12 enero 2018

El síndrome del tercer hombre.-

Expedición británica al monte Everest en el 1993, Frank Smyte, un alpinista inglés, lanzaba junto a Eric Shipton, la segunda y última acometida al techo del mundo, esto ocurrió 20 años antes de que Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtiesen en los primeros hombres en llegar a la cima.

El tramo final de la expedición se volvió un desastre desde prácticamente el principio. Había desacueros en el equipo, no se pudo levantar el campamento 5, por lo que tuvieron que lanzar dos acometidas desde el 4.

La primera, fue protagonizada por Lawrence Wager y Percy Wyn-Harris, en principio era para confirmar que uno de los steps en la ruta que estaban empezando a abrir, era escalable. Durante sus pesquisas, se toparon con el piolet de Andrew Irvine, tirado en una losa de piedra. Irvine había desaparecido en 1924 en el Everest, sin que se llegase a confirmar si había tocado la cima o no.


Al regresar con la información, lanzaron a Frank Smythe y a Eric Shipton; al poco tiempo se levantó algo de ventisca. Shipton, aquejado del mal de altura, era incapaz de seguir e informó a Smythe de que regresaba al campamento 4.

Smythe siguió tirando en solitario, sin prestar atención a lo que le decía Shipton. A unos 300 metros debajo de la cima, agotado, sin aliento y sin fuerzas, Frank se dio cuenta de que ya no podía más e iba a iniciar el descenso.

Se paró, se metió la mano en el bolsillo para coger una tableta de chocolate y la partió en dos, giró el brazo y ofreció la mitad a su compañero. Todavía con el brazo extendido, al ver que no cogía el chocolate, se dio la vuelta, sólo para darse cuenta de que estaba solo.

Frank Smythe fotografiado en el Everest:


Había llegado a los 8570 metros en solitario, pero creyendo haber estado en todo momento atado por una cuerda de seguridad a alguien justo detrás suyo, de tal manera, que si en cualquier momento resbalaba, le aguantaría la caída. Además, Smythe declaró que durante la ascensión, había mirado varias veces atrás para comprobar que su compañero seguía bien, creyendo ver su silueta.

Tal vez era el fantasma de Irvine??, esta es la primera experiencia de factor tercer hombre documentada en el Everest. Este factor, consiste en presentir que alguien está contigo durante una situación extrema, normalmente estando solo o incluso en ver a ese "tercer hombre" como si estuviese delante suyo realmente, ya sea de manera alucinatoria o no.

Es una experiencia bastante más común de lo que en un principio pudiera parecer, igual alguno de vosotros lo ha vivido alguna vez, aunque sea como una simple sensación de no estar solos en determinadas situaciones. Después no se suele contar por "el que dirán" o por lo bizarro del tema.

Otro caso del factor tercer hombre: En septiembre de 1975, Dougal Haston y Doug Scott, hicieron una cima tardía en el Everest, (hacer cumbre más tarde de las 14:00, es casi una sentencia de muerte). Durante el descenso, les cayó la noche encima, antes de salir de la "zona muerta", por encima de los 8.000 metros, hay una región donde el oxígeno en el aire no está lo suficientemente concentrado como para sostener ninguna forma de vida.

Al no poder continuar bajando por falta de luz, cavaron un agujero en la nieve y se metieron en él para pasar la noche, sin fuego, sin comida, sin reservas de oxígeno, con la incertidumbre de si amanecerían con vida o no. Se arriesgaban a levantarse con miembros congelados, con cualquier síntoma del mal de altura, con hipoxia o sencillamente morir allí enterrados.

De repente, ambos escaladores creyeron percibir la entrada de otro alpinista en su agujero, al parecer también andaba perdido. Notaron como pegándose a ellos, compartieron el calor corporal y los dos afirmaron que estuvo toda la noche dándoles consejos o ideas para evitar la congelación y como bajar con la primera luz del día.

Cuando por fin amaneció, el tercer hombre ya no estaba, pero en ese momento, a Haston y Scoot toda la experiencia les pareció de lo más coherente, como si sencillamente el individuo hubiera madrugado más que ellos y se hubiera marchado antes.

El relato de un factor tercer hombre que rompió el tabú de cara al gran público y que dio pie a que otros sujetos que también habían experimentado el fenómeno, contaran sus casos abiertamente, apareció en el libro de South, (Sur), de Sir Ernest Shackleton.

Durante la primera fase de la malograda "expedición imperial trans-antártica (1914-1917), en la que se estaba intentando cruzar el polo sur de costa a costa, Shackleton vio su barco, el Endurance, atrapado en el hielo antes de llegar al polo, en el mar de Weddell. Tras varios meses ahí anclados, la presión del hielo dañó seriamente el caso de la nave y tuvo que abandonarla.

