25 marzo 2018

Formas de morir en el espacio.-

Todos deseamos viajar al espacio, pero éste es una tierra fría, baldía e inhóspita, que te matará a la primera oportunidad que se le presente.

La exposición al vacío es el peligro más obvio, hay que evitarlo a cualquier coste. Exponerse a la bajas presiones del espacio, provoca la vaporización inmediata de los fluidos de la piel y de las capas superiores del tejido blando. Esto causará burbujas en la sangre, así como una gran hinchazón, aunque la contra-presión ejercida por tu sistema circulatorio y tu piel mantendrán la expansión bajo control.


Estarías medianamente consciente los primeros 10 segundos, después, te desmayarías por la falta de oxígeno. La boca y la nariz se enfriarían en un momento hasta congelarse, lo mismo que el líquido de la lengua, poco tiempo después, el revestimiento de los pulmones empezaría a hervir.

La NASA ya tenía previstos estos problemas, los resolvió con trajes espaciales, los cuales son en esencia una nave espacial autónoma con muchas capas compuestas de materiales que protegen a los astronautas del vacío del espacio exterior, de los impactos de micrometeoritos y de las temperaturas extremas.


El inconveniente es que los trajes espaciales incrementan el esfuerzo que se requiere para hacer algo, incluso la tarea más básica que damos por sentada en la Tierra. Las capas, combinadas con la presurización del traje, incrementan el esfuerzo en cada movimiento, sobre todo en los dedos, que son un desafío aparte.

La próxima generación de trajes espaciales, promete hacerlos más ligeros y  maniobrables.

Si se quiere andar sobre Marte con un traje espacial, deberán de hacerlos específicos para ese planeta, ya que tiene una atmósfera y su diseño sería diferente a los trajes hechos para navegar en el vacío.

En julio de 2013, el astronauta italiano Luca Parmitano estaba trabajando fuera de la Estación Espacial Internacional, cuando el sistema de enfriamiento de su traje empezó a inundar lentamente su casco. Al principio no era consciente de la gravedad de su situación. Creía que la sensación húmeda en la parte posterior de su casco podía ser agua que salía de la pajita que usaba para beber o acumulación del sudor generado por el esfuerzo que se necesita para manipular un traje espacial tan pesado.

Pero el líquido era demasiado frío como para ser sudor y el astronauta no veía ni una gota de agua saliendo de la pajita. Se le dijo que regresara inmediatamente a la esclusa de aire. Durante su regreso, el líquido seguía aumentando, cubriendo sus auriculares y su casco.

Mientras regresaba, tuvo que esquivar una antena que le bloqueaba su camino hacia la esclusa de aire, así que tuvo que cambiar de dirección; esto provocó que el líquido le cubriese la nariz y que le resultara cada vez más difícil respirar.

Además, debido a la posición que tenía el sol en ese momento, quedó cegado, inseguro y desorientado de cual era el camino de regreso. En su hora más oscura, el astronauta consideró ventilar el agua hacia el espacio, liberando una válvula de seguridad ubicada en su casco.

Esto no fue necesario, al final pudo seguir su camino de regreso siguiendo su cable hasta la escotilla y ahí empezó la represurización.

El astronauta, Luca se llama, resumió lo ocurrido de esta manera: "El espacio exterior es una frontera inhóspita y dura, nosotros somos exploradores, no colonizadores. Las habilidades de nuestros ingenieros y la tecnología que nos rodea, hace que las cosas parezcan sencillas, pero en realidad no lo son y a veces nos olvidamos de esto. Mejor no olvidarlo nunca".

(La foto no iba aquí, pero ya está subida, aunque algo tiene que ver, la cosa va de trajes):


Teniendo en cuenta que la Estación Espacial Internacional ha estado en órbita desde 1998, el laboratorio se mantiene en buen estado. Pero la salud de la estación se encuentra amenazada por la basura espacial.

