15 mayo 2017

Las mazmorras del Puente Nuevo de Ronda.-

Parece sacado de uno de los decorados de fantasía generados por ordenador que aparecen en películas como El Hobbit o El señor de los anillos, pero no es nada de eso, es una obra de ingeniería española que sigue en pie, aguantando el tráfico rodado tras más de dos siglos de vida es el Puente Nuevo de Ronda en Málaga.


La historia de este puente comienza algo más tarde de mediados de siglo después de la reconquista de la ciudad, que desde que se rindiera en el año 713 hasta finales del siglo XV, estuvo en manos de invasores sarracenos; sufriendo un período de profundo declive.

Ronda fue asediada por el rey Fernando el Católico, el cual tomó la plaza el 22 mayo de 1485.

La ciudad estaba situada sobre una meseta rocosa a 723 metros de altitud, que de forma natural estaba partida en dos secciones por un cañón llamado el Tajo de Ronda. Por esta garganta, discurre el río Guadalevín, que es una fuente del río Guadiaro.

El Puente Nuevo de Ronda visto de frente, la garganta llamada el Tajo de Ronda y la cascada que forma la caída del río Guadalevín:


El abismo discurre a lo largo de Ronda dividiendo la localidad en dos zonas, por un lado la ciudad y al otro lado el barrio del mercadillo, que comenzó a incrementar su actividad después de la reconquista.

Hasta el año 1734, sólo se podía cruzar de un lado a otro por el llamado Puente Viejo, de origen incierto y reconstruido varias veces, una de ellas en 1486 después de la toma de la ciudad.

Las primeras reclamaciones de un Puente Nuevo en la zona más alta de la garganta datan del año 1542, pero sus habitantes tuvieron que esperar hasta el año 1734, en uno de los puntos álgidos de Ronda, al que la economía y la ciencia pudieran salvar un obstáculo tan elevado.

Aquel año se construyó un primer puente malogrado, diseñado por los arquitectos Juan Camacho y José García, con un solo arco, éste era insuficiente para soportar el tráfico; así que en el año 1741 se vino abajo llevándose con él a 50 personas que lo cruzaban en ese momento, (ninguna fue indemnizada eh!!).

Imagen tolkiana e idílica del Puente Nuevo:


El actual Puente Nuevo, el que se puede ver hoy día, propio de un paraje de J.R.R Tokien, fue una obra de ingeniería que se prolongó durante 34 años, entre 1759 y 1793. El diseño inicial tuvo que ser modificado y fue realizado por Domingo Lois de Monteagudo, por entonces un arquitecto de renombre.

Pero Monteagudo abandonó el proyecto que estaba todavía incompleto en el año 1778, sólo los cimientos estaban construidos y un tercio de la base de las columnas inferiores. La obra era más ambiciosa de lo que parecía, así que se estancó en 1785.

Detalles de los tres arcos y el balcón de la sala central:


Pascual Ruiz, que era por entonces el administrador de Ronda, contrató a otro gran arquitecto andaluz de la época, José Martín de Aldehuela. Aldehuela modificó el diseño de Monteagudo con los tres arcos que se ven en la parte superior y un pequeño balcón, totalmente onírico, justo sobre el arco central. La ejecución de los planes de  Aldehuela, recayó sobre un ingenioso constructor de la localidad, Antonio Díaz Machuca, que ideó un sistema de poleas para lograr elevar los pesados bloques de piedra que conformaban la obra.

Desde la base hasta la pasarela superior a y 98 m de altura.

En el interior del puente, que es hueco, hay varios corredores y salas. La amplia estancia principal se abre por ese balcón onírico, ofreciendo una vista espectacular de la cresta y el paisaje.

Vista de la cara interior del puente y el Tajo de Ronda, la garganta por la que discurre el río Guadalevín. Otro de los muchos atractivos de Ronda es que algunos de sus edificios están construidos a pie de acantilado:


Algo que no estaba en la mente de Aldehuela, es que esos interiores se transformase en la cárcel local durante el siglo XIX. Cuando se detenía a algún delincuente en Ronda, lo encerraban en el puente.

Vista aérea del puente en la que se aprecian los 98 metros de caída y la profundidad de la garganta:


En la guerra civil española fue utilizado como mazmorras para presos políticos. El escritor Ernest Hemingway le dotó de una leyenda negra, en su famosa novela "For Whom The Bell Toll", Por quién doblan las campanas, donde se narra que los prisioneros eran arrojados desde lo alto del puente.

Después de la guerra civil se abrió un restaurante, el mesón del puente, donde los visitantes podían probar la cocina local.

El puente visto por la noche. La iluminación del balcón central está desaprovechada, esperemos que en un futuro a alguien se le encienda la bombilla: 


Actualmente esas salas se han transformado en una especie de exposición de mal gusto, con unas horribles pantallas electrónicas que pretenden explicar la historia del puente. Está claro que hubiera sido mejor conservar la solera, el mesón o incluso las mazmorras.

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