23 febrero 2016

España no perpetró ningún genocicio contra los indios.-


Contaba Nietzsche que paseando Zaratustra por el campo encontró a un labrador en un apuro: una serpiente negra se le había deslizado dentro de la boca y estaba clavando sus colmillos en la garganta del pobre hombre, que apenas podía hacer otra cosa que pedir auxilio con ojos de espanto. Zaratustra se dirigió al campesino y le increpó: ¿Por qué gimes? ¡Muérdela! ¡Muérdele la cabeza y escúpela lejos!. 

La truculenta escena nos vale como figura de esas situaciones en las que nuestra razón o nuestra acción se quedan paralizadas por la superstición, el prejuicio, la culpa, el dogma o cualquier otro relato que sofoque la voluntad. Y este 12 de octubre, como sucede todos los años, hemos visto un montón de serpientes negras colgando de la boca de miles de españoles.

Llama la atención constatar cuántos compatriotas españoles han comprado el discurso del indigenismo impostado, de el genocidio que jamás existió, de la condena de España y del descubrimiento y conquista de las Américas. Si América es pobre, (es lo que vienen a decir), es porque España se lo robó todo. 

Al margen del detalle de que América no es pobre para nada, son muchos los estudios que demuestran que allí se quedó, como mínimo, la mitad de lo que se extrajo.

Si los indios sufren (dicen) es por el genocidio que España perpetró. 

Si España hubiera perpetrado un genocidio, hoy no existirían millones de indígenas en Sudamérica, (como ocurre en América del Norte que cuando llegaron los ingleses exterminaron a los indios).

Y los muertos que denuncia Las Casas??, dicen como quien ha encontrado el argumento definitivo. Son muchos los estudios que han demostrado que la mayor causa de mortandad indígena no fue la guerra ni la esclavitud, sino los virus, bichos cuya existencia se ignoraba en el siglo XVI (léase la compilación de Cook y Lovell Juicios secretos de Dios, ed. Abya Yala, 2000), pero, de poco sirven los estudios para quien ya ha decidido su verdad de antemano: la serpiente que se le aferra a la garganta.

La conquista de América, fue sin duda fue tan truculenta como todas las conquistas que en la Historia han ocurrido, corrió sangre, por supuesto. No hay más que leer a los cronistas de la época. 

Pero, no fue una guerra de españoles contra indios: ni Colón en La Española, ni Núñez de Balboa en Panamá, ni Cortes en México ni Pizarro en el Perú; habrían muerto de no haber contado con el apoyo de miles de indios (desde taínos en la Española hasta huancas y tallanes en Perú o tlaxcaltecas en México) que se unieron a sus filas para liberarse de la opresión a los que los tenían sometidos: caribes, méxicas o incas. 

España creó después allí su propio mundo y no lo hizo peor que los romanos o los árabes que antes habían estado en la Península Ibérica. Incluso lo hicieron bastante mejor. Nadie antes había prohibido esclavizar a los vencidos y España fue el primer país que lo prohibió en 1.504. 

Nunca antes se habían dictado leyes de protección laboral para los siervos (indígenas) y España lo hizo desde 1.512. 

Nunca nadie antes se había reconocido la dignidad humana de las poblaciones dominadas y España lo hizo en las Leyes de Indias. 

Nunca nadie antes había sometido a juicio moral la legitimidad de sus conquistas y España lo hizo en la Controversia de Valladolid de 1.550-1.551. 

Se pueden seguir flagelando las espaldas, pero el hecho real y objetivo es que la conquista de América, lejos de ser una empresa depredadora, significó un paso trascendental adelante en la conciencia de la humanidad.

Ya se ha impuesto la costumbre de que el 12 de octubre hay que conmemorar la "resistencia indígena" contra el "opresor español".

La verdadera represión contra los amerindios, la más letal y cruenta, no fue la de los conquistadores españoles, sino la que acometieron las nuevas naciones sudamericanas después de la independencia. 

Los españoles vencieron a los charrúas, pero no los exterminaron. Quienes los aniquilaron fueron los uruguayos tras la independencia. 

Las guerras más feroces contra los mapuches no fueron las libradas por los españoles, sino las planificadas por Argentina y Chile entre 1.878 y 1.885, mucho después de la independencia. 

Fue también después de la independencia cuando se ejecutaron las campañas de eugenesia en Bolivia, que consistían no sólo en esterilizar a los indígenas, sino también en matarlos. 

Lo mismo en Colombia, Perú, Venezuela o México. En este último país, la desamortización de la ley Lerdo (1.856) condenó literalmente a morir por inanición a miles de indígenas que conservaban sus tierras desde la época colonial.

Para las naciones liberales ya independizadas, los indígenas eran un obstáculo. La mayor parte de ellos había combatido para la corona en las guerras de la independencia, como los propios mapuches y ahí estuvieron los caciques Lincopi, Huenchukiry Cheuquemilla, entre otros. 

Cuando la corona de España abandonó América, sólo un 30% de la población hablaba español. 

La construcción de naciones modernas exigía arrasar el campo y a ello se pusieron con ahínco las elites criollas. En 1.894 el historiador mejicano Joaquín García Icazbalceta escribía esto sobre los indios: "Y ahí están todavía, causando mil estragos, los restos de sus descendientes, que en tantos años no han tomado de la civilización sino el uso de las nuevas armas y que al fin será preciso exterminar por completo”. 

En 1.931, Alejandro O. Deustua lamentaba la existencia de indígenas en Perú y elogiaba a Argentina por haberlos exterminado ya. Todo ello mientras esas mismas elites criollas inventaban discurso reivindicando para sí la herencia indígena. Esa misma herencia que ellos estaban exterminando. ¿Quién habla hoy de genocidio?

Las élites criollas usurparon la identidad indígena, se calzaron el gorro de plumas mientras machacaban a los indios. Y, ¿qué han hecho con ese poder? Ya han pasado 200 años, España estaba devastada por la guerra con Francia, Alemania e Italia aún no existían, los Estados Unidos eran una inconexa aglomeración de territorios en la costa atlántica norteamericana, Australia no era más que la colonia penal de Nueva Gales del Sur y el salario de un campesino europeo, (según Humboldt) era bastante menor al de un labrador mejicano. 

Los países sudamericanos, son un mundo de enormes promesas, con muchas riquezas naturales.

La fortuna de Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, se ha multiplicado por 40 desde que alcanzó el poder: de dos millones de pesos a 85 en doce años. La fortuna de Evo Morales, según la Contraloría General del Estado de Bolivia, se multiplicó por cinco en apenas seis años de mandato. Maduro y las hijas de Chávez gastan 2,7 millones de euros diarios, según denunció la oposición basándose en las propias cifras oficiales. 

La investigación sobre la Banca Privada de Andorra puso al descubierto el sucio tráfico de dinero negro de la oligarquía venezolana. Esas nuevas oligarquías, subidas en la cima de una montaña de oro, responden al pueblo que les grita “¿Dónde está nuestro dinero?” y ellos contestan: “¡Se lo llevaron los españoles!”. Y en España no faltan almas simples que están dispuestas a decir, que sí, que la culpa es nuestra. Hay que ser "mú tonto"...

¿Genocidio? ¿cupla? ¿explotación?. Muérdele la cabeza y escúpela lejos, como la serpiente del desdichado campesino de Zaratustra.

Y echando un vistazo al enorme monumento ecuestre que le han levantado en Mongolia a Gengis Kan... parece que los mongoles no se sienten culpables de nada y eso que la liaron parda, anda que si llegan a descubrir América...


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