04 junio 2017

La disminución demográfica no es ninguna catástrofe.-

Un economista británico, Thomas Malthus, (que murió en el siglo XIX, ya está el hombre criando malvas), fue el primero que dijo que el mundo sólo se podría salvar el día que se siguiera una estricta política de contención demográfica, enfocada a limitar los devastadores efectos del desarrollo del planeta.

En los años 70, se acabaron los Treinta Años Gloriosos (1946-1975), donde se tomó conciencia de que la energía fósil había propulsado el auge de dicho periodo y que está no era inagotable.


Pero como la gente ya se ha instalado en un estado de confort que se niega a abandonar, su única obsesión consiste en saber cómo salir de esta crisis para seguir su carrera hacia delante sin preocuparse lo más mínimo por los daños colaterales que originan en su empecinado "cada vez más".

Las economías de los países se someten alegremente a esta norma consumista que dista mucho de favorecer a las economías duraderas que alaban con tanta falsedad.

Para que estas industrias funcionen se necesitan brazos y para tenerlos hacen falta cada vez más nacimientos destinados a asegurar el futuro del desarrollo progresivo. Es necesario un choque más grave todavía para explicarnos que a este ritmo el mundo corre abocado a su fracaso.

En medio de todo este desorden a nivel mundial, hay un país que está desarrollando una experiencia diferente: Japón (nos llevan años de ventaja).

Los dirigentes de este país tan poblado, han decidido oponerse a todas las ideas recibidas. En el año 2003 los periodistas del New York Times, el periódico máximo exponente del pensamiento oficial, escribieron que Japón tendría necesidad de 18 millones de inmigrantes desde entonces hasta el año 2050 si quería restaurar su "equilibrio demográfico" y seguir con su progreso en la senda del crecimiento que trazaron los pensadores de la globalización.

Pero los japoneses, orgullosos de su cultura ancestral, de sus milenarias tradiciones y de su gran cortesía, no cedieron a los cantos de sirena y se negaron a abrir sus puertas a la inmigración; prefirieron no correr el riesgo de alterar ese orden de las cosas arraigado en su historia.

15 años después, en el país sólo se han instalado algunas decenas de miles de inmigrantes, todos de habla japonesa, consiguiendo desesperar a los lobbys internacionales, que están viendo como Japón se está escabullendo de la sacrosanta normativa de los rabiosos que el desarrollo a toda costa.

La población japonesa disminuyó el año pasado en 400.000 habitantes, con un saldo migratorio nulo y todo ello de acuerdo con la voluntad de los dirigentes del país. Seguro que será larga esta impugnación del modelo que impera en el mundo y deberán de encontrar nuevos equilibrios, pero los japoneses han decidido que para ellos la reducción demográfica no es ningún problema. Y de esa manera han dejado que la población disminuya, al tiempo que fomentan industrias automatizadas. A pesar de un crecimiento prácticamente nulo del PIB, en Japón no existe el desempleo, mientras que el número de delitos por habitante es cinco veces menor que en Francia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...