumadores con chimenea, un barbero, sillones, humidificadores para puros y taquillas personales donde los socios guardaban sus alijos personales de bebidas espirituosas durante los años de prohibición.

El Cloud Club transmitía sensaciones de espacio pequeño porque en parte estaba ocupado por las cocinas, una pequeña centralita de teléfonos y una recepción. Los asistentes comían a la carta mientras escuchaban el fuerte viento silbando en el exterior. Sólo se abría a la hora de comer, cerraba por la tarde-noche, no se admitían a mujeres y nunca celebró fiestas o shows.




Este club marcó una tendencia en Nueva York, los ejecutivos más importantes comían en lo alto del rascacielos, siendo el primero de muchos en otras torres como el Rockefeller Center Club, en el piso 65 del Rockefeller Plaz, el Hemisphere Club and Tower Suite, en la planta 48 del Time-Life Building, el Pinnacle Club, en las plantas superiores del Socony-Mobil Building y el Sky Club, en la planta 56 del Pan Am Building, que Juan Trippe abrió copiando la idea cuando se trasladó a sus nuevas instalaciones.

Justo encima del Cloud Club, en los pisos 69 y 70, Walter P. Chrysler instaló un enorme apartamento privado con lujosas salas, gimnasio, despacho, pista de squash y un cuarto de baño del cual solía alardear continuamente.

Walter se jactaba de poseer el retrete situado a mayor altitud de Nueva York, con vistas a toda la isla de Manhattan, que debía contemplar deleitado cuando se sentaba en lo que el mismo llamaba su "trono". No se conservan imágenes del mismo, pero sí de su segundo trono, el despacho que tenía en la sección para la compañía Chrysler:




Así que una de esas misteriosas habitaciones que escondía una de las ventanas triangulares de la resplandeciente cúpula, no era otra cosa que un retrete con vistas.

De lo que fue este apartamento y su trono, ya no queda nada hoy día. El entresuelo de las dos plantas fue echado abajo y el espacio está ocupado por la consulta de un dentista.

Según David Michaelis, autor del libro "77 Stories. The Secret Life of a Skyscraper", por encima del piso 71, la cúpula no es habitable. En el exterior, meramente decorativo, las ventanas crean la ilusión que de hay 6 pisos más, has tale 77 pero técnicamente en vertical, sólo cabrían dos alturas adicionales hastas una hipotética planta 73. Una vez que se llega a la marca 77, resulta que hay escaleras que avanzan hacia la espiga como si en realidad hubiera otros 8 pisos.

La cúpula fotografiada por Margaret Bourke White:




El interior de la cúpula a partir del piso 71 contiene equipos electrónicos, los motores de los ascensores, un tanque de agua, un puesto de radio abandonado y escaleras de mano que permiten llegar hasta la aguja. Dentro de la espiga no hay más que un montón de vigas de hormigón entrecruzadas que la sostienen.

En la aguja la temperatura en invierno cae a 30 grados bajo cero o incluso más, por lo que colocaron dos ventiladores que expulsan aire caliente proveniente del interior del edificio para evitar que se forme hielo en el exterior y caiga a la calle y mate a alguien...

Las bajas temperaturas hacían que las antiguas bombillas incandescentes que decoraban las ventanas durasen sólo 60 horas. Un operario las reemplazaba semanalmente.

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