28 agosto 2017

Prypyat saqueado tras el accidente de Chernobyl.-

Prypyat ha pasado a ser de vertedero radiactivo a ciudad fantasma habitada por: retornados, saqueadores, liquidadores, legiones de turistas e incluso okupas.


El 26 abril 1986 se produce la explosión de Chernobyl, después de forzar el reactor número cuatro durante unos ejercicios. La deflagración dejó el núcleo al aire y lanzó al exterior fragmentos del combustible radiactivo. Al poco tiempo se produjo la lluvia radiactiva; las partículas en suspensión del aire quedan irradiadas, son dispersadas en la dirección que sople el viento y van cayendo al suelo poco a poco, contaminando todo lo que toquen.

Empezaron por irradiar la ciudad de Prypyat donde estaba emplazada la central nuclear, después todas las pequeñas poblaciones en kilómetros a la redonda, el suelo, la vegetación, el ganado, los ríos...

Vista general de la ciudad de Prypyat cubierta por la nieve y abandonada. Las chimeneas que se ven al fondo pertenecen a la central nuclear de Chernobyl:


La explosión lanzó en un momento sustancias radiactivas hasta 1.500 metros de altitud. La alargan nube radiactiva se paseó por toda Europa, incluyendo Escandinavia, España y todo el planeta.

Hasta el día siguiente no se dictaminó la evacuación forzosa y permanente de los habitantes de Prypyat, bajo la consigna de "niños y mujeres primero". No sabían que la radiación que estaban absorbiendo se la iban a llevar consigo; sólo les dijeron que llevasen consigo lo imprescindible porque sólo iban a estar fuera tres días.

El motivo del engaño fue para que no cundiera el pánico y porque no había autobuses ni espacio suficiente como para evacuar a más de 55.000 personas, llevando a cuestas todos sus enseres.

Tuvieron que traer autocar es de este Ucrania a Prypyat, tanto los que la caravana alcanzaba los 150 km de largo.

Uno de los lugares más emblemáticos de Prypyat, el parque de atracciones Luna Park. Es precisamente uno de los puntos más contaminados de la ciudad, un laberinto radiactivo, donde las lecturas del dos y metro se disparan cada pocos pasos. Aún así hay turistas que van sin día y se suben en los coches para hacerse fotos:


Una enorme ciudad, con suburbios incluidos, es abandonada precipitadamente, dejando atrás sus infraestructuras intactas y todos los bienes de sus habitantes que nunca regresarían.

El 2 de mayo de 1986, las autoridades soviéticas declaran una zona de exclusión de 30 km a la redonda, controlada por el ejército, a la que nadie podía acceder a excepción del personal autorizado.

Bajo esta prerrogativa, un visitante que fuese a Prypyat, esperaría encontrar una ciudad congelada tal y como se quedó en el año 1986. Con sus coches aparcados en las calles, las tiendas con los productos que vendían en sus baldas, apartamentos amueblados... en principio una cápsula del tiempo, pero a la vez un suculento botín muy atractivo para saqueadores y ladrones.

Tanto los habitantes como los liquidadores que acudieron después a realizar los primeros trabajos de contención, desconocían los peligros de estar expuestos a la radiación, los ladrones lo ignoraban todavía más o sencillamente no les importaba nada.

Liquidadores recogiendo escombros radiactivos en el techo de Chernobyl, protegidos de mala manera con un peto de plástico, máscara de gas, una placa de plomo en la nuca, sólo podían permanecer trabajando 40 segundos antes de asimilar la dosis de radiación máxima. La niebla que se ve en la parte inferior de la foto, es la radiación dañando el fin de la cámara:


De profesión, liquidador. Profesión de riesgo, todos los liquidadores que se dedicaron a localizar las galletas radiactivas, recogerlas, mapearlas y después soltar escombros sobre el núcleo descubierto, murieron de la forma más horrible imaginable debido a la radiación, tardaron pocos días en hacerlo, los órganos internos se les van deshaciendo y sangrando por todos los poros de su cuerpo entre terribles dolores.