El Endurance de Sir Ernest Shackleton atrapado en el hielo en el mar de Weddell:


Entonces, Shackleton, decidió regresar con 5 hombres para pedir ayuda a Georgia del Sur, una isla que está cerca del polo, habitada en su litoral norte por estaciones balleneras. Después de logar desembarcar en medio de un temporal en la costa sur, escogió a dos de sus hombres para cruzar andando 51 kilómetros de montañas heladas, en medio de una tempestad de nieve.

Una caminata infernal de de 37 horas, sólo repetida de nuevo en 1955, fue descrita en el libro "South" donde Shackleton declaró que a pesar de que iba acompañado de dos hombres, tuvo la sensación durante todo el trayecto de ir con un tercer hombre. Tres semanas después, los dos compañeros comentaron con Shackleton que habían tenido la misma sensación de no ir solos y que habían notado que alguien los estaba guiando.

Desde el punto de vista religioso o espiritual, el factor tercer hombre, sería una especie de ángel de la guarda o guía espiritual, ya sea personal o morador del lugar donde el individuo está sufriendo una experiencia extrema, en la que su vida está en riesgo.

En un momento dado, el guía se aparece al sujeto, ya se sintiendo su presencia o en forma de percepción, en la que sientes que hay alguien a tu lado, aunque no puedes verlo o incluso de forma claramente visual, en la que el individuo ve claramente que hay otra persona a su lado, hablando con él.

El guía suele confortar al sujeto, sencillamente haciendo que no se sienta solo o indicándole como salir de su mala situación, salvándole así la vida.

En el caso de un montañista que clava la rodilla en el suelo, sin fuerzas para seguir caminando, el guía espiritual le daría fuerza moral para que se levante y le convencería de que tiene que descender, indicándole incluso el camino correcto a seguir.

El caso de Ron DiFranceso durante los ataques del 11-S: Ron DiFrancesco estaba atrapado en el piso 84 de la torre sur de Wold Trade Center (la segunda torre en ser atacada). Huía por las escaleras abajo, pero se vio con el paso cortado por el fuego y tuvo que agacharse en el suelo para poder respirar a causa del humo.

De repente, escuchó como alguien le llamaba por su nombre y le decía que se levantase, notó como lo agarraban del brazo y lo guiaron corriendo escaleras abajo atravesando tres pisos en llamas.

En el piso 76 dejó de percibir la presencia del guía, como si le dejase marchar porque ya se veía la salida. Justo cuando logró abandonar el edificio, la torre se desplomó, así se convirtió en la última persona que logró escapar de la torre sur.

Los sherpas tienen su propia explicación religiosa. El sherpa Pemba Dorje tiene el récord de la ascensión más rápida al Everest, el 21 de mayo de 2004, (8 horas y 10 minutos). Tres días después atacando de nuevo la cima desde el collado Sur, se topó con un grupo de escaladores muertos congelados en la nieve. Dorje declaró que había varias sombras de personas abalanzándose hacia él, con las manos extendidas, suplicando que les diese algo de comida.

Para los sherpas, la figura del tercer hombre, son espíritus de escaladores muertos, atrapados en la montaña sin saber que están muertos y que no descansarán en paz hasta que reciban un enterramiento apropiado.

En esta misma lína, se recoge una historia en el libro "Savage Summit" (Salvaje cima), de Jennifer Jordan, que narra las expediciones de cinco mujeres al K2. Entre ellas está la de Wanda Rutkiewicz, escaladora polaca, que fue la primera mujer en alcanzar este pico en 1986, no llevaba oxígeno supletorio y sobreviviendo al desastre del descenso, en el que murieron los dos líderes de la expedición, el marido de Lilliane y Maurice Barrard.

La escaladora polaca Wanda Rutkiewicz, primera mujer en hacer cima en el K2, en 1986. Desapareció en 1992 en el Kangchenjunga:


Rutkiewicz murió intentando lograr su noveno 8 mil, en Kangchenjunga, en 1992. Fue vista por última vez vivaqueando a mucha altitud en la cara noroeste de esta montaña. Tocada mentalmente y muy debilitada, un montañero que se cruzó con ella no logró convencerla de que descendiera; al final desapareció y jamás fue encontrado su cuerpo.

Días después, su amiga Wanda, Ewa Matuszewska, recibía una llamada a media noche. Al descogar el teléfono, se encontró hablando con Rutkiewicz, a la que preguntó "a ver dónde estaba", que estaban todos muy preocupados por ella, los escaladores suelen llevar teléfonos vía satélite).

La voz le respondió: "tengo frío, mucho frío, pero no llores, todo irá bien". Matuszewska insistió, pero cuando vas a volver?? a lo que Wanda respondió: "ahora no puedo" y la línea se cortó. Una llamada de un espíritu atrapado en la montaña??

