23 noviembre 2017

Un millón de personas viven en búnkeres nucleares.-

Debajo de las calles de Beijing, hay personas que viven en un universo subterráneo construido durante la guerra fría.

A finales de los años 60 y 70, anticipándose a la devastación que podría haber con la guerra fría: la lluvia nuclear, el presidente Mao dirigido a las ciudades chinas para construir en búnkeres subterráneos con refugios antibombas capaces de resistir el estallido de una bomba nuclear. Sólo en Beijing, se construyeron 20000 búnkeres.

Pero cuando china abrió sus puertas al mundo a principios de los años 80, el departamento de defensa de Beijing aprovechó la oportunidad de alquilar los refugios a particulares, ansiosos por sacar provecho de la conversión de antiguos escondites en diminutas residencias.

Las mujeres participan en una clase de baile china:


Estudiantes socializando en un bar de karaoke dentro del refugio:


Un grupo de agentes inmobiliarios que viven en búnkeres subterráneos, juegan al billar en un establecimiento local:


Estudiantes universitarias de 24 años, viven en un búnker en el distrito de Nong Ying. Planean vivir aquí sólo temporalmente, mientras consiguen mejores objetivos:


Ahora, cuando la noche cae, más de un millón de personas, se desvanece de las bulliciosas calles de Beijing en el universo subterráneo, poco conocido en el mundo de arriba.

El fotógrafo italiano Antonio Faccilongo (cachondeo en la escuela con el nombre), llegó a Beijing para documentarlo. Aunque no resulta difícil encontrar los búnkeres, pues están ubicados prácticamente por toda la ciudad, el acceso resulta difícil.

En todas partes el fotógrafo se encontraba un guardia de seguridad del vecindario, que le citaba una ley que prohíbe a los extranjeros entrar en esos refugios nucleares. Así que presentó una solicitud oficial ante el gobierno local que también fue rechazada. Al final consiguió despistar a los guardias y entró en los búnkeres.

Aun después de entrar en ellos, Faccilongo encontró a muchos residentes cautelosos, en la mayoría de los casos avergonzados de que los fotografiaran.

Dice el fotógrafo que de unas 200 personas que he conocido, sólo 40 le dieron permiso para que las fotografiara; algunos tienen miedo porque le dijeron a sus familias que tienen buenos empleos y piden en buenos apartamentos.

Las condiciones de vida en los búnkeres subterráneos o son muy duras, a pesar de que fueron construidos con plomería, electricidad y un sistema de alcantarillado, con la finalidad de albergar a personas durante meses en tiempos de lluvia radiactiva hubiera, la falta de ventilación adecuada hace que el aire se quede estancado y mohoso. Los residentes comparten baño y cocina que en la mayoría de los casos son estrechos e insalubres.

China de 23 años, sentada en su cama. Muchos jóvenes dejan sus vidas en el campo y se mudan Apple Jim para buscar una vida mejor:


Chino mirando la televisión en su teléfono inteligente, mientras está acostado. Incluso las personas que no pueden permitirse el lujo de alquilar una casa, compran símbolos de estatus, como smartphones, tablets o ropa de marca, porque en apariencia el éxito es importante en la cultura china, cuenta el fotógrafo. Ocurre como aquí que ves a un nini con un iPhone de 900€ o el mileurista que se compra un SUV de 60.000€, es un quiero y no puedo:


La entrada de un refugio antibombas convertido en Beijing:


Los refugios atómicos encuentran debajo de estos edificios:


Las leyes locales requieren un espacio vital de un mínimo de 4 m² por inquilino, que en la mayoría de casos se ignora. Una de las fotografías que hace Faccilongo, muestra a un niño de cuatro años que vive con su abuela, su padre y su hermano menor en una habitación tan pequeña que sólo cabe una cama. Su casa está al lado de un espacio utilizado como estacionamiento para motos.

Hace unos años, teniendo problemas de abandono de propietarios y peligros de seguridad, Beijing prohibió refugios nucleares y otros espacios de almacenamiento para vivir en ellos, pero los esfuerzos de limpieza han sido difíciles e infructuosos a día de hoy; la razón principal es que los inquilinos del búnker no tienen a dónde ir.

En los últimos tiempos, Beijing ha sido testigo de un aumento importante en los precios de la vivienda. Un metro cuadrado de bienes raíces residenciales cuesta 6.000 dólares, lo que la convierte en la tercera ciudad más cara del mundo para vivir.

A pesar de lo cual, millones de personas han migrado de las áreas rurales a la capital en busca de mejores oportunidades. Pero un sistema de registro de hogares obsoletos, vincula los beneficios sociales de un individuo a sus lugares de origen.

Y con acceso ilimitado a viviendas asequibles y públicas, los buques nucleares son la única opción factible para los trabajadores migrantes. El fotógrafo comentó que un departamento pequeño en el búnker puede costar unos 40 dólares al mes y habitaciones más grandes, estilo dormitorio, capaces de albergar hasta diez personas, se pueden pagar por sólo 20 dólares al mes.

Un estudiante práctica la caligrafía en una escuela de caligrafía:


Yi, de 39 años y Ming de 41, beben cerveza mientras penal en la unión cultural y artística:


Agentes inmobiliarios que viven en un refugio o atómico en Weigongcun:


Muchos de los residentes son jóvenes que aspiran a una vivienda mejor y creen que la vivienda subterránea es sólo una etapa de transición en su vida, hasta que obtengan los medios financieros para una habitación con ventanas y luz del sol.

Otro fenómeno que ha surgido, han sido las organizaciones que convierte en refugios vacíos en centros comunitarios. Faccilongo ha encontrado espacios transformados en una sala de billar, en un comedor, en un karaoke o en una escuela de caligrafía.

Estos centros brindan a los residentes que viven en Pekín, la oportunidad de mezclarse con clases sociales que de otra manera sería imposible. O como dice Faccilongo, los búnkeres se han convertido en una fuerza unificadora en la sociedad, donde tanto a los ricos como los pobres encuentran hogares.

Una mujer se pinta el pelo; se estima que hay alrededor de mil actividades dentro de los búnkeres de Beijing:


Puertas viejas en uno de los refugios atómicos en Beijing, China:


Un hombre saliendo del refugio:


Músico tocando el trombo en un centro de actividades:


Ze Liu, niño de tres años que vive en este refugio con su padre, que ha convertido parte del refugio en una librería en línea llamada Gao Cai Sheng:

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