No existen cifras oficiales, pero ahí censos donde se estima que de 700.000 liquidadores reconocidos, a la larga murieron 70.000 y otros 185.000 quedaron con graves secuelas que arrastraría toda la vida.

Muchos liquidadores fueron forzados a realizar la limpieza, a otros los atrajeron con falsas promesas, dinero, militares a los que se prometió a cortar el servicio obligatorio. También fueron muchos voluntarios de buena fe que desconocían los riesgos. La radiación no se ve pero mata.

Tras la explosión de saqueos de Prypyat no tardó mucho en iniciarse, hay quien afirma que a los pocos días. Al principio la ciudad estaba controlada por patrullas armadas del ejército soviético y circundada por trabajadores descontaminando las calles. Se colocaron incluso alarmas en todos los accesos a los edificios, pero perdieron efectividad cuando el personal y las tropas se fueron retirando paulatinamente.

Durante el saqueo de Prypyat llegaron camiones de individuos vestidos con su buzo azul "de faena", que arramplaron con todo lo que encontrasen de valor: mobiliario, chatarra, tuberías... las principales carreteras de acceso estaban cortadas pero conocían las pistas de tierra por el bosque.

Los apartamentos abandonados también fueron saqueados uno por uno, se dice que no queda ni un solo piso en el que no hayan entrado los ladrones. Ese es el motivo por el que cuando vemos imágenes del interior de los edificios, se ven casi todas las puertas abiertas y las habitaciones vacías.

Se lo llevaron todo, televisores, tazas de váter, grifería, muebles, cocinas, ventanas, los enchufes de las paredes, puertas, cuando digo todos todo.

El ejército soviético era incapaz de controlar la entrada a toda la zona de exclusión y las autoridades se dieron cuenta de que los ladrones estaban esparciendo material es radiactivos por medio Unión Soviética. Ahora mismo hay un hombre en Ucrania tiene de agua del grifo que pasa por una tubería procedente de Pripyat o sentado en un retrete salido del mismo sitio.

El antiguo Hotel Internacional visto desde el parque que había enfrente de la fachada:


En una segunda fase, fueron las autoridades las que ordenaron al Ejército retirar de las calles todo material que pudiera tener interés para los saqueadores, mobiliario urbano como farolas, todos los vehículos, cableados, vallas metálicas; ese es el motivo por el que en las calles de la ciudad no queda nada, están vacías.

Anteriormente les habían ordenado matar a los animales que quedasen vivos, mascotas y ganado, porque sus pieles estaban contaminadas. Más tarde demolieron y enterraron todos los pueblos y granjas circundantes, unos 250 en total.

La tercera fase se inicia cuando se presenta otra oleada de saqueadores tras caer la Unión Soviética en 1991 y la zona de exclusión queda sin control, al disolverse las estructuras del antiguo ejército. Los portales de los edificios están llenos de materiales que los ladrones bajaron desde los pisos pero que finalmente no se llevaron.

Este es el único supermercado de Prypyat que nunca llegó a ser inaugurado. El mobiliario interior fue totalmente saqueado:


Hasta 1997 siguió funcionando una fábrica de equipos militares llamada Júpiter, cuando finalmente cerró, se convirtió en un nuevo objeto de deseo para los ladrones.

El saqueo afectó también a las zonas rurales dentro de la zona de exclusión, aunque por estas fechas había familias, sobre todo ancianos que decidieron regresar voluntariamente por su cuenta y riesgo a sus antiguas casas. Fueron apodados los retornados, se calcula que son unas 900 personas.

En la década del año 2000, la fauna experimentó cierta recuperación de manera natural y se reintrodujeron algunas especies como el caballo de Przewalski. Desde el año 2005 la población de estos caballos ha descendido a causa de la caza furtiva; también han aparecido "calvas" en los bosques por las talas furtivas de árboles.