Lejos de descartar el síndrome del tercer hombre como algo paranormal, la ciencia ha estudiado el fenómeno, ofreciendo algunas explicaciones.

John Grigsby Geiger, publicó en el 2009, un libro titulado "The Third Man", El tercer hombre, donde se recogían un montón de casos.

Un estudio dividió los grupos de individuos en los que se daban con más frecuencia los casos del tercer hombre. El grupo más recurrente, es el de los escaladores de montaña. El segundo más común, es el de los náufragos que quedan a la deriva en el mar en pequeñas embarcaciones. El tercero son los exploradores polares.

El caso de la submarinista Sthphanie Schwabe: en agosto de 1997, Stephanie Schwabe, estaba explorando una caverna submarina en las Bahamas. Acostumbrada a bucear con su difuntado marido Rob Palmer, al entrar en la cueva, no prestó atención a la ubicación de la cuerda guía que indicaba el camino a la salida, porque normalmente nadaba detrás de su esposo, que era el que se ocupaba de este pequeño detalle.

Con sólo 20 minutos de oxígeno en las botellas, perdió de vista la cuerda e incapaz de encontrar la salida, entró en pánico. Al principio sintió miedo, luego rabia por haber llegado a aquella situación y después la invadió la desesperación sabiendo que iba a morir.

Cuando ya iba a rendirse, Stephanie tuvo la sensación de que su marido estaba a su lado, comunicándose mentalmente con ella, calmándola y explicando como buscar el cable guía.

Stephanie, experimentó un campo de visión más claro, se tranquilizó y comenzó a buscar la cuerda metódicamente, hasta ver un destello de color blanco y alargado, era el cable que llevaba a la salida. En el momento en el que lo vió, dejó de sentir la presencia de su marido. Logró salir a la superficie, justo con las últimas bocanadas que le quedaban en la botella.

Otras situaciones extremas en las que se han encontrado casos del tercer hombre, es en buceadores que se quedan atrapados bajo el agua y no logran salir. Durante los ataques a las torres gemelas de Nueva York, el llamado 11S, se dieron algunos de estos casos. Estos también han sido confirmados por astronautas.

En todas las situaciones se pueden encontrar factores externos que pueden afectar a la integridad física, por el mal de altura, por hipoxia (falta de oxígeno), soledad o frío extremo.

Uno de los síntomas comunes de la hipoxia en alta montaña, son la euforia y las alucinaciones. La hipoxia en altitud es muy peculiar.

A 8.000 metros, hay la misma cantidad de oxígeno que a 3.000. El problema es que a medida que se va subiendo, ese oxígeno está menos comprimido, el aire se va volviendo más fino.

O sea, el oxígeno está ahí, pero el cuerpo tiene que realizar un sobre-esfuerzo para poder respirarlo. La persona no se ahoga rápidamente, se hipoxia lentamente y el cuerpo va apagando lentamente todo lo que no es vital. Hasta llegar a un límite en el que se pueden producir edemas pulmonares o cerebrales, (acumulación de fluidos que en las fases más graves llevan a la muerte).

A esto hay que mezclarle el mal de altura. Medicamente no se conoce como funciona exactamente, pero se sabe que algunos de sus síntomas son la desorientación, dolores de cabeza y alteración de las percepciones sensoriales.

Estamos ante el caldo de cultivo perfecto para que se produzca una alucinación y que el afectado al que le sale un borrón en la vista, crea ver perfectamente la silueta de un tercer hombre, (no me lo creo, estos no tienen ni idea y sueltan todas esas hipótesis, son seres inter-dimensionales).

Factor tercer hombre, fenómeno espiritual o tiene una explicación científica??


Puede que el cerebro se ponga a realizar cálculos o a recordar datos del inconsciente y así intente salvar su vida creando una alucinación o percepción, ya que dada la mala situación física del afectado, éste sea el único estímulo que le haga reaccionar, (sigue sin convencerme esta explicación).

Bajo este punto de vista, es más probable que el individuo se mueva si cree que tiene delante a la Virgen María indicándole la salida y puede que esto sea un proceso cerebral más, (eso díselo a las pastorcillas que juraron ver a la virgen en Lourdes, o virgen de Fátima o Fátima era la pastorcilla?? Vamos que se les apareció otro extra-terrestre o intra-terrestre o ser alado).

En la montaña, si estás por encima de los 2.400 metros y de repente crees ver o hablar con un individuo que no debería de estar ahí, lo más recomendable es empezar a descender inmediatamente, sin prisas, porque probablemente vayas tocado, pero sin dilación. A largo plazo, la única solución viable para la hipoxia y el mal de altura, es descender. (Pero esto de ver y hablar con alguien que no debería de estar aquí me pasa con frecuencia... debería de bajar a la casa de mi vecina la del 1º??).

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