14 enero 2017

Que hacer si te tiran una granada de fragmentación.-

Si te has levantado hoy con la necesidad imperiosa de saber qué harías si alguien te lanzase a los pies una granada explosiva, esta es la explicación que dio Dan Rosenthal, un veterano de las dos guerras de Irak, que pertenecía a una unidad de reconocimiento. 


La situación sería la siguiente, le arrojan una granada que es una bola o cilindro metálico lleno de explosivo; entre 1 o 5 segundos es lo que va a tardar en explotar inexorablemente, salvo que falle.

Al estallar, la explosión hará añicos la cubierta metálica arrojando sus restos de metralla a un radio de alcance de unos 10 metros. Si se incrustan en partes vitales del cuerpo, esos trozos metálicos pueden matar a una persona o dejarla herida gravemente. 

La situación es descorazonadora aunque se puede sobrevivir a ella. La clave es que la mayor parte de los fragmentos serán lanzados de arriba a abajo y que no se tienen más de 5 segundos para reaccionar. 

La respuesta de actuación más correcta sería tirarse al suelo y permanecer lo más pegado posible a la superficie. Si hay algún elemento tras el cual protegerse, ese debería ser el punto de aterrizaje.

Es la misma reacción que se ve en las películas, excepto que bajo ningún concepto habría que intentar coger la granada y devolverla, lanzándosela a su emisario, tampoco salir corriendo.

Tres regalos típicos. De izquierda a derecha, una MK2, una M26 y una M67. Se han fabricado granadas con todo tipo de diseños y tamaños:


Al tirarse al suelo, con suerte, la mayor parte de la metralla pasaría por encima de nuestro cuerpo. Eso sí, hay que hacer algunas puntualizaciones que van en contra de las reacciones más instintivas. 

Si llevas un casco Kevlar como el que utilizan los soldados entonces hay que arrojarse al suelo con la cabeza apuntando hacia el artefacto. El material del que están hechos los yelmos modernos, es tá diseñado para aguantar el impacto de la metralla. 

Tirarse al suelo en sentido contrario o sea, con los pies apuntando hacia el explosivo, conllevaría el riesgo que uno de los trozos nos seccione la arteria femoral provocando una fuerte hemorragia y riesgo de desangramiento. 

Arrojarse sobre el terreno en posición lateral, con la granada apuntando a uno de nuestros costados, igualmente mala idea. Los soldados actuales llevan además del casco Kevlar, un chaleco antibalas cuyo punto flaco es justamente debajo de los brazos, ya que no suelen contar con protecciones laterales.

Y qué pasa si hoy has salido de casa sin tu casco Kevlar ni tu chaleco antibalas? Qué hago si me tiran una granada? 

Lo tienes crudo, no te queda otra solución que tirarte al sitio que más protección ofrezca, detrás de una mesa, en una zanja, la cabeza lo más alejada del artefacto posible, que esté cubierta con los brazos y esperar que con suerte la ambulancia llegue pronto. 

Nunca hay que intentar coger la granada para lanzarla de vuelta como se ve en los vídeojuegos y en las películas. Literalmente no hay tiempo, el explosivo puede estallar en cualquier momento desde el segundo cero tras aterrizar. 

Todo lo que no sea tirarse al suelo rápidamente es perder el tiempo entre balbuceos, la cojo, no la cojo o el acto en si de ir a por ella. Además el enemigo que nos atacó, posiblemente nos este también disparando. 

Otra cosa que no hay que hacer es tapar la granada con el casco de Kevlar y poner nuestro cuerpo encima, ni aún llevando chaleco antibalas. Aunque suene a cosa de película, eso mismo fue lo que hizo un cabo estadounidense Jason Durman durante la guerra de Irak en el año 2004. 

Así fue cómo quedó el casco del Cabo Jason Durman tras intentar tapar una granada con su casco y su propio cuerpo:


Durante un control de carretera, Jason Durman y sus hombres descubrieron un AK-47 oculto en el maletero de uno de los vehículos. El conductor trató de huir pero el cabo le alcanzó y se produjo un forcejeo, momento en el que al insurgente se le cayó una granada Mills 36M de fabricación británica. En ese momento a Durman no se le ocurrió otra cosa que tapar el artefacto con su casco y tumbarse sobre él, haciendo señas con sus manos para indicar a sus compañeros que se alejasen. 

No sirvió de nada, el casco puede aguantar impactos de metralla pero no toda una explosión integra. La granada hizo añicos el orinal, y Durman, sus dos compañeros y el insurgente, resultaron heridos.

El cabo fue evacuado pero murió poco después por daños cerebrales, eso sí, recibió a título póstumo el "corazón púrpura" y la prestigiosa "medalla al honor".

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