A día de hoy el saqueo de Prypyat continúa, aunque el gobierno ucraniano volvió a endurecer las sanciones en el año 2007.

Contrariamente a lo que se piensa, la planta nuclear de Chernobyl no se paró ni se cerró en 1986; después del accidente siguió funcionando hasta el año 2000 con una plantilla de 3000 operarios que tuvieron que lidiar y asimilar la radiación remanente a lo largo de todo este tiempo. Sólo se les mandaba a casa cuando habían recibido la dosis que consideraba máxima debían asimilar.

Chernobyl tenía cuatro reactores operativos y dos en construcción. El que estalló en el año 1986 fue el reactor nº 4; parte de la plantilla se dedicó a clausurar este reactor, lo encofraron con hormigón y sacaron el combustible radiactivo.

Otra parte de los trabajadores siguió operando los reactores 1, 2 y 3, que seguían cargados de combustible, hasta que el último, el reactor nº 3 se cerró en el año 2000.

El cementerio de vehículos militares que se utilizaron durante la liquidación, altamente irradiados. Éste parque de camiones, automóviles y helicópteros era un peligroso laberinto nuclear. Todos los vehículos fueron enterrados, por lo que hoy en día ya no existe:


El resto de personas se dedicaron a descontaminar la ciudad, regaba los edificios con mangueras de agua, levantaron toda la tierra para sustituirla por otra limpia, integrando materiales y otras tareas insólitas.

El reactor nº 1 había sufrido una fusión del núcleo parcial en 1982, un incidente que jamás se hizo público pero no se clausuró hasta noviembre de 1996. El nº 2 sufrió un incendio en 1991 provocando su cierre.

Desde el año 2000, los trabajadores de Chernobyl se centran en deshabilitar la central. El reactor nº 4 necesita un sarcófago ya que parte del techo del encofrado original se hundió en el año 2013 (a estos habría que darles un premio Darwin, que menos...).

Los otros tres reactores requieren que se traslade el combustible radiactivo a instalaciones de contención, tarea que no se espera que esté completada hasta el año 2022. Después deberían de ser encerrados en sarcófagos, tal vez estemos hablando del siglo XXII.

Pripyat es una ciudad de contrastes, sus calles están limpias aunque algunas están llenas de vegetación, en los jardines crecen flores, hay grandes árboles. No hay muchos transeúntes pero cabe la posibilidad de cruzarse con gente, trabajadores, militares, retornados, turistas de excursión.

Algunos de los nuevos liquidadores que construyen el segundo sarcófago para el reactor nº 4 viven allí mismo, en apartamentos que se han mantenido cuidados.

Hay okupas en los pisos abandonados; no son residentes, sino turistas ilegales que deciden quedarse varios días, sin pasar por los puestos de control ni pagar el permiso de entrada.

Un okupa durmiendo en uno de los apartamentos abandonados:


A Prypyat acuden unos 10.000 visitantes al año, cada uno paga algo más de 100 € por el permiso de entrada, además del viaje, el guía turístico y la estancia si acaso. Las matemáticas hablan por sí mismas, más de 1 millón de euros al año sólo por permitir el acceso a lo que de otra manera no sería más que un vertedero radiactivo.

En medio de la ciudad hay una parada de autobús que funciona, en ella se puede coger un autocar que te deja en Kiev (sigue haciendo falta permiso para salir entrar de la zona de exclusión).

También ahí un hotel en el que se puede pasar la noche por unos 10€, el antiguo cine se ha reconvertido en un supermercado, la Iglesia ortodoxa de San Elías fue restaurada en 1999 y desde entonces se celebran ahí los servicios religiosos.

Visitar Prypyat no deja de ser una actividad de riesgo, puede causar daños irreparables y permanentes a la salud. 

El nivel de contaminación radiactiva ha ido decayendo, se dice que estando dos días en Prypyat una persona recibiría una dosis de radiación equivalente a hacerse una radiografía o tomar un vuelo transoceánico.

