23 enero 2015

Codigo descuento ZOOPLUS

Desde tiempos inmemoriales, se supone que las mascotas tienen algún poder benefactor, capaz de alejar las desdichas y atraer la buena suerte y si encima son alimentadas utilizando uno de los códigos de descuento que ofrece Zooplus, crecerán más fuertes y sanas.




Independientemente de estas creencias totémicas, hace miles de años se sabe que el perro es el mejor amigo del hombre.

En estos días, la Estació de França se ha convertido en un arca de Noé, casi una prolongación del Parque Zoológico, con esas estructuras metálicas que hacen pensar en una jaula gigantesca para águilas reales o en la telaraña metálica de Eiffel.

A los ruidos habituales de toda estación ferroviaria, se suma ahora la algarabía de la fauna concentrada en una exposición de mascotas que vale la pena visitar, no tanto por el vasto inventario de animales de compañía que allí nos espera, sino por la lección sociológica que nos brinda.

Aparte de perros y gatos de campeonato, con sus trofeos, medallas y pedigrís, también hay cerditos, terneros, ovejas, cisnes, poneys, culebras, tortugas, peces, pájaros, monos, conejos ardillas, murciélagos y hasta coleópteros disecados. Toda esa diversidad expresa el amplio registro de la soledad humana. La gente recurre a cualquier bicho con tal de sentirse un poco más acompañada.

Pero últimamente es mayor la necesidad de los seres humanos de acercarse a los animales. Durante toda la exposición me dediqué a examinar la cara de la gente. No sólo el rostro iluminado de los niños, sino la alegría reencontrada de los adultos.

Una vez más, comprobé cuán solitaria se siente la gente en este estado del bienestar. O, dicho de otro modo, cuán grande es «el malestar de la cultura» de que hablaba el psicoanalista Freud.

Alguien cuyo nombre olvido dijo aquello de que «mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro».

En una sociedad donde todos nos llevamos cada vez peor, donde la guerra de los sexos y el paro tecnológico tienden a frenar el crecimiento demográfico, lo más prudente es buscarse un animal. Un perro. O un gato. O una cabra pirenaica. Incluso una serpiente venenosa. Cualquier cosa con tal que no sea un prójimo de la raza humana.

Esa es la enseñanza más profunda que saqué de ese tren de animales, cada uno en su vagón-jaula, que nos espera en la Estación de Francia. ¡Y por eso al final me compré un cocker spaniel!

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