La Estación Espacial, está protegida por sistemas de defensa contra micro meteoritos y residuos espaciales varios, lo que la convierte en la nave espacial con el escudo más pesado que jamás haya orbitado el planeta. Aunque esta protección es suficiente contra los impactos de pequeñas partículas de polvo, no puede proteger la estación de la colisión contra una gran pieza de basura espacial.

Los compartimentos habitados y sus depósitos de presión, son los que están mejor protegidos, pero podrían resultar dañados por residuos espaciales de más de un centímetro de diámetro.


De acuerdo a los cálculos generados a través de modelos estadísticos, en órbita de la Tierra hay 30.000 piezas de residuos espaciales de más de 10 centímetros de diámetro y casi 800.000 piezas con un diámetro entre 1 y 10 centímetros. Esta chatarra gira en torno a la Tierra a 29.000 Km/hora. A semejante velocidad, hasta las piezas más pequeñas producirían un golpe considerable.

Las piezas de chatarra más grandes, son rastreadas con regularidad por la Space Surveillance Network de los Estados Unidos. Si hubiera una probabilidad de 1 sobre 1000 de que una pieza peligrosa pasara a menos de 1 kilómetro de la Estación Espacial Internacional, ésta, tiene la orden de desplazarse a una órbita más alta, apoyándose en propulsores de una nave Soyuz acoplada. Esto suele ocurrir una vez al año.

Sin una ruptura pusiese en riesgo a la tripulación de la Estación, las personas se desplazarían hasta la nave espacial Soyux y la utilizarían como bote salvavidas para regresar a la Tierra.

Los científicos están aún muy lejos de comprender los efectos a largo plazo de la microgravedad en el cuerpo humano, aunque ya se conocen muchos de sus desagradables efectos secundarios.

El entorno de la micro gravedad está dañando la fisiología humana, pues el cuerpo no experimenta las mismas fuerzas cuando está en el espacio que cuando está sobre el planeta. Flotar o desplazarse en el espacio, no requiere tanta fuerza como en la Tierra, ya que no hay gravedad que se oponga a tus movimientos. Esto conlleva uno de los efectos secundarios más serios de los vuelos espaciales, la pérdida significativa de huesos.

En la serie de ciencia ficción The Expanse, la gente que crece en entornos de baja gravedad, que los llaman Belters, son más delgados y altos que la gente de la Tierra y tienen dificultad para hacer frente a la gravedad terrestre:


Un miembro de la Estación Espacial Internacional, puede perder un 2% de masa ósea cada mes que permanece en el espacio y al regresar a la Tierra, tiene mayor riesgo de sufrir facturas relacionadas con la osteoporosis.

Otro efecto de la micro gravedad, es la pérdida de masa muscular; como con los huesos, la incapacidad de empelar peso para ejercitarse, provoca que el tejido muscular se descomponga.

En órbita, el corazón no necesita trabajar tanto para que la sangre circule, esto hace que se atrofie, (como cualquier músculo que deja de ejercitarse), por lo que adopta una forma esférica a medida que va perdiendo volumen.

Los fluidos corporales también se comportan de diferente manera en la baja gravedad, provocando la deformación de la parte posterior del ojo, que trae consigo la visión borrosa.

Estos son sólo algunos de los ejemplos de cómo vivir fuera de la atmósfera terrestre supone un alto riesgo. A primera vista, el espacio parece seguro, con tanto avance y tecnología, pero la realidad es que la muerte está a la vuelta de la esquina.

Los astronautas lo saben y a pesar de ello se aventuran al espacio, (yo también lo haría, mejor morir haciendo lo que te gusta, que en un asilo viendo como la vida se te escapa lentamente).

El lema de la Estación Espacial Internacional es: "Fuera de la Tierra, por la Tierra".

2 comentarios:

  1. Te sigo desde hace años.
    No se donde sacas esta información pero es fantástica.
    Sigue así, por favor.

    ResponderEliminar
  2. Sí, a mí también me gusta.
    La robo por ahí.
    Seguiré así, mis créditos lo necesitan.
    Gracias.

    ResponderEliminar