Un edificio de apartamentos representativo de la época, porque estaba coronado con símbolos soviéticos:



De los isótopos radiactivos que soltó la explosión, el yodo 131, que tuvo un rol inicial importante en el proceso de contaminación, se descompuso de forma natural en días porque tiene un ciclo de vida muy corto.

La mayor parte de la contaminación actualmente, está causada por isótopos radiactivos de cesio y estroncio, que tienen una vida media de 30 años y aunque han decaído, seguirán estando activos varias décadas.

Como ocurre en las ciudades modernas abandonadas, las calles terminan siendo tomadas por la vegetación. Las fachadas de los edificios fueron descontaminadas y la tierra del suelo fue cambiada por sustratos limpios:


Los más duraderos son los isótopos de americio y plutonio, tiene una vida de varios miles de años aunque sus efectos son más bajos en el cuerpo humano (en Pripyat). Se calcula que Prypyat volverá a ser totalmente habitable dentro de 20.000 años.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los niveles de radiación son diferentes en según qué puntos de la ciudad. El lugar más obvio donde se esperaría encontrar más radiación sería en los edificios de Chernobyl, la central nuclear, pero el sarcófago de hormigón hace de muro de contención y los dosímetros dan lecturas de 1,7 microsieverts a la hora. Por agravio comparativo, en la mayoría de ciudades de España la radiación natural suele rondar los 0,10 a la hora.

Otro de los lugares más visitados, las antiguas piscinas olímpicas. Podríamos pensar que se cerraron tras el desastre, pero no. Estuvieron abiertas durante años para que el personal que seguía trabajando en la ciudad se desestresara practicando la natación:


Uno de los puntos más contaminados es el parque de atracciones Luna Park, donde está la gran noria, omnipresente en Prypyat y unos viejos coches de choque. Tal vez no por casualidad sobrevivieron al saqueo, ahí mucha radiactividad ahí, se puede leer entre los 0,4 y los 25 mSv/h dependiendo de en qué rincón se sitúe el medidor.

En las zonas donde se ve musgo verde creciendo, las lecturas suben porque esta planta absorbe la radiación especialmente bien.

El lugar más siniestro de la ciudad es el sótano del hospital 126, que ejerce un gran poder de atracción para los exploradores urbanos furtivos. Es uno de los puntos más contaminados, no sólo de Prypyat sino de todo el mundo.

Un paseo por el sótano del hospital. Aquí se debería entrar con un traje NBQ, máscara y el dos y metro metido en una funda de plástico. Quedarse sin luz ahí abajo tiene que ser toda una experiencia:


Aquí se guardaron los equipos y las ropas que usaron los bomberos que acudieron a apagar el incendio tras la explosión y los primeros liquidadores (algunos murieron en el mismo centro). Botas, uniformes, cascos, que no recibieron nunca tratamiento alguno. En este sótano se llegan a registrar hasta 1500 mSv/h.

Los siguientes puntos en el ranking de radiación, son una pala tipo barra de una grúa que quedó abandonada, donde se leen alrededor de 340 mSv/h, el cementerio, que es otro laberinto radiactivo con lecturas que pueden pasar de los 20 mSv/h y el monumento 1970 con unos 12 mSv/h.

El monumento 1970, lugar contaminado:


En Prypyat no es buena idea quedarse mucho tiempo junto a las zonas más contaminadas, tampoco es aconsejable levantar polvo y arriesgarse a inhalar partículas contaminadas, que se depositen en el pelo o que entren por los orificios corporales como pueden ser los oídos.

Los turistas cuando van a hacer fotos de las estancias donde se ven juguetes de niños, cunas, máscaras de gas, los fotógrafos suelen recolocar los objetos para crear una composición más impactante.

Esto me ha recordado que en un zoológico de Argentina, sedan a los animales para que las turistas con cerebro de cacahuete se echen fotos:



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